
Preguntaba Groucho , mientras caminaba, a uno de sus hermanos (no recuerdo a cual), ¿a dónde va este camino? y le respondía el Otro, no lo se… Y entonces Groucho apostillaba, pues caminemos deprisa y terminemos pronto el recorrido. Una astracanada mas de estos cómicos geniales, que eran premonitorios en muchas cosas.
Parece como si estuvieran entre nosotros y se percatasen, que lo relevante es hacer muchas cosas cada día, deprisa y sumidos en una enorme tensión, sin importar la relevancia o el interés de los asuntos. Nos hemos convertido en ejecutores de una maraña de enredos, en bastantes ocasiones inútiles o de resultado poco efectivo. Sin darnos cuenta vamos perdiendo la sensibilidad por lo importante, para dejarnos subyugar por multitud de cosas claramente prescindibles.
Si nuestra vida actual queremos caracterizarla con algo significativo, algo que identifique con bastante fidelidad el ambiente en que vivimos y para ello queremos utilizar una sola palabra, creo que tendría que ser “DEPRISA”. No nos damos cuenta, pero todo lo necesitamos en este mismo instante y somos incapaces de esperar con paciencia el desarrollo de los acontecimientos, nos parece que si lo hacemos de este modo, lo que nos ocurrirá es que los acontecimientos nos “arrollarán”.
Debemos resolver ya, pero además nos creemos en condiciones de hacerlo, porque nos arrogamos un sentido común fuera de lo común, pasaporte para el acierto y visado contra el error. No tenemos necesidad de meditar sobre los asuntos, ni siquiera podemos perder el tiempo de solicitar otras opiniones, como si de un tren que está saliendo a cada instante de una estación, llenamos nuestras horas de zozobra y ansiedad.
Mi abuelo, que era labrador, cuando desde Valencia nos íbamos a Viver, en un tren que era mas lento que los caballos de los malos (nunca alcanzan a los buenos); nos hacía estar en el asiento del tren a las siete y cuarto de la mañana, cuando el tren salía a las ocho; en una ocasión le pregunté: “¿Abuelo, si el tren debe salir a las ocho, por qué nosotros ya estamos en el asiento del vagón a las siete y cuarto?”, me miró y dijo escuetamente: “nosotros podemos esperar, pero el tren no espera a nadie”.
Vaya, vaya, como han cambiado las cosas, actualmente no podemos esperar, ni a nada, ni a nadie; todo hay que resolverlo ya, a gran velocidad y sin tiempo para pensar lo que se hace.
Hacer muchas cosas y deprisa, no es sinónimo de ser mas eficiente. Para ser verdaderamente eficiente hay que planificar. Planificar presupone analizar lo bueno y lo malo de cada posible acción. El análisis requiere tiempo y sosiego y es incompatible con hacer muchas cosas y deprisa…
Seguir el camino adecuado y terminar los asuntos comenzados, no es cuestión de velocidad, antes más, ésta desbocada, es sinónimo de fracaso.






