lunes, 30 de abril de 2012

Esponjas



Dice Eugen Drewermann en su libro “Lo esencial es invisible. El principito de Saint-Exupéry: una interpretación psicoanalítica: “Si uno, siguiendo las huellas del Principito, literalmente como venido de un planeta lejano con los ojos puros de un “niño”, se acerca a este mundo que nos es familiar hasta la saciedad, éste se revela como una galería de ostentación, la vanidad y la incapacidad absoluta para amar algo que no sea uno mismo, como un calidoscopio de ampulosos egoístas, cada cual habitante de su propio planeta, años luz alejados de los hombres y de toda humanidad, seres que se tienen por importantes, por el solo hecho de que saben transformarlo todo en números, mientras que ellos mismos no son más que “esponjas” que lo absorben todo, sin transformarlo interiormente, con el mero propósito de hacerse “serios” y “gordos” ante los demás”.

Creo que hay una clave, que al menos para mí, es francamente importante y es esa falta de transformación interna de lo que vemos, oímos y hablamos. Nos hemos hecho consumidores de las noticias de la vida y nos hemos convertido en enormes archivos donde caen  los asuntos, más para ser olvidados, que para otra cosa. Son tantas las opiniones “digeridas”, que nos llegan, desde la Tv y  la radio, que casi hemos perdido nuestro sentido crítico y dejamos a un conjunto de “afamados personajes” que nos moldeen la opinión.

Sin darnos cuenta, otorgamos un crédito exagerado a “tertulianos”, que saben de todo y no dejan títere con bonete; eso sí con poca objetividad y “arrimando el ascua a su sardina. La información se ha estructurado de tal modo, que todo debe ser revisado y reinterpretado, hasta el mas mínimo detalle. Perdemos día a día la capacidad de interiorizar los hechos y someterlos al dictamen de nuestro raciocinio, que  no tiene ninguna intención espuria.

Tan es así, que ya no necesitamos leer las noticias, hay quienes nos las cuentan; pero no solo relato de los hechos, nos añaden el plus de su “entendida” opinión, que sería cierta porque aparece estructuralmente bien dispuesta, si no fuera porque saben de todo y mucho. En muchas ocasiones, cuando uno comprueba las afirmaciones colaterales que han manifestado, se percata inmediatamente, que únicamente son aderezos interesados, pero casi exentos de certeza,  o expuestos de modo que avalen su tesis y desvanezca la del opositor de “mesa”.

Tan importante es salir aparentemente victorioso del debate, que cada vez con mayor frecuencia este tipo de reuniones (radiofónicas o televisivas), se nutren de miembros que se dedican únicamente a elevar el timbre de voz, cuando está en uso de la palabra alguien con opinión discrepante, con la intención de que desista o de que no lo acabemos de entender bien. Supongo yo, que debe de ser porque han visto con frecuencia debates parlamentarios, con la diferencia de que en este caso, no se dan abucheos aún.

Enriquecer los hechos relevantes, mediante la concurrencia ordenada de pareceres diversos, es una cosa deseable, pero otorgar roles discrepantes, solo con la disposición de las mesas de debate, es propiciar de modo intencionado ese “mercadillo”, que a nada conduce en realidad y además desvirtúa el planteamiento informativo. Informar sí, pero manipular, siempre no.

sábado, 28 de abril de 2012

Sistema social cuatripartito.



Comienzo esta entrada de un modo no habitual, la realidad es que “buceando” entre mis libros, que es donde extraigo los párrafos de encabezamiento, he tropezado con un ejemplar publicado 1985, del profesor Raveendra N.Batra (Ravi Batra), que se titula: “La gran depresión de 1.990. Qué ocurrirá y como proteger su economía”. Es un libro poco subrayado y parece de esos ejemplares que han sido leídos y archivados. Pero  me percato hoy, que tiene detalles que cobran una “rabiosa”  actualidad, lo he detectado con una relectura, pero en esta ocasión con más profundidad y atención.

Creo que es muy claro y explícito y por tanto casi adoptaré la práctica de reproducir lo que escribe con escasos comentarios por mi parte. No solo porque creo en lo que dice, sino también porque los acontecimientos, que han venido surgiendo en los últimos años, corroboran su  carta de actualidad y en muchos casos se tornan premonitorios.

Y ahora sí, como siempre…

Dice Ravi Batra en su libro “La gran depresión de 1990. Qué ocurrirá y como proteger su economía”: “Los seres humanos tienen objetivos similares, pero su “modus operandi” para alcanzarlos difiere por las grandes diferencias  en sus cualidades y aptitudes innatas. Algunas personas, dotadas por naturaleza de un vigor corporal  superior, destacan en las destrezas físicas que requieren resistencia, valor y fuerza. Estos individuos, por lo general, se inclinan hacia las actitudes que implican peligro físico. Sarkar (1) los llama personas con mentalidad guerrero. A su modo de ver los soldados, los policías, los bomberos, los atletas profesionales, los mecánicos y demás por el estilo pertenecen a la clase de los guerreros, en el sentido de que sus ocupaciones precisan alguna destreza física. Según este criterio, hay que atribuir la mentalidad de guerrero a todo el que procura solventar sus asuntos con aydua de su fuerza y sus músculos.

Hay otro tipo de personas que carecen de las energías físicas del guerrero, pero están dotadas de una relativa superioridad intelectual. En virtud de ello, procuran desarrollar sus aptitudes mentales para triunfar en la sociedad. Para Sarkar, es un intelectual todo el que trata de resolver sus problemas con ayuda de su cerebro y no por la fuerza. Ese término lo utiliza en un sentido mucho mas amplio  del comúnmente aceptado; para él no solo los filósofos, escritores y catedráticos, sino también los abogados, médicos, poetas, ingenieros, científicos, oficinistas y sacerdotes son intelectuales, porque todos ellos se sirven de la mente, más que del músculo, para alcanzar sus objetivos.

Existe también la clase de personas que, según Sarkar, lucha por acumular riquezas para asegurarse lo que, generalmente, se considera como un bienestar. Son individuos de mente brillante, pero solo la ocupan en asuntos de dinero [ver entrada del 24 de abril]. Más listos que los de tipo guerrero, no se muestran tan inteligentes como los intelectuales. Y sin embargo, suelen acumular mayores fortunas que unos y otros. A estas personas les llama logreros (especuladores o usureros), porque virtualmente todas sus aficiones se reducen a amasar riquezas. Par ellos, no cuenta otra cosa en la vida sino el dinero, única llave del éxito y de la prosperidad que reconocen. Mercaderes, banqueros, prestamistas, negociantes y caseros pertenecen a la clase de los logreros. Mientras las demás clases desean la riqueza para disfrutar de los bienes materiales que procura, los logreros generalmente aman el dinero por si mismo.

Por último, hay un cuarto tipo de personas que difieren bastante de los demás. Son los braceros del campo, los peones y los obreros sin cualificar. No tienen el vigor del guerrero, ni la brillantez del intelectual, ni los instintos adquisitivos del logrero. Al individuo de este tipo le falta además la ambición que impulsa a los otros tres. Su formación es bastante escasa, y por lo general no tiene destrezas cotizables. Por causa de estas desventajas, la mano de obra es explotada, como siempre lo ha sido, por el resto de la sociedad. Hace los menesteres bajos que los demás desdeñan y es la más pobre de todas las clases sociales. Los labradores y los obreros fabriles pertenecen a esta categoría  de trabajadores manuales. Naturalmente pueden hallarse excepciones entre estos trabajadores no cualificados. Entre ellos hay personas de inteligencia clara, que si trabajan duro quizá no sea por propia elección, sino debido a necesidades económicas o coerciones sociales.

Esto es lo que llama Sarkar: el sistema social cuatripartito. Pero discrepa totalmente de los que definen las clases  con arreglo a criterios económicos, como el nivel de renta o el patrimonio.  Sarkar no olvida el aspecto económico, pero éste no es para él, sino un factor entre otros. A su modo de ver, las diferencias de clase persisten porque derivan de diferencias inherentes a la naturaleza humana.

La división de la sociedad en cuatro clases no es inflexible, ni mucho menos… Cabe la movilidad social… Sin embargo, conviene no exagerar las posibilidades de la movilidad social. Tal vez un individuo de una clase adquiera las aptitudes correspondientes a otra, pero no resulta fácil.

En todas las sociedades, por lo general los guerreros se encargan de mantener la ley y el orden, los intelectuales cultivan la filosofía y la religión, y los logreros  dirigen la economía, mientras los menesterosos sirven como mano de obra”.

Acaba Batra indicando, que algunas personas muestran dos o más mentalidades… tales individuos los clasifica de raros y constituyen – según él – la excepción  a la regla.

N.B.: (1) Prabhat Ranjan Sarkar (1921-1990)



viernes, 27 de abril de 2012

La rutina


Dice Eugen Drewermann en su libro “Lo esencial es invisible. El principito de Saint-Exipery: una interpretación psicoanalítica”: “La miseria de todas las amistades puramente superficiales, de todas las invitaciones, de todos los matrimonios en los que el amor ya se extinguió, de todos los contactos sociales que sólo se dedican al prestigio y la carrera, en vez de interesarse por la persona del otro, proviene siempre de que la rutina con el tiempo los hace fracasar. Como si el tiempo fuese un mecanismo de relojería, cuyos engranajes con la precisión de sus leyes mecánicas se fuesen desgastando con cualquier entusiasmo, cualquier sorpresa, cualquier fantasía y alegría, se deshacen todas las relaciones humanas que están fuera del ámbito del amor, para convertirse en una pura colección de citas, “soirées”, “happenings”. Sólo el amor tiene la fuerza de no dejar que los encuentros de cada día se conviertan en rutina, sólo él puede guardar de que la habitación familiar mutua no se embote en algo trillado y manido, y sólo el salva de que la regularidad se haga rutina, de que la repetición constante se vacíe interiormente, de que los compromisos firmes se entorpezcan. Sólo el rejuvenece y crea de nuevo; deja el camino abierto a lo que todavía no se ha desarrollado, da forma a lo que espera ser formado, libera de la prisión a lo que yace encarcelado bajo el peso del miedo y de la culpa; da el don de una  curiosidad y alegría infinitas en la persona del otro”.

Casi me resulta cursi. Pero evidencia algo tan cotidiano como la rutina, el signo más característico de los tiempos actuales. Ese pesado lastre,  que llevamos todos con nosotros mismos y que tan taciturnos nos torna. La recalcitrante rutina cotidiana, nos sume en una forma de actuar autómata y llena nuestras horas de un devenir intrascendente y  vacuo, con una parsimonia repetitiva, capaz de aburrir a cualquiera.

Hacer lo mismo infinitas veces, de igual modo y en ocasiones a las mismas horas. Es como si la imaginación se  hubiera tomado un año sabático. Pasan los días tan mansamente formales  que somos incapaces de reaccionar. No ponemos empeño en recuperar algo de frescura y “chispa”, que cambie nuestro monótono devenir. Estos tiempos nos han hurtado nuestra espontaneidad cargada de sencillez y somos incapaces de trazar nuestro destino. Nos dejamos llevar por una corriente de bajo oleaje, que nos va moldeando en fieles seguidores  de “vaya usted a saber de qué”…

La singularidad está en decadencia, la sociedad nos vende siempre los “cromos repetidos”, quiere en su seno a ciudadanos acostumbrados a asumir calladamente un destino anodino, lleno de incertidumbres y cargado de mensajes pesimistas. Como si en esta vida no fuera ya necesaria la alegría y las ganas de vivir (con mayúscula); como si lo accesorio fuera vital y pudiera llenar  nuestra existencia con vaciedades y lo peor en este panorama son esos personajes de opereta y espabilados encantadores de serpientes, que tratan de sorbernos nuestro entendimiento y acostumbrarlo a la “nada”.

El Amor (con mayúscula) propone Drewermann y se queda tan tranquilo, porque él lo dice en el papel. Quienes lo leemos y tenemos que practicarlo con fuerza, porque ya hemos comprendido que es el antídoto, que nos sacará de este inusitado marasmo; miramos a nuestro alrededor y nos estremecemos: gente llegando tarde a todas partes, corredores de fondo de una carrera sin fin, que no tienen tiempo ni de mirarse y queremos que intercambien miradas con los demás y además que esas miradas destilen Amor. ¡Drewermann que cándido eres!.

Tenemos que seguir, ganar y triunfar,  preparándonos para ese mas allá del prestigio (mal entendido), que nunca llega y que tanta ansiedad nos produce. ¿Como nos vamos a parar?  vamos a gran velocidad, si frenamos de golpe, volcaremos; y si lo hacemos paulatinamente nunca nos detendremos. Lo que llamamos vivir hoy en día es esencialmente un absurdo “sin vivir”, lo que llamamos paz es un incipiente sopor aletargador; lo que identificamos como éxito es en el fondo rotundo fracaso para unas pautas de vida gratificantes.

La rutina es una máscara de carnaval, que tiene intención de perpetuarse en esa tierra de nadie, que es la soledad en compañía… 

miércoles, 25 de abril de 2012

El inconsciente



Dice Gustavo Le Bon en su libro “Psicología de las multitudes”: “Fácilmente se comprueba en qué alta medida difiere el individuo integrado a una multitud del individuo aislado. Lo que ya resulta más arduo es descubrir las causas de tal diferencia. Para llegar, por lo menos, a entreverlas es  preciso recordar, ante todo, la observación realizada por la psicología moderna de que no  sólo en la vida orgánica, sino también el funcionamiento de la inteligencia desempeñan los fenómenos inconscientes un papel preponderante. La vida consciente del espíritu se nos muestra muy limitada al lado de la inconsciente. El analítico mas sutil, el más penetrante observador, no llega nunca a descubrir sino una mínima parte de los móviles inconscientes que les guían. Nuestros actos conscientes se derivan de un sustrato inconsciente formado, en su mayor parte, por influencias hereditarias. Este substrato entraña innumerables residuos ancestrales que constituyen el alma de la raza. Detrás de las causas confesadas de nuestros actos existen causas secretas ignoradas por todos. La mayor parte de nuestros actos cotidianos son efecto de móviles ocultos que escapan a nuestro conocimiento”.

Parece pues, que es el inconsciente el que manda y lo hace del modo más opaco, es decir, sin que se perciba con claridad. También parece, que nuestros comportamientos cotidianos llevan una pesada carga ancestral, es decir, no son tan espontáneos.  Finalmente parece que el consciente está mucho mas limitado que el inconsciente.

Con estas tres premisas, posiblemente tengamos más claro, algunos de nuestros comportamientos y posiblemente también seamos capaces de interpretar los de los demás con mucha mayor serenidad. Las reacciones no son sólo fruto de los comportamientos sobrevenidos en el marco de las  circunstancias que acontecen, son también posicionamientos previos condicionantes, inducidos por la educación, la cultura, el país de residencia, etc., y además, según parece, tienen mucho mayor peso en nuestra actuación de lo que creemos.

Parece también,  que no tenemos reacciones similares cuando estamos solos o cuando nos encontramos en grupo. Los grupos condicionan y marcan las respuestas, de modo tal, que uno se siente mucho mas satisfecho consigo mismo, cuando su actuación es mayoritariamente respaldada o mejor dicho, cuando la respuesta se adapta muy fielmente a la idiosincrasia del entorno.

En multitud, el deseo debe de ser satisfecho con carácter inmediato y en a realización no puede plantear aplazamiento alguno. Es evidente que transmite la masa al individuo ese “inútil” planteamiento de ver cumplidas las peticiones de modo instantáneo, sea cual sea el fundamento o la complejidad de las mismas. En estos términos, revestidos de la protección grupal, nuestro subconsciente influye de modo “ancestral” y de modo inapropiado soslaya la posición real (consciente), generando posturas poco acordes con las circunstancias posibles.

Planteadas así las cosas, no es de extrañar, que en muchas ocasiones no nos reconozcamos en nuestra forma de proceder. Cuando las respuestas a los acontecimientos cotidianos son absolutamente desproporcionadas, tanto en acción como en omisión, nos sorprende  en nuestro análisis retrospectivo,  que hayamos sido capaces  de  actuar de ese modo; seguramente por lo poco que tenemos en cuenta a nuestro subconsciente y nuestros condicionantes grupales.

No estaría nada mal, en nuestra vida diaria, tratar de identificar esos mensajes subliminales que recibimos internamente y que nos condicionan en decisiones, acciones u omisiones, y que a tenor de lo que expone Le Bon, tanto peso tienen sobre nuestras conductas. Como él dice: “la noción de lo imposible no existe para el individuo que forma parte de una multitud”.

martes, 24 de abril de 2012

Money, money...




Dice Eugen Drewermann en su libro “Lo esencial es invisible. El Principito de Saint-Exupéry una interpretación psicoanalítica”: “Puede decirse que el valor del dinero consiste en ser un medio universal de cambio, y ya esta propiedad en cierto modo abstracta del dinero fácilmente lleva a la superstición de creer que con él  puede comprarse todo lo imaginable y deseable; con demasiada facilidad desaparece de la conciencia el simple hecho de que lo que  realmente vale la pena apetecer no es precisamente lo que se ofrece a la venta, sino que, para decirlo con palabras del mismo Saint-Exupéry, se trata de  “crear lazos” espirituales entre las cosas: los amigos, por ejemplo, no pueden comprarse en las tiendas. El peligro del dinero está en que, de ser un medio de cambio para todo lo posible, pasa a ser quintaesencia de todos los valores posibles, se convierte en un ser en sí mismo. A partir de ahora, tratar con dinero ya no quiere decir “gozar” de las cosas que – de todas maneras – se pueden comprar con dinero, sino que se trata de conseguir cuanto más dinero mejor, no para comprar cuanto más mejor, sino para poder comprar.
Precisamente, así se define al hombre del dinero, el capitalista, que es el que renuncia a todo disfrute privado de su dinero, para hacer que con mucho dinero se gane todavía más dinero”.

Es decir, según Drewermann el tema no va de comprar objetos, el tema se circunscribe a poder comprarlos. Si consulto el diccionario de la Real Academia de la Lengua, para el verbo poder, define en su primera acepción “Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”. Este es el secreto, el dinero lo que transfiere al que lo posee es la facultad de “poder comprar” y parece que esto es suficiente e incluso más gratificante, que el hecho en sí mismo  de la adquisición.

En un segundo estadio – Drewermann - da una vuelta de tuerca más; identifica la función del que tiene mucho dinero, fijando como su primer objetivo,  ganar todavía mas dinero. Es decir, ya ni siquiera son los bienes materiales, porque en realidad saben que después de poseerlos, la satisfacción decrece a gran velocidad y se tornan en algo parecido a objetos inútiles, amortiguando muchísimo la adrenalina generada en los momentos previos a la posesión. Es el deseo de tener y saber que se pueden conseguir cosas, lo que en esos ámbitos genera la mayor satisfacción.

Con esa experiencia, el dinero siempre mantiene la adrenalina a tope; hay que conseguir más y más; no tiene límite la obsesión posesiva y por tanto la posibilidad de mantener la excitación en el más alto nivel. Cuanto más dinero tiene uno, parece que más necesita acumular, es tan así que no se fija ningún límite para detener la desbocada ambición, siempre hay un más allá. Atesorar  y atesorar es el fin.

Tener dinero da mucha seguridad y respaldo, sobre todo en los tiempos que corren. Tener dinero y pretender acumular más y más, seguro que acaba produciendo ansiedad y desasosiego. Pero debe de compensar de modo muy intenso, en otras facetas,  porque lo más frecuente es que casi nadie establece un límite y alcanzado el mismo, se detiene satisfecho y feliz con lo conseguido, a disfrutar y vivir placenteramente, muy al contrario se deja arrastrar hacia unas metas tendentes a “infinito”.

Ahora comprendo la canción machacona y repetitiva de Liza Minnelli en Cabaret… y eso me ha dado introducción para poder asimilar "lo de los mercados"... pero sigo sin saber ¿quienes son?... aunque creo que deben ser gentes que cuadran con el esquema descrito por Drewermann... ¿no?.  

sábado, 21 de abril de 2012

Autodisciplina



Dice Luis Rojas Marcos en su libro “Convivir, el laberinto de las relaciones de pareja, familiares y laborales”: “Las buenas relaciones requieren esfuerzo, honestidad, entusiasmo y generosidad. Además necesitan ser afinadas periódicamente para poder responder a las exigencias que se presentan, resolver los desacuerdos y facilitar la adaptación a los cambios esperados o insospechados  que nos impone la vida… Ser concientes de que tenemos un problema es el primer paso imprescindible en el camino de la resolución.... Por otra parte, reconocer los juicios y pensamientos automáticos que elaboramos sobre el prójimo nos ayuda a cuestionar los prejuicios que alimentamos. Y ser conscientes de las consecuencias de nuestros actos nos ayuda a aprender de las experiencias pasadas y a cambiar, si lo consideramos necesario.  
 Aprender a convivir exige curiosidad, introspección  y conocimiento de uno mismo, pero también requiere una dosis generosa de optimismo, flexibilidad y autodisciplina. Se dice que todas las historias tienen su moraleja, el caso es dar con ella…”

Las buenas relaciones no nacen, se hacen; o más bien se ganan día a día, pero con tanto esfuerzo nuestro como el que pretendemos exigir a los demás. La posición pasiva, esperando la aproximación ajena, no conduce a ningún destino favorable, por más que nos hayamos cargado de razón con nuestros argumentos sesgados y llenos de prejuicios. Si queremos tener buenos amigos, aprestémonos a “dar” y luego ya veremos si recogemos, no lo intentemos al revés, porque es perder el tiempo.

La experiencia debe de servir para ayudarnos a no cometer los mismos errores en el futuro, en absoluto podremos aprovecharnos de ella, si la acumulación que hemos hecho en la memoria de los sucesos pasados ha estado revestida de parcialidad y sin asumir nuestras propias carencias. Pretender ser poco flexible con los que nos relacionamos, “estirar cuerdas”, no conduce a ningún resultado práctico, lo único que hace es dificultar nuestras relaciones. No hay ningún asunto polémico, que solo pueda ser debatido desde un punto vista y menos que coincida siempre con nuestros planteamientos parciales.

La introspección (ver post de 25/1/2012), es imprescindible para poder clarificar nuestras actuaciones con los demás, si no hacemos el ejercicio de conocernos en profundidad, difícilmente podremos transmitir el mensaje hacia el exterior de lo que somos y solo con ello propiciaremos conflictos. Conocerse a si mismo es establecer un ejercicio crítico de nuestro comportamiento cotidiano, sin tener ningún temor a la imagen que obtengamos, puesto que solo pueden cambiarse los resultados de aquellas acciones, que estén debidamente identificadas.

No es un comportamiento de un día, es una autodisciplina que debemos aplicar continuamente, porque una vez adquirida la costumbre la pondremos en práctica con una gran efectividad y sin esfuerzo. Sea cual sea la discrepancia en la que nos veamos envueltos, lo primero es resolver nuestras contradicciones internas, evitando los perjuicios previos y soslayando cualquier vestigio revanchista, ni siquiera teniendo absoluta razón, que siempre es muy difícil de discernir.

Rojas Marcos recomienda  dar con la moraleja de los asuntos y ya vaticina, que no es fácil. Como apuntan las antiguas Verdades nobles atribuidas a Buda: “La vida es difícil, pero las dificultades se pueden superar si reconocemos sus causas y salvamos los obstáculos que nos impiden vencerlas”.

jueves, 19 de abril de 2012

Winners y Losers


Dice Alfonso López Caballero en su libro “El arte de no complicarse la vida”: “Es evidente que nuestra sociedad está tocada del ala. No hace falta ser un Einstein para darse cuenta de que esta civilización es como una gran ballena herida de muerte. Y dentro del complejo síndrome patológico de nuestro cetáceo, uno de los síntomas que arrastran tras de sí más funestas consecuencias es la “dinámica del éxito”.
La clave de la vida  no radica, por lo visto en ser feliz, sino en triunfar, aunque conseguir el triunfo – un triunfo medio qué – te cueste dos úlceras, un marcapasos, la adicción a la coca y una neurosis de caballo. Lo importante no es correr y disfrutar de la carrera, sino correr a presión para llegar el primero.
Siguiendo la pauta impuesta por el “american way of life”, el mundo se divide en dos categorías: “winners y losers”, ganadores y perdedores. Y según esta filosofía, la máxima desgracia para un hombre de hoy es ser un “loser”.
Si se piensa despacio, por un lado el sistema consumista en el que estamos inmersos no educa para la frustración y por otro lado el mismo sistema provoca una serie interminable de frustraciones.
Frente a esa cultura que promueve el hedonismo, la ostentación y la acumulación como valores dominantes, la educación – tanto familiar como escolar – lo tiene muy difícil para desarrollar valores como la responsabilidad, la reflexión, el esfuerzo del conocimiento científico y el análisis riguroso, el compromiso en la búsqueda de la verdad, la austeridad y la solidaridad”.

Ganadores o perdedores, esa es la cuestión de fondo, pero con un concepto de ganar o perder ajeno a nosotros mismos, como una culminación de los parámetros  de una sociedad, que no sabe muy bien a donde va, pero que corre tanto como si llegara tarde. Abdicar del reconocimiento propio, estar absolutamente pendiente del de otros, es entrar en un laberinto de difícil salida; además lo peor no es eso, lo verdaderamente detestable es que nos “metemos” presión, por las opiniones ajenas.

Diferenciar entre lo necesario y lo superfluo, habiendo hecho un análisis exento de mediatización, no es complicado; pero pretender organizar nuestra escala de valores en función de opiniones ajenas, asumiéndolas  porque presuponemos que son mayoritariamente aceptadas e impuestas por las costumbres de la sociedad que nos rodea; es un absurdo y nos comportará desequilibrios dificilmente soslayables.

Vivir con arreglo a nuestra escala de valores – claramente racionales - , sean o no coincidente con los que preconiza la sociedad, solo nos reportará satisfacción y felicidad; que claramente es de lo que se trata en este mundo. Lo demás son “paparruchas”. Buscar la necesidad imperiosa de sobresalir y hacer de ello el objetivo principal  al que dedicar nuestros esfuerzos, desvirtúa de tal modo nuestro quehacer diario, que acaba sumiéndonos en la melancolía. No es  la falta de lo necesario, lo que nos inquieta; lamentablemente es todo un conglomerado de vaciedades, lo que nos produce profunda inquietud y acrecienta nuestra ansiedad, como si estuviéramos sumidos en el caos; porque esa anhelada preeminencia, nunca es suficiente, siempre hay un mas allá. Es una carrera  sin fin hacia la “nada”.

Alcanzar el éxito… ¿el éxito en qué?, o mejor ¿qué éxito?... el del ansioso trepador que se abre el paso a codazos y zancadillas simultaneando su posición “reverencial” ante sus superiores. No gracias… Alcanzar el éxito interno, del que se esfuerza según su capacidad, sin forzar la marcha; estando satisfecho con el camino recorrido; aprendiendo de los errores asumiéndolos y tendiendo la mano en son de paz a los demás. Si quiero…

Dice Facundo Cabral en una de sus canciones: “… al que quería ser primero para ocultarse vaya usted a saber de que…”

miércoles, 18 de abril de 2012

Autofoco


Dice Bernabé Tierno en su libro “Optimismo Vital. Manual completo de psicología positiva”: “Las personas medicina, equipadas como están de una estupenda higiene mental y una envidiable salud psíquica, optimistas en activo y bien ejercitadas en una actitud conscientemente positiva, no necesitan ser el centro de la atención ni convertirse en el ombligo del mundo. Al sentirse en paz y a gusto consigo mismas, prefieren centrar más su atención en los demás, en la vida y en cuanto les rodea. Saben dar y darse, abrirse a la vida y a las personas, nos enriquece y construye sin límites y nos impide quedar atrapados en el cepo estúpido de la contemplación obsesiva de nosotros mismos y de nuestros problemas, eso que la psicología actual llama autofoco, un trastorno que produce sufrimiento y que aqueja a las personas tóxicas y pesimistas empecinadas en rumiar sus carencias, sus miserias y desgracias (reales o imaginarias)”.

Y la mayoría de nosotros que no podemos vivir sin que aparezcamos como el centro de todas las miradas de los que nos rodean. Tenemos una fuerte necesidad de protagonismo, buscamos sobresalir, decir la última palabra, tener siempre la razón y hablar mucho y escuchar poco. Como si fuéramos robots, repetimos los mismos mimetismos, intentando consolidar nuestro personaje y “vendérselo” a los demás. Somos mucho menos de lo que queremos aparentar y nos comportamos de un modo impropio - intentando siempre -, recibir mucho más que dar.

No es casual, que con este planteamiento, nuestras amistades sean mayoritariamente superficiales. Nos invade reiteradamente una gran ansiedad, producida en muchas ocasiones, por el esfuerzo denodado en mantener una posición ante los demás que no es sincera. Creemos que con nuestra actitud, nos blindamos ante ellos y que nos mantenemos mas a salvo y lo que hacemos - en realidad - es sumergirnos en una creciente soledad, sobre todo cuando estamos en compañía.

Como nos vamos a enriquecer –socialmente – si no estamos dispuestos a asumir ningún esfuerzo de empatía con los demás. Parece como si esa permanente fijación en lo que nos sucede, nos tuviera atrapados en un círculo de muy difícil salida. Ni siquiera nos damos cuenta de que todos tienen problemas y seguramente en magnitudes mucho más acuciantes que los nuestros, dada nuestra actitud, acabamos rodeados de personas pesimistas, expertos en absorber la energía positiva de los que les circundan.

Estar permanentemente preocupados por lo que nos aqueja, pretendiendo ser los más desfavorecidos, no trae consigo más que una extraordinaria melancolía y no mejora en absoluto nuestra imaginaria situación. Vivir sólo mirando hacia adentro, es de un gran egoísmo; pero además pone en evidencia nuestra falta de sensibilidad hacia nuestras amistades, porque ignoramos sus vivencias. Enfocar nuestra vida inventariando continuamente lo que nos falta, es dificultarnos disfrutar abiertamente de lo mucho que tenemos.

Como dice Anatole France: “Si exagerásemos nuestras alegrías como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia”…. ¿por qué no probamos?.

martes, 17 de abril de 2012

Futuro


Dice Luis Rojas Marcos en su libro “Eres tu memoria”: “Cómo imaginamos el futuro depende en gran medida de cómo veamos el pasado. Por eso, las personas que no recuerdan el ayer tampoco sueñan con el mañana. El sentido que albergamos del mañana forma parte de nuestras señas de identidad y también se conserva en nuestra memoria autobiográfica. Sin apenas darnos cuenta, en cada momento evocamos lo que vamos a hacer más tarde, la próxima semana, el mes que viene o dentro de varios años. Planificamos nuestra carrera profesional, nuestro lugar de residencia y cómo viviremos cuando nos jubilemos. De hecho normalmente hablamos más de lo que vamos a hacer en el futuro que de lo que hicimos en el pasado.

Programar y grabar en la memoria nuestras actividades por adelantado nos permite cumplir con los compromisos que contraemos y perseguir los objetivos que nos proponemos a lo largo de la vida. Elaborar o preparar razonablemente proyectos de vida es ingrediente fundamental de nuestra tranquilidad, de nuestro equilibrio mental. Por eso, cuanto más incapaces nos sentimos de anticipar el mañana y más incierto nos parece nuestro porvenir o el de nuestros seres queridos, más espacio dejamos abierto para que la ansiedad nos invada y mine la confianza en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea”.

Planificar en nuestra vida implica estructurar internamente un compromiso e identificar la forma de cumplirlo. Son muchos los que piensan en el ámbito de la empresa, que planificar es querer adivinar el futuro y con esa excusa, se resisten al proceso presupustario y son detractores del mismo - se equivocan -, la idea de la planificación es mucho más amplia que la “adivinación”, es en principio un modo de establecer la posición que se desea alcanzar, con que medios se cuenta para este fin o en otro sentido de que hace falta pertrecharse para conseguirlo. Bajo esta premisa solo el esfuerzo en delimitarla ya es útil.

Igual que en las empresas, en nuestras vidas sin planificación no hay rumbo y aunque sea muy reconfortante deambular al albur, está claro que ésta no es la forma más idónea de aproximar las metas. Cuando las posiciones deseadas no se cumplen, si existe planificación previa, con el simple análisis de de lo sucedido (ver el pasado), se obtienen innumerables “pistas” para poder establecer nuevas acciones que nos hagan converger con el destino deseado.

De nada sirve lamentarnos de nuestro infortunio, cuando no se establecieron planes previos, porque fuimos nosotros mismos, quienes con nuestra dejadez los porpiciamos. La suerte es para el ámbito de los juegos de azar, en la vida cotidiana, la suerte es en un porcentaje muy elevado una acertada planificación. Para llegar a un destino, lo primero es identificarlo con claridad, tener la voluntad de alcanzarlo y ponderar si tenemos o podemos obtener los medios necesarios para cumplir el objetivo.

Esa especie de “tierra de nadie” en la que nos gusta instalarnos, atrapados por nuestra creencia en la recalcitrante mala suerte que tenemos, es en realidad una posición de mínimo esfuerzo, reforzada con una falta de voluntad para “empujar” hacia aquellos planes racionales, es decir exentos de excesiva imaginación y de voluntarismo estéril.

Como muy bien dice Rojas Marcos, en la medida que no ocupamos nuestro tiempo en planificar el mañana, mas nos instalamos en la ansiedad propia del vacío referencial; bajo este punto de vista, buena parte de nuestro pequeño o gran desequilibrio interno, lo provocamos al no emitir al cerebro órdenes claras de nuestras aspiraciones, reafirmando al mismo tiempo nuestra voluntad firme de alcanzarlas.

Quienes no pensamos en planificar el futuro, en base a un análisis exhaustivo de nuestro pasado, vivimos un presente impropio y no debemos lamentarnos cuando las cosas no salen como desearíamos, porque al no ejercitar adecuadamente la interiorización de los objetivos a obtener, le hemos hurtado a nuestra mente una de sus funciones mas esenciales, que es la planificación estratégica.

lunes, 16 de abril de 2012

Corrupción de partido (III / III)


Dice Victoria Camps -para identificar los “vicios” de los políticos -, en su libro “Virtudes Públicas”: “Finalmente, la corrupción imparable, el vicio mas extendido, celebrado y también mas ancestral de la política… El político corrupto sucumbe a la tentación de mezclar lo público y lo privado y se aprovecha privadamente de los beneficios de la vida pública. O no es la persona del político quien se aprovecha sino su partido, víctima de la publicidad y de las reglas del mercado, porque también el partido ha de venderse como si fuera mercancía. Por supuesto, el que la corrupción responda a una tendencia difícil de erradicar en el comportamiento humano, no es excusa para exculparla. Es un vicio que debe ser combatido, pero, para el combate, la democracia está armada… Por lo mismo es el menos peligroso. Si alguna capacidad tiene la democracia es la de sacar a luz sus propias faltas y defectos, más aún cuando los agentes de la democracia no son inmunes a la competitividad y a la lucha por el poder. Les falta tiempo, entonces, para denunciar la paja en el ojo ajeno aun cuando llevan la viga en el propio. El control del otro, sin embargo, no solo denuncia, contribuye a ejercitar el autocontrol”.

He hablado ya de la corrupción en una entrada anterior del 10 de Abril. Pero en esta ocasión el enfoque no es individual. Al hilo de las palabras de Victoria Camps, me fijo en la descripción de los motivos, que mueven a los partidos políticos a dejarse llevar por la suave pendiente de intentar apropiarse de lo que no les corresponde. Parece que el partido político tiene que publicitarse, dar imagen de “grandeza”, infundir a los ciudadanos una sensación de fortaleza, revestida con actos públicos suntuosos y para esto no tiene suficientes recursos con las dotaciones del estado y las aportaciones de sus militantes.

Hay que inventar mecanismos, que permitan parecer lo que no se es y convocar a votantes y simpatizantes a actos “majestuosos”, ungidos de pompa; donde los líderes se sientan arropados por la espectacularidad y el despliegue de medios, para permitir “encantar” a los presentes e imbuirlos de una fortaleza, que en realidad no tienen. Las personas somos muy proclives a dejarnos encandilar por lo espectacular, en ocasiones, casi sobrepasamos la posición de espectador puro y tratamos de convertirnos en protagonistas, con nuestro gesto, voz y aplauso enfervorizado, acompañando los reclamos del orador y enardecidos por el asombro.

Para obtener este resultado mágico, que en el pensamiento de los dirigentes de los partidos, los asimilan a mayores votos; se ponen en movimiento mecanismos de recaudación que permitan vulnerar los principios de la financiación permitida; tratando de conseguir que las enrevesadas tramas urdidas, los tornen opacos a cualquier inspección autorizada. Lo que suele suceder es, que bien el exceso, o la repetición hacen, que algunos de los “cabos” queden sueltos, por exceso de confianza, por errores, o por insatisfacciones personales no debidamente satisfechas, de quienes esperan una parte de “pastel” prometido por la urdimbre, que acaba no llegándoles.

La consecuencia de esto es, que lo que comienza siendo una sospecha, se va tornando en posible certeza, para acabar siendo circunstancia indubitada. Es decir se destapa lo oculto, aparecen los fondos opacos y se descubre que tanto “boato” era también fruto de un uso de fondos obtenidos por procedimientos no legales. Férreamente atacado por los otros partidos y defendido a ultranza por el que se ve inmerso en esta situación, que se torna día a día más incómoda. Es bien sabido, que negar con contundencia en los primeros niveles del aparato del partido, es la posición al uso; porque siempre se puede alegar absoluta ignorancia de los comportamientos aislados impropios, rasgarse las vestiduras y hacer mutis por el foro; si la cosa se complica.

En la medida que las pruebas del desaguisado afloran, hay una especie de grito infantil expresado por: “tonto el último”, y comienzan a desaparecer de la escena los cargos directivos de los niveles mas altos, descendiendo por escalas hasta que se está en un tercero o cuarto, para hacernos creer a los ciudadanos absortos, que en realidad la responsabilidad de los hechos es total y absoluta, de estas personas –correveidiles de cuarta – que con su imaginación perversa han admitido estas situaciones anómalas, pero que en ningún caso el aparato del partido, conocía y compartía estas prácticas.

Triste apostilla para quienes a fuerza de engañar resultan atrapados en su juego. No lo admitirían aunque fuera evidencia irrefutable. Pronto rebuscarán para encontrar circunstancias similar en los partidos opositores y seudo-descansar con el alivio fútil de identificar a los demás como “y tu más”. No se percatan, quienes así actúan, que los ciudadanos “de a pie” alguna vez quedaremos colmados de hastío y “pasaremos” de estas organizaciones que basan en el engaño y la triquiñuela su éxito político.

Engañar trae siempre consecuencias nefastas para los que lo practican… todo es cuestión de tiempo… nadie queda impune o al menos así prefiero creerlo…

viernes, 13 de abril de 2012

Transparencia (II / III)


Dice Victoria Camps -para identificar los “vicios” de los políticos -, en su libro “Virtudes Públicas”: “Un segundo vicio de la política es la falta de transparencia. La democracia por imperfecta que sea significa apertura y publicidad desde arriba hacia abajo, así como posibilidad de censura, control y crítica de abajo arriba. La publicidad es, en una democracia lo único que expone a legitimación las decisiones colectivas. Y no es que no haya publicidad en nuestras democracias, pero es una publicidad a medias, insatisfactoria, insuficiente y por lo general, desviada de lo que merece realmente ser conocido. El ciudadano siempre sospecha que no se le dice toda la verdad, ni se dan aclaraciones suficientes. Sabe que el político pocas veces reconoce sus errores y le cuesta dar la cara en situaciones difíciles… Una virtud de la que el político no suele hacer gala es esa virtud tan griega del coraje, la valentía para afrontar decisiones con costos políticos no despreciables”.

En situaciones difíciles lo mejor es ponerse de perfil (si no se tiene barriga), mirar hacia otro lado, hacer como que tiene uno algo en el ojo, despistar, etc., etc., pero nunca dar la cara con claridad y escuchar a los ciudadanos que han sido afectados por estas circunstancias. Corregir de modo adecuado el rumbo, es casi tan importante como gobernar adecuadamente la nave. Quienes se empecinan en seguir actuando del mismo modo, cuando es completamente evidente, que las decisiones que se toman, son cuanto menos, manifiestamente mejorables, nos hacen un flaco servicio y nos crean muchos conflictos.

Sospechar de modo continuado, que a uno no le dicen la verdad, o al menos toda la verdad, sobre el devenir de los asuntos públicos, es una situación nada deseable, ya que la semilla de la desconfianza cuando anida, es como las malas yerbas, muy difícil de erradicar totalmente, siempre queda un “poso”.

Pero cuando la sospecha, se torna evidencia, cuando las explicaciones sobre asuntos de enjundia, es poco clara, llena de incertidumbre y palabras que tratan de equipararlo a lo que también hacen mal los demás, entonces la sospecha deviene en frustración, cargada de impotencia ante el muro que impide saber, que es lo que verdaderamente ha sucedido y quienes son en definitiva los “artífices” de los desaguisados. En este punto la situación se torna laberíntica, como dice un buen amigo mío: “con mas trampas que la bota de un romano”.

Priman más, los costes políticos de la repercusión que acarreará el conocimiento de los hechos, que la explicación llana y verdadera de los mismos. El relato del asunto se torna lento y lleno de ambigüedades, se supone así, que el tiempo todo lo “cura” o al menos lo diluye, dada la flaca memoria de la mayoría de nosotros, mucho más proclives a seguir hacia delante y olvidar; entre otras cosas porque si lo archivásemos todo, seguramente iríamos muy sobrecargados, dados los tiempos que corren.

Las posiciones éticas individuales, ante tales acontecimientos, quedan completamente acalladas, por eso que deviene en llamarse “disciplina de partido” y que no es mas que un colosal aparato de censura y mediatización. Tratar de crear opiniones uniformes y/o pretender que todos digan lo mismo, sobre determinados asuntos, incluso remitiendo un “recetario” escrito “ad hoc”, tiene una calificación francamente deplorable; pero esta parece que es la pauta, porque el objetivo principal es perpetuarse en el poder, no satisfacer a los ciudadanos, que queda cuanto menos en un rango inferior.

Quien habla siempre con medias palabras es imposible que sea fiable; quien no es fiable acaba defraudando a quienes depositaron la confianza en él; depositar la confianza es en realidad – en las circunstancias actuales - otorgar un cheque en blanco… se sabe a quien se entrega, pero no cuanto nos costará.

jueves, 12 de abril de 2012

Partitocracia (I / III)


Dice Victoria Camps -para identificar los “vicios” de los políticos -, en su libro “Virtudes Públicas”: “En primer lugar, eso que ha venido en llamarse “partitocracia”, el cooperativismo político. Es el modo que tiene el político de expresar su indiferencia con respecto al interés común, al volcarse exclusiva o prioritariamente en los asuntos e intrigas del propio partido. Se dice, con razón, que los partidos están en crisis porque ya no representan a la sociedad sino a sí mismos. Los conflictos internos de los distintos sectores políticos alcanzan una notoriedad inusitada, no se sabe bien si por voluntad de los propios políticos o por torpeza de la prensa en señalar las cuestiones realmente importantes… Ni que decir tiene que la política así entendida, como defensa prioritaria de la integridad y cohesión del partido, no ayuda nada a avivar el afecto y la credibilidad ciudadana, de lo que, por otra parte, está tan necesitada”.

Tener como objetivo prioritario, la perpetuación en el poder y/o la de impedir que el opositor lo ocupe, tiene unos efectos perversos para quienes lo practican – es decir todos -, porque almacenan y difunden argumentos espurios y monocordes, tratando de ocultar las verdaderas razones de los asuntos públicos y lo que es peor, se alejan a gran velocidad del conocimiento intrínseco de las necesidades de los ciudadanos, sumergidos en ese ambiente de “turbiedad mesiánica” a que nos tienen acostumbrados, cada vez en grado más creciente.

La verdad es siempre una, pese a quien le pese. Por más que se trate de ocultar un determinado suceso, para evitar deterioros de partido; el conocimiento público - tarde el tiempo que tarde - si acaba produciéndose, lo único que genera es, incremento de la sensación de desconfianza por quienes les hemos depositado – a través de su mayoría - la facultad de Administrar.

Gobernar desde el interés prioritario del partido y no de los ciudadanos, además de ser una falta de respeto para todos – votantes o no -, es en si mismo un acto de soberbia y exceso de confianza, que no puede producir mas que insatisfacción general. Los aparatos de los partidos, con su empecinada posición en perpetuarse en el ejercicio del “mando”, le hacen un flaco favor a su propio grupo, porque acaban priorizando intereses minoritarios y “callando” con cargos y otras prebendas, a quienes tienen opiniones internas discrepantes, evitando de este modo la renovación y por tanto el fluir de las ideas nuevas y rejuvenecedoras… es decir, el futuro.

Dedicar la mayoría del tiempo a resolver conflictos internos, es un despilfarro muy grande, porque es tiempo que se hurta a la gestión verdadera de la “cosa” pública. Las personas normales, cuando tienen la cabeza en un determinado asunto, habitualmente no pueden ocuparse en otros simultáneamente; pero sin embargo, si se traslada a la esfera política, quienes detentan cargos de relevancia directiva en los partidos, sí están capacitados para gestionar en cargos de importancia nacional y/o autonómica al mismo tiempo. Conclusión, en la mayoría de los casos, la gestión interna, prevalece sobre la externa y por tanto está última acaba resultando, cuanto menos, poco eficaz.

Si se pierde la visión global de los problemas reales, por más empeño que se ponga, será muy difícil encontrar las soluciones adecuadas. Pero si además, hay que acomodar las respuestas a la complacencia del aparato interno… las soluciones acaban demorándose sine die.

miércoles, 11 de abril de 2012

Inepcia



Dice Aurelio Arteta en su libro “Tantos tontos tópicos”: “En tono entre realista y descreído, no faltaran entonces quienes tercien con que “tenemos los políticos que nos merecemos”.Y se presupone: mediocres. Es un modo oblicuo de confesar por fin que somos de una pasta parecida y que no vale la hipocresía de culparles en exclusiva de unos pecados que los demás seguramente también cometeríamos en su lugar. Eso sonaría muy bien, si no fuera porque al mismo tiempo tan humilde reconocimiento viene a sugerir que nadie exija nada de los hombres públicos ni de los ciudadanos de a pie, porque unos y otros somos lo que somos; así que menos quejas y a conformarse con lo que hay. El tópico justifica a la vez la baja calidad del político y la desidia del ciudadano.

Pero el caso es que, cuando elegimos a los políticos y los destacamos así sobre los ciudadanos corrientes, no es para que reproduzcamos en el foro público nuestro conformismo y mediocridad, sino para que representen nuestras más dignas aspiraciones. En un régimen democrático debemos hacernos merecedores de más de lo que tenemos, y eso significa que hemos de escoger políticos que sean mejores que nosotros”.

Me resisto a converger absolutamente con el criterio de Aurelio Arteta, pues aún asumiendo el mismo grado de mediocridad para los políticos y los llamados ciudadanos de a pie, la inepcia del político, tiene unas repercusiones mucho mas amplias y devastadoras, y si no, solo tenemos que observar las propuestas que se están promoviendo últimamente y las que se propondrán, para que los ciudadanos de a pie, renunciemos a beneficios sociales y otros, para equilibrar con ello desmanes y despilfarros.

El principal corolario es, pagar entre todos, lo que se ha forjado por la acción cuanto menos inconsciente de unos pocos, éstos que no asumen ninguna responsabilidad ni reconocen su error de modo explícito dejando sus “poltronas” libres. Porque los ciudadanos de a pie, cuando comentemos errores de planificación o desarrollo, lo pagamos bien pagado y aunque no dimitamos, los resultados los palpamos claramente (nos embargan el piso, pagamos recargos en los tributos, padecemos restricciones molestas, nos multan, etc., etc.).

No es necesario que nadie nos evidencie o critique nuestras acciones equivocadas, la propia vida ya se encarga de testimoniárnoslo día a día. Y es que ésta, es en mi opinión, la diferencia sustancial; emplear mal los caudales públicos disponibles, acumulando resultados de obras públicas innecesarias, que además no se usan ni son reciclables para otras actividades, no tiene ningún efecto práctico de molestia para quienes las promovieron, ellos siempre encontrarán un motivo o varios, suficientemente justificativos para evitar decir - aunque solo sea con la boca pequeña -, fue un error, lo sentimos.

Es verdad, los ciudadanos nos preocupamos poco de quienes son los que elegimos, si nos preguntasen al salir de las urnas, los nombres de cuatro o cinco de las personas que hemos votado, lamentablemente suspenderíamos (yo me incluyo), porque la forma de estructurar los comicios, ya nos resuelve estas dudas, nos dan una papeleta impresa en la que ni siquiera tenemos que escribir, solo doblarla, ensobrarla y depositarla… mínimo esfuerzo… pero también mínima efectividad posterior.

La dejadez nos lleva a resultados indeseados. Los resultados indeseados suelen tener consecuencias imprevisibles. Lo imprevisible es fruto de la falta de planificación efectiva. La falta de planificación suele ser consecuencia directa de la dejadez.

Nuestro “tren” hace tiempo que salió de la estación, ojala sepamos encauzar a los niños, que parafraseando a José Antonio Marina: “se puede alimentar su vuelo o truncarlo”.

martes, 10 de abril de 2012

Corrupción


Dice Fernando Savater en su libro “Política para Amador”: “Lo malo es que tales representantes muestran una evidente tendencia a olvidar que no son mas que unos mandados – nuestros mandados – y suelen convertirse en especialistas en mandar: Los partidos políticos tienen una función en la democracia moderna que no parece hoy fácil de sustituir; pero por medio de las listas electorales cerradas, la disciplina de voto en el parlamento y otros procedimientos autoritarios acaban por volverse casi impermeables a la crítica y control de los ciudadanos. Y por tanto los ciudadanos se desalientan cada vez más de reflexionar sobre los asuntos públicos (“total, ¿para qué molestarse si van a hacer lo que les dé la gana?”) y se desinteresan de la política. A esto se debe también, a mi juicio la corrupción que se da en tantos países democráticos entre los políticos profesionales: fíjate que en la mayoría de los casos son personas que consiguen dinero por medios ilícitos pero no para su lucro personal (¡aunque también los hay!) sino para financiar la buena marcha de los partidos”.

La desazón general no es necesario argumentarla con mucho énfasis, la desilusión es creciente y la popularidad de nuestros políticos está bajo mínimos. No es baladí el hecho, de que actualmente no sea precisamente un signo de prestigio social dedicarse a la “política”, mas bien es una identificación poco apreciada, dadas las circunstancias. Salvando claro está, quienes lo hacen por su vocación pública y no han cambiado en su planteamiento ético en el ejercicio cotidiano de la cosa pública. Pero lamentablemente para ellos y también para todos nosotros, los abusos, las mezquindades, la ambición y otras “lindezas” poco recomendables, acampan por doquier mucho más de lo deseable.

La actuación de los partidos, ante lo que se viene calificando de corrupción, es ante todo sorprendente y desconcertante. Es indudable, que todo el mundo tiene derecho a ser inocente, en tanto en cuanto las evidencias no demuestren judicialmente, que no lo son. Nadie discute este derecho universal. Pero tampoco es de recibo, que publicadas noticias e incluso evidencias desconcertantes, en cuanto al uso de los fondos públicos, sea atacado de forma intensa por el partido contario y negado a ultranza por el propio.

Y no sería tan preocupante la espera para conocer el lento veredicto, que al final delimitará el juzgado; si este largo camino, no estuviera lleno de “artilugios” todos ellos legales, para demorar al máximo y dilatar en el tiempo la resolución. Ninguna acción que no permita la ley y por tanto ninguna crítica. Pero el desconcierto se produce cuando no se aprecia la voluntad firme del partido político involucrado, en tomar conocimiento firme, por sus propios medios estatutarios, para proceder con firmeza y esclarecer las circunstancias de los hechos, sin que medien para ello, prescripciones y/o defectos de forma.

Creo que la insatisfacción – o cuanto menos la mía – nace del hecho de que se aprecia la falta de decisión en esclarecer y por tanto erradicar los comportamientos impropios, por parte de los partidos involucrados. Pesa mucho más el efecto negativo para el partido al asumir, que la depuración y creo que se piensa de modo impropio, que mientras se demora en el tiempo una solución del asunto – con la escusa de la resolución judicial -, la población olvida y por tanto no “pasa factura” en las urnas. Lo cual en el fondo produce un cierto hastío entre los ciudadanos, como consecuencia del sentimiento de impotencia e insatisfacción. Parece que aquí, quien la “hace” no la “paga” casi nunca. Craso error.

Quien no aprende de los errores, está predispuesto al fracaso. El fracaso es la constatación de la incompetencia o la dejadez. La dejadez no facilita aprender de los errores.

Como dice Savater: “los seres humanos no somos bonsáis, mas bonitos cuanto más se nos recorta…”

jueves, 5 de abril de 2012

¿Invertir o derrochar?


Dice Victoria Camps en su libro “Virtudes Públicas”: “Cuando las creencias flaquean, nos quedan las actitudes. La inseguridad de los contenidos desvía la mirada hacia las formas y los procedimientos. Más que los actos en si mismos, nos cautivan las maneras de hacer o de estar. Perdonamos la transgresión de las normas, pero no la incompetencia o la falta de sensibilidad. Pues la ética es, sin duda, derecho y voluntad de justicia, pero también es el arte aprendido día a día. Vivimos en un mundo plural, sin ideologías sólidas y potentes, en sociedades abiertas y secularizadas, instaladas en el liberalismo económico y político. El consumo es nuestra forma de vida. Desconfiamos de los grandes ideales porque estamos asistiendo a la extinción y fracaso de la utopía mas reciente. Nos sentimos como de vuelta de muchas cosas, pero estamos confusos y desorientados, y nos sacude la urgencia y la obligación de emprender algún proyecto común que dé sentido al presente y oriente el futuro. Hemos conquistado el refugio de la privacidad y unos derechos individuales, pero echamos de menos una vida pública más aceptable y más digna de crédito…

Quererse a sí mismo y no privarse de nada es el fin inmediato e indiscutible de la existencia. La verdad o la razón no la tiene nadie, si bien los económicamente poderosos actúan como si la tuvieran y se erigen en modelos del resto del mundo…

Tal vez no sepamos con certeza hacia dónde hay que ir, pero sí sabemos qué es lo que no nos gusta y lo que no debería tolerarse ni permitirse”.

Quienes detentan los poderes públicos, han aprendido muy bien a “guardar las formas”, para intentar atraparnos de modo firme, ya que no pueden transmitir argumentos que nos “enganchen”. Hace ya años, que la dicotomía entre lo que pensamos muchos ciudadanos y lo que hacen los que gobiernan, está a una distancia que podría llamarse “espacial”. A fuerza de estar en sus poltronas y desenvolverse dentro de sus suntuosos despachos, la realidad de lo cotidiano les queda lejos. Ignoran lo sustancial y prefieren quedarse en la superficialidad de quienes están en posesión de la verdad de los asuntos.

No quiero decir con esto que la administración este invadida por una “parálisis” de acción, no; más bien lo que intento significar es que las opciones se canalizan hacia aquellos proyectos, que son mas espectaculares o llaman mas la atención (formas y procedimientos); pero que en algunas ocasiones no coinciden con las necesidades reales. Es imposible conocer las necesidades, si el contacto directo con la “calle” es poco frecuente, una vez instalados en el poder, absorbidos por tantos asuntos de interés seudo-preferente.

Vivimos una extraordinaria confusión, como hemos podido pertrecharnos de tanto monumento a la “vanidad”, cuando nuestra posición económica era tan precaria. Estas acciones “grandilocuentes, no han podido erigirse en proyectos de interés común, que nos hayan cohesionado, porque son solo el resultado de la imperiosa necesidad de sentirse mas “grandes”, con obras públicas de elevado coste y lamentablemente de escasa utilidad. Son como faraones del siglo XXI, empeñados en “dilapidar” recursos, aplicándolos a iniciativas que no satisfacen necesidades, sino que colman el ego de quien las promueve.

Cuanto mas poderosos, mas imbuidos se creen en la posesión de su “razón”, quienes discrepamos somos recalcitrantes insatisfechos, forjados en la visión negativa y atrapados por el derrotismo. Pero desde nuestro punto de vista (sea cual sea), seguimos sin entender de que nos sirven tantas “alharacas” si para compensarlas hay que arrancar unos euros a casi todos, de modo real o cercenar prestaciones establecidas; eso sí, poco a poco, para que nos vayamos acostumbrando y no nos percatemos mucho del atropello.

Quienes malgastan su patrimonio de modo individual corren riesgos que no afectan a los demás, salvo a sus herederos y/o dependientes y a éstos también los protege la justicia. Pero quienes lo hacen con los caudales públicos, impiden a todos mantener la confortabilidad social de los servicios adquiridos, sufragados con los impuestos (aunque no de todos, algunos contribuyeron mucho menos y ahora se les ayudará a ponerse al día, de forma poco onerosa). No son suyos estos caudales públicos, son de todos. Y si lo hacen tomando créditos, las deudas las contraen ellos, pero poco a poco ya las pagaremos entre todos. Con mucha mayor ignominia si en estos actos puede identificarse aplicaciones de fondos espurias, fruto de la desmedida ambición, inconsciencia e irresponsabilidad, de quienes han antepuesto su enriquecimiento o el de sus afines, en detrimento de todos y que ojala pueda reprimirlas adecuadamente la justicia.

Para aplicar y disponer del dinero de todos, hace falta mucha más cordura y prudencia, que para hacerlo del propio.

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