Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de febrero de 2021

Consenso...



Dice Antonio Muñoz Molina en su libro “Todo lo que era sólido”: “El eje de la política española no es el debate educado en las formas y riguroso en las ideas sino el mitin político, en el que las formas son ásperas y con frecuencia brutales y las ideas no existen, o quedan reducidas a consignas y exabruptos, y el adversario al guiñapo de una caricatura”,

Tengo un buen amigo, de la época universitaria, es decir, de cuando las amistades eran transparentes, ya que no era necesario aparentar nada; que dice con cierto énfasis: “tú que siempre has sido, suave en el modo y la palabra, te has endurecido en tus escritos de ahora, suenan a desahogo…”


Tiene razón, es verdad; uno no se da cuenta, hasta que alguien se lo señala.  Puede que haya dureza; pero “cebada” por la indignación y aderezada por un elevado nivel  de hartazgo, unido al sabor amargo de la gran desilusión, que produce el devenir de los acontecimientos. Es decir, sí, hay intento de desahogo.


Que en la época que vivimos - con diferencia la más floreciente en descubrimientos, que facilitan la comunicación (ejemplo este medio) -; nuestro mayor empeño comunicativo, se centra en distanciarnos. Malogramos la magnífica oportunidad, que nos brinda la tecnología, para evidenciar todo lo que nos une y minimizar por tanto, el bagaje pírrico que nos separa. Es decir: empatizar.


Criticar sí; pues sin crítica y/o autocrítica no hay progreso; pero con palabras exentas de improperios; con actitud firme, pero no beligerante. Ni la descalificación global, ni el acantonamiento empecinado, han conducido a nada más, que no sea la sensación de un enorme vacío.


¿Será que queremos emular a nuestros políticos? o que ¿nos han calado tan profundamente sus discursos, que ya solo sabemos refugiarnos en nuestro “castillo”, con el pleno convencimiento de que la razón está de nuestro lado y por el contrario, los que piensan diferente, viven en el error permanente?. Es decir, aislarnos, poner distancia y eludir el consenso. 


Y esto en una época, que como decía en 2013 Muñoz Molina: “Ahora el porvenir de dentro de unos días o semanas es una incógnita llena de amenazas y el pasado es un lujo que ya no podemos permitirnos”.


Quizás me haya repetido… 


lunes, 21 de diciembre de 2020

Las verdades...

 


Dice Antonio Muñoz Molina, en su libro “Todo lo que era sólido”: “Necesitamos discutir abiertamente, rigurosamente y sin miedo y sin mirar de soslayo a ver si cae bien a los nuestros lo que tenemos que decir. Necesitamos información veraz sobre las cosas para sostener sobre ellas opiniones racionales y para saber que errores hace falta corregir y en que aciertos podemos apoyarnos para buscar salida en esta emergencia. La clase política ha dedicado más de treinta años a exagerar diferencias y a ahondar heridas, y a inventarlas cuando no existían. Ahora necesitamos llegar a acuerdos que nos ahorren el disgusto de la confrontación inútil y nos permitan unir fuerzas en los empeños necesarios. Nada de lo que es vital ahora mismo lo puede resolver una sola fuerza política”.


La verdad absoluta no existe, salvo en el resultado de las operaciones matemáticas. Cada uno de nosotros construye mentalmente nuestra verdad, en base a la información disponible y nuestra educación. Son verdades que se aproximan mucho, cuando no median otros intereses  espurios en su interpretación. Resolver esos matices y conformar una “verdad común”, que permita planificar acciones consensuadas para la solución de los problemas,  solo es cuestión de voluntad y generosidad. 


Empeñarnos en encontrar los matices que nos separan, resaltándolos como si fueran dificultades insalvables, conduce a un “callejón sin salida”, donde reina la inseguridad, el desasosiego y la confusión. Tal vez, si quienes nos empecinamos en esta actitud negativa, nos percatásemos de sus consecuencias; tendríamos más empeño en conciliar, que en enconar; aunque con ello tuviéramos que reconocer, en parte,  propuestas de nuestros antagónicos. Ceder, no es perder, cuando se “apalanca” un futuro sólido para todos; muy al contrario, es ganar mucho. El éxito no está, nunca,  en imponer “nuestra verdad” y obstaculizar férreamente la del oponente; eso es precisamente el fracaso.


Quienes vivimos preocupados por ese futuro, que se está tornando muy incierto; incrementamos nuestra desazón, cuando observamos unos partidos políticos, preocupados mucho más en resaltar las “carencias”; que en propiciar acuerdos que fortalezcan las acciones y transmitan tranquilidad a los ciudadanos, en unos momentos donde cunde el desánimo y porque no, el “miedo”. Resolver los actuales problemas de salud, sin el empeño conjunto de todos, es una tarea muy difícil, o mejor dicho, imposible. Y esa falta de consenso acrecienta, en una gran mayoría de los ciudadanos, la incertidumbre y la laxitud en el cumplimiento de las normas propuestas.


Como dice Muñoz Molina: “Aceptarnos no es claudicar de nuestros ideales, sino aceptar la realidad, y por tanto renunciar al delirio”. 


miércoles, 16 de diciembre de 2020

El Poder

 



Dice Moisés Naím en su libro “El fin del poder” (2013): “La esencia de la política es el poder; la esencia del poder es la política. Y desde la antigüedad, el camino tradicional hacia el poder ha sido la dedicación a la política. En realidad, el poder es a los políticos lo que la luz del sol a las plantas: tienden naturalmente a buscarlo.

Lo que hacen los políticos con el poder varía; pero la aspiración a poseerlo es el rasgo fundamental que tienen en común. Como dijo Max Weber hace casi un siglo: < el que se dedica a la política lucha por el poder, bien como medio para lograr otros fines, ideales o egoístas, o bien para alcanzar el “poder por el poder”, es decir para disfrutar del sentimiento de prestigio que el poder confiere>.

Pero ese sentimiento de prestigio es una emoción frágil. Y en estos tiempos, es cada vez más efímero.”


Creo que Naím tiene mucha razón, un político busca interiormente el poder, aunque externamente lo presente con aplicación de trabajo y esfuerzo para  mejorar la sociedad en la que vivimos. Si no fuese así, no habría ese enconamiento permanente entre los partidos políticos, cuyo fundamento es descalificar globalmente al oponente de modo, que abra el camino o lo cierre, para alcanzar el poder.


La opinión de los  ciudadanos está siendo cada vez menos relevante. Aunque somos quienes con nuestra decisión en el voto acabamos eligiendo nuestros representantes. Pero tenemos memoria frágil y no hemos encontrado caminos robustos para exigir el cumplimiento de las “promesas” recogidas y divulgadas en las campañas electorales. Nos vemos atrapados en prácticas parlamentarias, cada vez más alejadas de lo “mollar” y más centradas en cuestiones no relevantes para el asunto debatido, que no facilitan despejar la mejor solución común para todos.


De este modo, quien acaba logrando el poder, tiene una firme tendencia de permanecer en él, cuanto más tiempo mejor, tomando las decisiones que más le ayuden a continuar. Pero al mismo tiempo, quienes están en la oposición tienen el firme deseo de desalojarlos y para ello adoptan una posición extremadamente crítica, en la creencia de que deben transmitir a los ciudadanos-votantes la sensación, de que se gobierna muy mal y con ello acrecentar las posiciones de éxito, para las próximas elecciones.


En esta situación cabe recordar lo que dice Naím: “Vivimos una época en la que, por paradójico que parezca, conocemos y comprendemos los problemas mejor que nunca, pero parecemos incapaces de afrontarlos de manera decisiva y eficaz”. Tal vez haga falta que nos escuchemos más unos a otros… 


viernes, 20 de noviembre de 2020

Disenso pertinaz

 



Dice Alexis de Tocqueville en su libro “La democracia en América” (1835-1840): “¿Se han parecido, pues, todos los siglos al nuestro? ¿El hombre ha tenido siempre ante los ojos, como en nuestros días, un mundo donde nada concuerda, donde la virtud carece de genio y el genio de honor; donde el amor al orden se confunde con el amor a los tiranos y el culto santo de la libertad con el desprecio hacia las leyes; donde la conciencia no arroja más que un dudosa claridad sobre las acciones humanas; donde nada parece ya prohibido, ni permitido; ni honrado, ni vergonzoso; ni verdadero, ni falso?”

 

Creo que  no ha perdido actualidad y a poco que miremos alrededor reconoceremos vigentes algunas de sus frases. También podríamos, por tanto,  preguntarnos si se parecen todos los siglos al nuestro en los albores del siglo XXI.


Vivimos un ambiente colectivo de gran confusión, los políticos han perdido credibilidad ante los ciudadanos, toda vez que sus discursos se pronuncian mucho más en clave de los  intereses de partido y desgaste del oponente de turno; que de la propia lógica de identificación de los problemas y la aplicación de acciones para resolverlos.

 

Basta con que la iniciativa sea promovida por otro partido político, para pronunciarse en contra y resaltar los innumerables problemas que nos traerá aplicar esa solución. En nuestra sociedad cunde la impresión de que no estamos mejor que en el pasado inmediato y que vamos a peor. Los parámetros de bienestar de los que disfrutábamos, se van desvaneciendo y no hay acciones conjuntas para restablecerlos, ni se esperan acuerdos que las propicien.


Por si esta situación no fuera ya muy preocupante, nos ha invadido una crisis de salud mundial y muchas dificultades para frenarla. Pues bien, ésta debería de tener unos parámetros de solución ajenos a la ideología política, pero no es así; cada día asistimos a la vorágine de la plasmación de las diferencias de interpretación y de instrumentación. Son incapaces de acordar pautas de comportamiento comunes, que den confianza a los ciudadanos de a pie sobre las medidas necesarias. Con este proceder de los partidos políticos solo se consigue: una enorme insatisfacción, desconfianza y una falta de motivación para abordar los sacrificios necesarios a implementar. Mal vamos.


Como dice Valentín Fuster y José Luis Sampedro con Olga Lucas, en su libro “La ciencia y la vida”: “…No podemos hacer nada respecto al instinto de supervivencia, si podemos modelar el aspecto cognitivo de la persona, que le proporciona fuerza, entusiasmo, energía, en fin: la motivación y el impulso vital”. Yo lo llamaría confianza en las personas responsables que deciden y creo que para ello, deberíamos de abandonar la descalificación y dedicarnos  a unir nuestro esfuerzo propiciando  el consenso. ¡Por el bien de todos!


domingo, 8 de noviembre de 2020

Democracia

 

Dice Aurelio Arteta en su libro “Tantos tontos tópicos”: “Nadie nace demócrata, sino que,  más bien se hace demócrata. Y a esto no se llega de modo inconsciente y por simple contagio, o a base de adecuarse a los usos de una sociedad, sino gracias a una preparación consciente y meditada. La democracia no arranca de un instinto arraigado en nuestra dotación genética… La democracia es el régimen político más artificial. Por eso, lo mismo que nadie es demócrata desde siempre, tampoco lo es de una vez por todas y para siempre…El buen ciudadano se halla en estado de maduración democrática permanente”.


La Constitución española de 1978 no nos dio el “título de demócratas”, por mucho que abriese un camino de normalización. Ser demócrata, es decir, anteponer la tolerancia entre otros atributos en nuestro comportamiento cotidiano, no es una tarea fácil, está lleno de obstáculos y hay que ganarla día a día. No es sencillo, practicar la participación cívica con la intención de cooperar a la mejora de la sociedad en que vivimos, evitando la descalificación de los que opinan de modo diferente y admitiendo que el diálogo transparente es el único medio de conseguirlo.


A nivel global, los partidos políticos practican una autocracia, que no propicia un discurso parlamentario constructivo y enriquecedor para todos. Los comportamientos en los debates se tornan impropios y en ningún modo nos transmiten la sensación, de que en nuestros representantes la voluntad para alcanzar acuerdos, que posibiliten la mejora mayoritaria de las condiciones de vida de los ciudadanos es prioritaria; por el contrario son más frecuente las formas desabridas y la descalificación del oponente, que el análisis profundo del tema sometido a debate. No importan los argumentos serenos, priman, por el contrario, las palabras “gruesas” y los improperios, que en nada facilitan la mejor solución de los asuntos. Eso  no es un ejemplo de ejercicio práctico acorde con juego democrático y debería de ser erradicado.


En los Estados occidentales, como indica Arteta, el panorama es poco alentador a este respecto, señala como características no deseables: “creciente influjo político de instancias no políticas, apatía ciudadana, confusión de poderes, negociación en lugar de debate parlamentario, manipulación de la opinión pública, autocracia de los partidos, etc.”.


Convendría reflexionar individualmente y dirigir nuestros esfuerzos a conciliar, en la creencia de que es mucho más lo que nos une, que lo que nos separa y nuestro incierto futuro, se tornaría mucho más sólido, si lo abordamos todos juntos…. ¿no?. 


sábado, 17 de octubre de 2020

sábado, 3 de octubre de 2020

Acordar

 


Dice Eduardo Punset en su libro “Excusas para no pensar”: “Científicamente se ha demostrado que son necesarios cinco cumplidos seguidos para borrar las huellas perversas de un insulto. De esta manera, los que tienen la manía de contradecir siempre al que está delante muchas veces no gozan de tiempo suficiente para paliar el efecto perverso de su ánimo contradictor…El efecto de la palabra desabrida es más perverso que la propia sucesión de hechos. El impacto del lenguaje es sumamente duradero…Siendo eso así, resulta inevitable preguntarse por los efectos sociales de que la mitad de la población esté siempre imputando al resto razones infundadas, taimadas, perversas, interesadas, para explicar su comportamiento. Será muy difícil no sacar la conclusión de que esas palabras calan hondo en la mente colectiva y acaban dividiendo en dos partes irreconciliables a la sociedad”.


Plantea Punset una perspectiva poco halagüeña, ya que describe una situación altamente frecuente, nuestro irrefrenable deseo de contradecir. La falta de neutralidad, que suponemos, en las palabras de nuestro interlocutor y la sensación de que todos sus planteamientos son interesados y por el contrario los nuestros no.

En los asuntos relevantes y la salud es uno de ellos; pueden haber, sin lugar a dudas, diferencias en los criterios, planteamientos y acciones; pero expuestos adecuadamente, es decir, con respeto; deben de ser escuchados con atención todos los argumentos de los diferentes interlocutores y debatidos con lealtad y deseo de aportar soluciones, no de incrementar los problemas. Ser antagónicos en política, no puede significar en ningún caso, impedimento para llegar a consensos estables y sólidos en temas de salud. Reunirse para aunar criterios es un ejercicio que debería de ser cotidiano. No demorar con excusas o cualquier otro mecanismo dilatorio, la toma de decisiones que nos vinculen a todos; es reforzar la solución y fortalecer la voluntad de los ciudadanos para asumir los sacrificios necesarios que conlleve su implementación.


Asistir cotidianamente al “espectáculo” desabrido de las declaraciones de los diferentes oponentes políticos, acusándose respectivamente, de la incapacidad para conformar acciones idóneas a las circunstancias; no aporta ninguna solución, ante más; aleja cada vez más a unos de otros y lo que es peor, polariza a la sociedad, que vive ajena a esos entresijos y que sigue esperando que se apliquen acciones adecuadas para todos; instrumentadas por quien corresponda, pero con el respaldo firme del resto. La salud ciudadana es cuestión preferente y por consiguiente deben ser proclives todos los  partidos para resolver e instrumentar soluciones, por activa y por pasiva,  evidentemente sin subterfugios.


Dar por terminada una reunión, que debe adoptar acuerdos y proponer soluciones; para que asistamos los ciudadanos con posterioridad a escenificaciones poco conciliadoras; cargadas de palabras excluyentes y argumentos peyorativos, como explicación de lo sucedido en el seno de dicho foro; es hacer la crónica de un fracaso conjunto y evidenciar la falta de voluntad de todas las partes implicadas para abandonar de una vez, los “dimes y diretes” e ir al “grano”, sin más dilaciones. Nos jugamos, mucho, pero mucho, todos.


Como dice Punset: “El lenguaje es muy importante para entendernos, pero también para confundir a los demás”.  Seamos proclives a entendernos, ganaremos.


sábado, 12 de septiembre de 2020

Gestión transparente II

 



Dice también sobre la corrupción Aurelio Arteta en su libro “Tantos, tontos, tópicos”: “Pero hay inmoralidad pública también —y quizá más considerable, por más ramificada— en el prolongado consentimiento de tales conductas ilícitas por parte de quienes las conocían. Hay así, desde luego, un silencio cómplice en los partidos que les  mantenían  en sus puestos. Recuérdese  además  que no hay corruptos sin corruptores, ni unos ni otros sin encubridores  de la corrupción. Y que estos tres géneros de personajes florecen tanto o más en nuestra ensalzada sociedad civil que en la escarnecida clase política que dirige el Estado. Ninguno de los grandes escándalos políticos de este tenor ha sido posible sin la pasividad o cooperación de muchos que permanecen en la sombra… Al contribuir  a   desvelar   estos   escándalos,   los   medios   de comunicación cumplen un alto servicio ciudadano. Ahora bien, tanto el momento particular en que se publican, como los comentarios que los adornan, dejan en el ciudadano el regusto de que ahí anidan unos móviles partidistas inconfesables. En resumidas cuentas, de que tal información se ha guiado menos por el propósito de restablecer la verdad o depurar la vida pública que por el de propinar un navajazo al partido del adversario”.


No es factible, que en una organización, algún miembro de la misma, practique reiteradamente conductas impropias, sin que en su alrededor nadie se percate; más todavía si dichas acciones afectan a la “caja”. Quienes miran hacia otro lado, aun habiéndose dado cuenta de lo que está sucediendo, son “colaboradores” indirectos necesarios para que estas acciones fraudulentas, se perpetúen en el tiempo.


Este comportamiento los hace también responsables de las consecuencias que se produzcan en el futuro, cuando dichos desmanes sean evidenciados y en esto las organizaciones que deseen no ver repetidos los hechos delictivos, deberían de ser inflexibles cortando de raíz las actuaciones “consentidoras”; dado que quien las ha practicado, ha sido absolutamente  desleal con la propia organización por no denunciar el fraude y también debe de ser sancionado, aunque no tenga responsabilidad civil/penal.


La participación de los medios de comunicación suele ser imprescindible para evidenciar estas acciones deshonestas, poniendo en conocimiento de los ciudadanos las “tramas corruptas” que estaban operando con toda impunidad. Y así  ha sido históricamente, bien por la colaboración de algún “arrepentido” o por su propio seguimiento e investigación. Pero es cierto lo que dice Arteta, se percibe cierto trato diferenciado si el partido involucrado en la trama, tiene afinidad con el medio de comunicación o no.


El restablecimiento de la verdad no es siempre lo que prima; en algunas ocasiones la forma de explicarlo si el partido es afín, trata de minimizar el hecho, cuando no, busca la similitud con acciones reprobables anteriores de otras organizaciones políticas, como si tuviéramos que asumirlo como un “mal menor”. El fraude no pierde su naturaleza reprobable, aunque ya otros partidos oponentes lo hubieran practicado. Unos y otros deben de ser condenados por igual, sin ningún paliativo, con obligación de reponer las cantidades “distraídas” y la asunción de responsabilidades del partido político, si hubiere lugar.


Además, como dice Arteta: “Aquel mismo Kant ya nos  advirtió de  que,  si  la honradez  es  exigible a  cualquiera, valorar como admirable el comportamiento meramente honrado de alguien, es señal segura de la deshonestidad general”.



jueves, 10 de septiembre de 2020

Gestión transparente.

 



Dice Aurelio Arteta en su libro “Tantos, tontos, tópicos”: “Lo más grave de la corrupción política, con todo, no es la aireada corrupción de ciertos políticos, sino la más oculta e insidiosa corrupción de la política democrática misma. Aquella otra es particular y ésta general; una es tan solo un efecto, la otra su causa o al menos su ocasión. Lo que importa no es tanto la conducta irregular de algunos, como el hecho de que el sistema que en principio nos representa a todos anime, ampare o deje sin sanción aquellas conductas .La mayor corrupción política sería que la sociedad civil no haga mucho por acabar con los corruptos y las corruptelas. Bastante desorientado, el ciudadano ordinario suele irritarle mucho más conocer que un político se lleve dinero público al bolsillo que enterarse de que ese dinero vaya a parar a las arcas del partido. Deja entonces de percibir que aquel delincuente no le mancha con su delito, mientras que el partido que se apropia de ese dinero para una campaña electoral mancha el sistema político entero y atenta contra el principio de igualdad política y de representación. Por una u otra vía ese ciudadano, sorprendido o asqueado por la porquería que aflora a la superficie, tiende a reafirmarse en su miserable perjuicio de que así es la política y que de los propósitos de los políticos solo cabe la más torcida interpretación”.


Poco cabe añadir a lo que Arteta plantea. Estamos inmersos en una encrucijada lamentable, con una deriva insospechada; toda vez que los ciudadanos que asistimos atónitos a los desmanes que surgen con tan inusitada frecuencia; observamos cómo se prolongan - injustificadamente - en el tiempo y no llega la aplicación de las sanciones que correspondan, dada la propia lentitud de las instrucciones de los sumarios y las dilaciones que provocan los “artilugios” legales para demorar o impedir algunas de las pruebas o comparecencias, dilatando con ello las conclusiones. La intención es, que caiga mayoritariamente en el olvido de los ciudadanos, tal como si no hubiera sucedido.


Cunde por tanto una insatisfacción mayor. La sensación de impunidad para los autores de tales desmanes y por tanto el aliento indirecto a quienes tengan intenciones de repetir estas acciones impropias, dada la poca ejemplaridad y lentitud de las sanciones/penas, que les corresponda. Mientras tanto asistiremos a un “y tú más”  de los partidos políticos, como si el hecho de que otros hayan “caído” en los mismos abusos, fuera una eximente real para los propios. Notamos a faltar un pacto de Estado en donde todos pongan “voluntad” para impedir, con medios efectivos, la repetición de este tipo de acciones deleznables, siendo los partidos, mediante una investigación interna rápida, los primeros en depurar responsabilidades con contundencia.


Como dice Arteta. “Precisamente por ser público, o sea, por gestionar los asuntos de todos, el poder político debe de ser publicado, es decir, quedar a la vista de todos”



miércoles, 2 de septiembre de 2020

Consenso

 



Dice Fernando Savater en su libro “Política para Amador”: “Algo tenemos todos democráticamente en común: la posibilidad de romper con las fatalidades de nuestros orígenes y de optar por nuevas alianzas, nuevos ritos y nuevos mitos… En una democracia moderna debe darse una base única y sobre ella numerosas realidades plurales. La base única la forman las leyes —es decir, el elemento abstracto, convencional, pactado, revolucionario incluso— que han de ser iguales para todos y que deben resguardar los derechos humanos y determinar los correspondientes deberes. Te aclaro que las decisiones democráticas se toman por mayoría pero que la democracia no es sólo la ley de las mayorías…. Además de ser un método para tomar decisiones, la democracia tiene también unos contenidos de principio irrevocables: el respeto a las minorías, a la autonomía personal, a la dignidad y la existencia de cada individuo”.


No digo que deba ser este texto en concreto, pero su “espíritu” harían bien nuestros políticos de tenerlo presente. La cuestión no se acaba cuando se han reunido suficientes votos para aprobar una determinada Ley, eso es una victoria pírrica; la cuestión se acaba, cuando una mayoría más amplía que la que la ha aprobado, la “reconoce”, es decir se identifica con una gran parte de su contenido. No estar de acuerdo, no debería equivaler a una posición radicalmente contraria; sería muy conveniente que en todos los asuntos destacados, existiesen  puntos coincidentes y escenarios de encuentro, para todos, pactados previamente.


Lo principal no es legislar al amparo de la mayoría, lo más relevante es hacerlo procurando un consenso más amplio que el que se deriva de los votos favorables, toda vez que el objeto legislado será aplicado a toda la sociedad en general, sin distinción de ideologías. Pero sin embargo la dinámica actual, no es proclive a este planteamiento, en primer lugar las mayorías no son “fáciles” de conjuntar y en segundo lugar los partidos están más por la labor de resaltar con énfasis las carencias del contrario; utilizando modos ásperos y palabras excluyentes, tanto en la tramitación como en la aprobación; anticipando en muchas ocasiones los “no partidarios”, que cuando detenten el poder, seguramente trataran de derogar lo aprobado. Lo que produce una evidente inestabilidad y confusión en los ciudadanos.


¿Tanto cuesta consensuar?, ¿somos tan diferentes, que carecemos de puntos de encuentro?, ¿todo es blanco o negro?, ¿no hay grises? Creo que es un error de planteamiento evidente, que está incidiendo sobre el prestigio de la clase política, en modo creciente. Nos harían un gran favor los partidos políticos y mejorarían mucho nuestra calidad de vida; si dejasen de ser cajas herméticas donde el slogan que impera es: “cuando no  estás conmigo, estás contra mí”.

 

Parece que avanzamos hacia un futuro incierto y cargado de dificultades, en donde ganaríamos mucho si evitáramos los desencuentros ideológicos y tratásemos de encontrar zonas de confluencia razonable, para afrontar los avatares desfavorables, al menos, con conciencia de “suma” y no de “resta”. Tal vez así, nuestra visión sobre el futuro inmediato, sería menos pesimista y por tanto nuestro presente más llevadero. Para aunar esfuerzos se requiere: humildad, voluntad proclive al acuerdo y mucha generosidad.


miércoles, 17 de junio de 2020

Política de imagen





Dice Aurelio Arteta en su libro “Tantos tontos tópicos”: “Como en una estrategia de ventas, el “qué” se comunica queda relegado por completo al “cómo” se comunica; la propuesta no se justifica por su contenido, sino por su continente o envoltorio. Entonces, ¿a qué se llama cambiar algo? No a transformar la realidad -¡como si hubiera otra posible!-, sino tan sólo a cambiar su imagen. No es cuestión de tocar lo que las cosas son, sino el modo como las percibimos, la idea que nos hacemos de ellas. Son los aparatos de propaganda los que deben hacerlo mejor. A partir de aquí, cualquier técnica de manipulación y coerción de las conciencias (categorías, valores, gustos) está justificada. Al reducirla cada vez más a política de imagen, la política se degrada a cosmética, como ya había anticipado el viejo Platón”.

Cuando no se sabe de  un tema en profundidad y se escucha a los políticos debatir sobre él, es imposible que lleguemos a conocerlo y mucho menos a entenderlo. No se discuten hechos (contenido), los argumentos se centran en cuestiones espurias (continente). De aquí la perplejidad con la que asistimos a los “discursos”; semeja como si cada interlocutor, hablase de asuntos diferentes.

No hay espíritu de cambiar la realidad o perfeccionarla para mejorar; el cometido es “desmantelar” al oponente. El debate se centra en transmitirnos unas argumentaciones basadas en  cuestiones fútiles, que enreden la cuestión e impidan clarificar la realidad debatida.

Si esta posición no resulta suficientemente contundente, entonces las palabras, se tornan insultos. Florecen las descalificaciones y se traen a colación otras cuestiones, tengan o  no relación con el tema, que quieren evidenciar la incapacidad del contendiente para ejercer la crítica.

Creo que, no es este debate el que queremos los ciudadanos; antes bien nuestro interés se centra en discernir las circunstancias que conforman las cuestiones expuestas, pero exentas de la mediatización, que suponen los intereses partidistas, expuestos según un “argumentarlo” repetitivo y poco clarificador.

Vivimos tiempos convulsos, que precisarán el esfuerzo de todos para remontarlos y para eso, independientemente de la ideología; deberíamos poner empeño en consensuar y no confrontar. Pero me temo que no sea así y prefiramos seguir resaltando con énfasis, lo que nos separa, con planteamientos excluyentes, como si no fuéramos capaces de “remar” con decisión hacia determinado objetivo común y nuestro destino fuera, dejarnos  arrastrar por  la corriente, hacia quien sabe a dónde… lástima

lunes, 21 de diciembre de 2015

Equilibrio asimétrico.




Los resultados de las elecciones plantean un equilibrio asimétrico, donde conformar un gobierno no es sencillo. No se trata en esta ocasión de pactar con partidos nacionalistas – tradicional solución – para completar la mayoría necesaria, que permitía la investidura de un candidato, cuando su propia formación no había obtenido suficiente apoyo ciudadano. 

La emergencia de nuevos votantes jóvenes; la percepción ciudadana de que los políticos viven en una burbuja ajena a la sociedad; los innumerables escándalos de corrupción que se han ido poniendo en evidencia; la “tibia” reacción de los aparatos de los partidos para atajar de modo firme tan deplorable situación, salvo el reiterado argumento: “en todas las ollas se cuecen habas”; han devenido en perplejidad e indignación ciudadana, que lógicamente ha influido decisivamente en su voto.

Con estos mimbres el cesto ha cambiado, el mensaje principal, intuyo que es: “discutan menos y consensúen más”. Aunque los españoles, somos muy proclives a posiciones enrocadas, para defender nuestros planteamientos sobre los asuntos sometidos a debate, adoptando una postura poco receptiva a las opiniones discrepantes. Tenemos poco hábito de escuchar y solemos superponer nuestra voz, sobre la del que está en uso de la palabra, para “taponar” su argumentación.

Los acontecimientos no esperados, siempre producen sorpresa y reserva; no exenta de actitud expectante por la evolución futura. Los escenarios no habituales, en principio, producen cierta incertidumbre, por la pérdida del “caparazón” confortable de lo tradicional y repetitivo; pero sin lugar a dudas, abren una puerta a la Esperanza de un futuro mejor y más transparente.


Ojala que los encargados de llevarlo a cabo, sepan trocar la incertidumbre por confianza y tengan suficiente determinación para colmar las expectativas de los ciudadanos y no solo las de sus organizaciones.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Otro Debate...




Un nuevo debate, esta vez al más alto nivel. Con menos audiencia. No lo vi, imaginaba algo de lo que sucedió. La Real Academia da dos acepciones del verbo debatir: a) "discutir de un tema con opiniones diferentes", b) "luchar o combatir". No entiendo muy bien la razón de que en cuestiones políticas, los encuentros entre oponentes, se asemejen mucho más al contenido de la segunda definición.


Si el argumento en las palabras de un político, debe de estar basado en la descalificación del oponente; si no hay ningún momento para asumir errores como propios; si lo que importa es tener habilidad para confundir con los datos, sacando conclusiones espurias; si lo que prevalece es el interés de la formación política, no el de los ciudadanos... mal vamos.

Eso no es lo que entiendo por Política, eso no es lo que me transmitía el pensamiento y la ilusión que sería la Democracia...en definitiva, ahora ya se, que cuando era mas joven, imaginaba utopías... en una época en donde realizar actividades políticas, no estaba exenta de riesgo y era "gratia et honore"... algunos - todos ellos con mucho más compromiso que yo - imaginábamos un futuro más allá, con más luz y transparencia...

Para este viaje, no hacían falta alforjas... como diría mi abuelo materno.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Debate II


Resultado de imagen de imagenes de debate



Ahora ya se, que nos lo intentan poner difícil. Aún habiendo visto el debate a cuatro; pasa como con las novelas antiguas, que al presentarlas decían los locutores: "versión libre para la radio". Sí, no ha habido un único debate, parece ser; que según el medio de comunicación que lo comenta, la "versión" es absolutamente diferente.

No es extraño, que cada cual, en función de sus múltiples factores preferenciales, establezca una valoración, es decir, matice. Pero no es posible matizar, de blanco a negro, salvo en estados de evidente obcecación.

Lamentablemente esta circunstancia no favorece la convivencia democrática. Los hechos son como son y no pueden quedar reducidos, a una interpretación sesgada y parcial. Asumir la realidad con tolerancia, es imprescindible. Al fin y al cabo, el bienestar social en mi opinión, no tiene ideología.

Por eso es muy importante, “que veamos y comentemos” y evitemos formarnos criterio, a través de “santones” que no buscan extender la noticia, sino que antes bien, lo que quieren es crear opinión social sesgada con argumentos espurios, dificultando así, arraigar en los ciudadanos hábitos de conducta democráticos.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Debate





Tengo una gran satisfacción de saber, que podemos reunirnos delante del Tv. con amigos y/o en familia, para hacer algo más que ver partidos de futbol o seguir Eurovision. Este evidente signo de madurez pone de manifiesto, que no pasamos de la política, muy al contrario, nos interesa y mucho.

Tal vez esto sea el comienzo de una nueva época, donde progresemos en información y transparencia y por tanto adquiramos responsabilidad en la emisión de nuestro voto y sepamos que ésta es una condición necesaria en el ejercicio democrático, pero no suficiente, la suficiencia la adquiriremos cuando pongamos empeño y constancia en exigir responsabilidades y/o remover en su caso, a quienes no plasmen con la acción lo prometido de palabra. 

Aunque la vida, es siempre un imprevisto; no nos conformemos con lo que hay y enfoquémonos hacia lo que debería ser... en especial en los asuntos públicos...

domingo, 29 de noviembre de 2015

Democracia.




Dice Fernando Savater en su libro “Ética de Urgencia”: “Lo principal de la democracia es que no es el final de la partida, no es un destino que hay que alcanzar y una vez llegas se terminaron todos los problemas… La democracia es una herramienta para solucionar problemas, tan útil como la llave inglesa en lo suyo, pero si dejas la llave inglesa sobre la mesa sin tocarla no te apretará una sola tuerca, pues como la democracia pasa lo mismo, por si misma no resuelve nada… la democracia no es para sentarse encima y descansar, es un instrumento para luchar por las ideas que nos gustan, y oponerse a las que no nos convienen, y una veces sale bien y otras mal, pero no podemos echarnos a dormir.

Dos mensajes de Savater, la democracia es una herramienta para solucionar problemas y un instrumento para luchar por las ideas propias. Amplio y contundente, en principio no es solo ir a votar, es permanecer expectante y diría más, vigilante de las acciones u omisiones de los elegidos, para tratar de identificar desviaciones relevantes en los objetivos sociales, propiciando con una crítica respetuosa pero contundente manifestar nuestro descontento y apoyar un cambio de “rumbo”.

Los gobernantes están para emprender proyectos que mejoren la vida de la comunidad, sin pensar en el relumbrón que puedan obtener con ellos y la fastuosidad no es precisamente un marchamo de eficiencia. Las actuaciones para mejorar el bienestar de los ciudadanos, no es imprescindible que sean “grandiosas”, antes más, las necesidades de los votantes, son sencillas y en ocasiones muy fáciles de lograr, si se pone empeño en la ejecución y se soslayan intereses espurios.

Los ciudadanos, tenemos la obligación de intentar discernir las alternativas viables para mejorar la sociedad que nos proponen, tarea difícil dado el lenguaje un tanto confuso de las propuestas de los programas y la inefable tendencia a incumplirlos, que tienen los políticos. Quienes vamos a emitir nuestro voto, no terminamos con nuestra responsabilidad cuando lo hacemos, estamos obligados a postular el cumplimiento de los compromisos con "machacona" insistencia.

Las próximas elecciones amplían considerablemente el número de propuestas; junto a las tradicionales emergen caras nuevas y modos de ver los problemas antiguos con unos ojos singularmente nuevos. Es indudable, que la mayoría de los ciudadanos estamos muy disgustados con ese pasado “turbio” que hemos vivido  y que además, se ha convertido en  una sucesión de acontecimientos sorprendentes e interminables.


Que quienes gobiernen en la próxima legislatura, hayan aprendido que los ciudadanos tienen necesidades sencillas y que los caudales públicos deben de estar blindados a la presencia de desaprensivos y arribistas con avidez de utilizarlos en su propio provecho y/o en el de unos cuantos “amigotes”.  Ojala avancemos hacia un futuro de reposo y tranquilidad… sin duda nos lo hemos ganado con  nuestra inefable tolerancia.

domingo, 7 de junio de 2015

Ciencia Política.



Dice Eduardo Punset en su libro (1986) “La España impertinente”: “Los políticos tendrán que reflexionar tarde o temprano ante la creciente paradoja de unos avances científicos  y tecnológicos que alteran drásticamente la manera de nacer, vivir y morir de los españoles, y el atraso de la ciencia política  para organizar armoniosamente la convivencia social. En el mejor de los casos, esa convivencia se regula mediante esquemas liberales diseñados en el siglo XVIII y, en el peor de los casos – que son mayoría -, en virtud de dogmas predemocráticos que suponen un atropello intolerable de la libertad y de la dignidad humana”.

Sorprendente, porque han pasado casi treinta años y seguramente sigue en absoluto vigor el planteamiento de Punset.

Es claro que la Ciencia Política ha avanzado muy poco para pertrechar una convivencia social “actual”. Sus postulados son, cuanto menos, antiguos y basados en estructuras sociales menos desarrolladas, que a su vez planteaban menos necesidades vitales. La gestión pública demanda imaginación para organizar los servicios de modo que satisfagan las necesidades de los ciudadanos y para ello el político debe escuchar y hablar lo mínimo posible.
Es indudable que el planteamiento es diametralmente opuesto, el político siempre está en disposición de hablar; pero en muy pocas ocasiones, sobre temas que interesen mayoritariamente a los ciudadanos. Su objetivo es justificar las acciones tomadas, evidenciar que resuelven problemas, que no habían sido capaces de solucionar los opositores y demandar paciencia para aquellas que están pendientes de instrumentar.

Nunca se hace uso de  la palabra para informar sobre la imposibilidad de lograr determinados objetivos relevantes o incluso explicar errores cometidos en el planteamiento y/o la ejecución. Desconocen que la primera regla para resolver un problema es analizar en profundidad los errores y aprender de ellos y no ocultarlos o “endosarlos” a circunstancias espurias tratando de justificar el retraso en su resolución.

No hay tampoco vocación de consenso en los temas importantes; más bien se toman como perfectas plataformas para criticar decisiones pasadas, que han comprometido de modo relevante la posición actual y dificultan su resolución. La intención  es justificar el retraso en la ejecución, en mayor medida si las mismas fueron tomadas por otros partidos.

Mientras las decisiones se instrumenten en atención a réditos electorales futuros y no para colmar las necesidades ciudadanas, mal nos irá; centrarse en lo esencial, aunque no sea lo más rentable, políticamente hablando, es hacer futuro; buscar lo accesorio y transformarlo en principal mediante el argumento retórico repetido, es una posición cortoplacista que acaba siempre, pasando factura.

Como dice Punset en su libro: “Tanto los economistas, que confían exclusivamente en las fuerzas del mercado, como los filósofos, que sólo confían en el poder de la imaginación, enarbolan la bandera de la “libertad”. Los unos se refieren a Adam Smith; los otros, a Diderot. Ambos han heredado fragmentos del pensamiento del Siglo de las Luces…”  

jueves, 27 de noviembre de 2014

Apariencia


 Dice Aurelio Arteta en su libro: “Tantos tontos tópicos”: “Como en una estrategia de ventas, el “qué” se comunica queda relegado por completo al “cómo” se comunica; la propuesta no se justifica por su contenido, sino por su continente o envoltorio. Entonces ¿a qué se llama cambiar algo? No ha transformar la realidad - ¡cómo si hubiera otra posible! -, sino tan solo a cambiar su imagen. No es cuestión de tocar lo que las cosas son, sino el modo como las percibimos, la idea que nos hacemos de ellas. Son los aparatos de propaganda los que deben hacerlo mejor. A partir de aquí, cualquier técnica de manipulación de coerción de las conciencias (categorías, valores, gustos) está justificada. Al reducirla cada vez más a política de imagen, la política se degrada a cosmética, como ya había anticipado el viejo Platón.”

Es decir, lo que prima es la apariencia. Las cosas pueden ir mal, pero la relevancia esta en que no lo parezca, bien porque una estadística hábilmente compuesta evidencie lo contario de lo que percibimos, bien porque un buen juego de palabras, acabe intentando convencer de que todo va bien. No se enseña en las carreras universitarias, pero hay maestros del disimulo y de la confusión, como pescadores a río revuelto, niegan la mayor y hacen mutis por el foro; sin ningún recato, por cierto.

Aunque el día a día, se empeñe con machaconería en poner de manifiesto “otra realidad”, no debemos de preocuparnos; ya vendrá un político avezado en estas lides y si no puede rebatir las circunstancias, seguro que nos tratará de convencer de que antes estábamos mucho peor, sobre todo si ese antes es de una etapa de otro partido político gobernando.  Lo peor es que no lo hacen por desconocimiento, lo hacen y dicen a pesar de que saben perfectamente que no cuentan toda la verdad, como si ésta fuera perniciosa; viven mejor en las medias tintas, las palabras envolventes y practican con especial maestría el circunloquio.

Lastima que no entiendan, que los ciudadanos no son tan críticos con el hecho de que las cosas no vayan bien, como con la negación de las evidencias. Creo que esto no es la Política, eso es un sucedáneo, que además no enriquece las relaciones de los políticos con los ciudadanos, acrecentando cada vez más la brecha del desprestigio. 

Olvidar que los electores son los que tiene el mando y que por tanto, tienen derecho a las informaciones veraces, sean éstas cuales sean; es creer que los ciudadanos son menores de edad y por tanto, con poco que sepan de los asuntos es suficiente. Nada contraría tanto a la opinión pública, como la constatación de la falta de rigor en la explicación de los acontecimientos. Tal vez, quienes así actúan, piensan que demorar en el tiempo el conocimiento o confundir, es ganar. Triste juego, ya que con este proceder, perdemos todos.


Como dice Arteta, a este respecto: “sea cual sea el tipo de relación en que nos hallemos, toca ante todo aparentar”.    

sábado, 22 de noviembre de 2014

Corruptores ocultos


Dice Aurelio Arteta en su libro “Tantos tontos tópicos”: “Recuérdese además que no hay corruptos sin corruptores, ni unos ni otros sin encubridores de la corrupción. Y que estos tres géneros de personajes florecen tanto o más en nuestra ensalzada sociedad civil que en la escarnecida clase política que dirige el Estado. Ninguno de los grandes escándalos políticos de este tenor ha sido posible sin la pasividad o cooperación de muchos que permanecen en la sombra…Al contribuir a desvelar estos escándalos, los medios de comunicación cumplen un alto servicio ciudadano. Ahora bien, tanto el momento particular en que se publican, como los comentarios que los adornan, dejan en el ciudadano el regusto de que ahí anidan unos móviles partidistas inconfesables. En resumidas cuentas, de que tal información se ha guiado menos por el propósito de restablecer la verdad o depurar la vida pública que por el de propinar un navajazo al partido adversario”.

Hasta ahora en los escándalos de corrupción que nos rodean, el guión casi siempre ha sido el mismo: primero negación de todo por parte de los implicados, luego cierre de filas de los miembros de su partido en defensa de la honradez de los que han sido señalados, con alegatos de todo tipo; simultáneamente insinuación de la puesta en marcha de una especie de conjura para desprestigiar al partido y a sus miembros, unido a una injustificada persecución judicial, etc, etc. Sorprende que en ninguno de los casos la propia organización política afectada, abra una investigación interna férrea para intentar detectar internamente el alcance e implicaciones ocultas.

Éste “dejar en manos de la justicia”, dice bien poco de los gestores, porque efectivamente la justicia, si la dejan: las prescripciones, los recursos, las peticiones de nuevas pruebas, etc; acabará resolviendo (más tarde, que pronto, dados los escasos medios con los que cuenta) y estipulará la pena o absolución que corresponda, ¿pero al partido no le interesa resolver internamente cual es el verdadero alcance? ¿no quiere identificar quienes fueron cooperadores necesarios, aunque no hayan sido acusados, pero que siguen dentro de la organización?.  Francamente ¿les interesa la verdad a fondo o solo la verdad menos lesiva?.

Lo mismo que firmar un contrato, no significa siempre ser el gestor del contenido. En muchas ocasiones los acuerdos se han gestado en instancias superiores y el compareciente lo hace en base a los poderes que ostenta, pero ha recibido instrucciones de firmar. Diría más, puede que no sepa en profundidad el alcance global. Visto desde otro punto de vista, casi siempre, si el que firma es un escalafón intermedio, ni siquiera tiene facultades para convenir tales acuerdos, es decir, no es en ningún caso el que los ha gestionado. Por ello, es curioso ver, como los “personajes” que si tenían facultades para acordar, se ponen de perfil y tratan de que la responsabilidad recaiga de modo espurio, en quien en todo caso lo único que hizo fue, cumplimentar las órdenes recibidas.


La sorpresa de los ciudadanos con la aparición de ese inacabado “rosario” de tropelías, sorprende e indigna; pero la falta de interés de explicar con responsabilidad y veracidad el alcance, produce la sensación de que se nos toma por “menores de edad” o peor aún, que nos quieren tomar el pelo. Como dice Arteta: “…la esperanza para la depuración de lo común no está tanto en la sociedad como en el Estado; no necesariamente en más Estado, sino en un estado más democrático”.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La ausencia de teóricos.


Dice Aurelio Arteta en su libro “Tantos tontos tópicos”: “… la política posee sus propias reglas que nada tienen que ver con lo que consagra su teoría, o más en particular, la moral pública. O sea, que una cosa es el debe ser y otra el ser, y que pasar por alto tal distinción es deslizarse hacia lo utópico. Hoy tildar a alguien de “teórico” no suele ser precisamente signo de alabanza o reconocimiento; más bien equivale a tacharle de iluso y adornado de una lamentable falta del necesario realismo. Resulta entonces que la actividad pública se reduce a una pura correlación de fuerzas, a trasiego de intereses, a un juego de astucia e influencias inconfesables, pero en todo caso algo en lo que nada cuentan de hecho (ni deben contar de derecho) los principios éticos y, en último término, el ideal de justicia. 

La política es el reino de la habilidad con la palabra, las respuestas imprecisas, la negación de las evidencias; todo ello unido a una inefable falta de memoria, que permite decir lo contrario de lo expuesto en el pasado no todavía demasiado lejano. Lo importante no es la verdad sobre un determinado asunto; es mucho más relevante, la “verdad” menos lesiva para los intereses del partido, fruto de esta concepción espuria, cualquier discurso vale para transmitir a la opinión pública una versión de conveniencia, en muchas ocasiones “dictada” por el aparato del partido, con la creencia de que cuando las cosas se repiten de modo reiterado, aunque no se ajuste a la realidad, acaban conformado “la realidad”.

No asumir esta curiosa forma de actuar e incluso ser crítico ella, demandando principios éticos en quienes están en la gestión de lo público y en base a ello solicitar con insistencia, más verdades y menos retórica, no tiene buena “prensa”, pronto abrirá la caja de los despropósitos y quien así se ha pronunciado, será descalificado con toda clase de argumentos, no excluyéndose los personales, aunque no tengan ninguna relación con el tema sometido a debate.

Dice J. J. Rousseau: “quienes quieran tratar por separado la política y la moral nunca entenderán nada en ninguna de las dos”. Anteponer los intereses de la organización por encima de cualquier otra circunstancia y repetirlo de modo continuo, produce una elevada desconfianza y frustración en los ciudadanos, que ya han visto que se les hurtan muchas de las promesas de los candidatos y ahora, además, se les desvirtúa la verdad, como si la realidad pudiera transformase en una novela y con ello los personajes lavaran su reprochable conducta o disminuyeran su incompetencia.

Solo los mediocres y los irresponsables, tratan de confundir con falsedades y/o medias verdades; pretendiendo “encandilar” a los ciudadanos, ocultándoles parte de la verdad con la intención de librarse con ello de las consecuencias de sus actos. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...