lunes, 18 de junio de 2012

Egoísmo, egocentrismo, envidia.



Dicen Valentín Fuster y José Luis Sampedro con Olga Lucas en su libro “La ciencia y la vida”: “Estamos sumergidos en una sociedad que nos educa para la competitividad… Cierto tipo y grado de competitividad es estimulante, pero la competencia por la competencia, por el éxito, la fama, el poder o el dinero que se nos presentan como virtud, es muy dañina…
Al poder le viene muy bien ofrecer falsas compañías a las personas con dificultades para relacionarse. Son terreno abonado para la grandilocuencia. Patriotismo, nacionalismo, éxito deportivo, dinero, son conceptos que no resuelven la soledad, pero engañan haciendo sentirse menos solos a los que están sin conciencia plena…
Hay tres vicios que nacen de la soledad que son el egoísmo, el egocentrismo y la envidia.
 El egoísta es una persona que solamente funciona por y para sí. Si le pides un favor, no existe, porque es sacarle de su campo, de su ensimismamiento. Ahí la relación no tiene sentido.
El egocéntrico sí se relaciona con la sociedad, pero para atraerla para sí, para ser el centro del mundo, la reina de la fiesta. Es decir, el egoísta no mantiene relaciones humanas y el egocéntrico, en cambio, atrae continuamente a la sociedad hacia él, pero en realidad es una falacia. Necesita de la sociedad precisamente por el aislamiento en el que vive.
La envidia nace del aislamiento. El individuo que la padece necesita estar continuamente pendiente de otro para sentirse superior. Es otro tipo de soledad. Y es el pecado capital de este país… En ocasiones, parece que pasar inadvertido se interpreta como un éxito; y tener éxito fácilmente se categoriza como fracaso.”

No hay duda de que aquí el futbol juega un papel fundamental  para el ejercicio del poder, no hay nada como una buena contienda en ciernes, para que otros asuntos queden postergados, por muy relevantes que éstos sean. Si en la contienda se produce el triunfo mejor que mejor; entonces nos invade la sensación gratificante de los ganadores y todos nos adjudicamos una parte de la gloria. No soy seguidor de los partidos de futbol, pero confieso que sor partidario del triunfo del equipo de mi ciudad de nacimiento (Valencia) y por supuesto cuando quien juega es la selección de España, me alegro con sus victorias, sea quien sea el contrincante. Del comentario de los autores pienso, si este deporte no es una de las “falsas compañías”, que comentan.

En la segunda parte sitúan la soledad como generadora de tres vicios principales. Francamente la soledad no buscada, o mejor, el sentimiento de soledad en la sociedad actual, es una de las experiencias más decepcionantes que existen. Sentir sobre nosotros la impotencia de la comunicación fluida, cuando nos es necesaria, produce cuanto menos gran desazón.

Pero los autores hablan de que la misma tiene consecuencias perversas, ya que sume a quien la practica de modo exacerbado en tres posiciones francamente reprobables. Y es que en una sociedad estructurada para la comunicación, el aislamiento acaba pasando factura.

De los tres vicios, me induce más reflexión la envidia, porque vivimos una estructura social que la promueve, o por lo menos la provoca. Son tantos los atributos a nuestra disposición, para poder identificarnos con los ritos y tics impuestos por  las costumbres sociales, que facilitan la posición expectante de quien necesita sentirse siempre superior y eso lo lleva a una carrera sin fin por ser el más de más, en todo. Hay objetos de los que ya no se pueden prescindir, confieren un status sólo con exhibirlos; pero es que momentos después de su posesión, aparecerán versiones más modernas que invalidarán la satisfacción actual de modo contundente. Lo peor es, que si además,  los identificamos en los que nos rodean y seguro que los identificaremos, porque los poseedores los mostrarán con esa inusitada altanería que les infunde la presentación de la innovación, que es mucho más intensa que el disfrute en si mismo; entonces perderá lo que poseemos todo el interés.

El egoísmo desde mi punto de vista es más disculpable, vivimos en una sociedad que transmite el mensaje claro de interiorización profunda de modos y maneras, tendentes a lograr nuestros objetivos y con escaso miramiento a quienes nos rodean, con mucha mayor intensidad si estos aparecen como competidores directos. Primero yo y  luego también, es la máxima generalizada; las relaciones o son familiares o exentas de interés profesional, porque si no es así, estarán regidas por una tendencia innata egoísta; dispuestos para recibir, pero poco proclives a dar.

Los autores, establecen relación directa entre el egocéntrico y la soledad. Los que lo padecen, buscan paliarla, pero mediante la incursión social, que permita situarlos en la cúspide, admirados por los que les rodean y alabados por muchos de ellos, en muchas ocasiones mas por interés, que por verdadera admiración. Rechazan los ambientes en donde no son como el Ave Fénix y viven una tremenda infelicidad, porque nunca alcanzan su lugar, ya que siempre hay “cimas” mayores por escalar.

Ojala que nuestra parcela de soledad no nos haga caer  en estos vicios, no vaya a ser que con el tiempo constatemos – como dicen los autores – “… que aprendamos en la edad tardía algo que, desgraciadamente, nos perdimos en la juventud”.

2 comentarios:

Mercedes dijo...

La envidia es uno de los peores sentimientos que existen, porque hace a quien la sufre muy desgraciado y lo acaba por corroer por dentro.
¡Estamos en uno de los mejores países para hacer un profundo estudio sobre la envidia!
Un saludo y feliz semana.

seriecito dijo...

Coincido absolutamente contigo, la envidia es lo peor. Sobre todo para quien la padece.

En España desde luego está más extendida que en otros países de Europa.

Seguro que hay estudios sobre la envidia, pero tienes razón éste es un marco propicio.

Salu2:

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