Dice Hilario Camacho en una de sus canciones: “Hace tiempo era un niño, buen cazador de nubes y hasta el cielo subía por las sumas de escaleras, de los hilos, que son, de mis cometas” (no se si es textual, lo escribo recordando).
He sido volador de cometas (empinar cachirulos, como se dice en Valencia), hasta hace no muchos años; durante un tiempo me las hacía yo, me conseguía las cañas una entrañable persona mayor, que ahora debe tener mas de noventa años, que casi diría con certeza, que nunca dejo de ser niño, al menos mentalmente ¡que suerte!, y que valor… En Valencia, se practicaba mayoritariamente en Semana Santa y Pascua.
Como todo en la vida, es un “arte” no exento de dificultad, pero cuando has practicado durante años, solo las “encalmadas de poniente” pueden contigo, y aun así corriendo un poco (o mucho, mucho) también se consigue. No hay nada comparable a la cara de un niño – compensa totalmente el esfuerzo -, cuando el cachirulo, comienza a remontar y luego sube y sube y sube…, su asombro era casi equivalente a mi satisfacción, no hay tarea más noble que despertar la curiosidad de un niño. Lástima que cada vez con mayor frecuencia lo intentemos con algo que está - como yo digo - “enlatado”.
Cuando yo era pequeño, los más mayores me enseñaron, a recortar un papel en forma circular, hacerle un orificio en el centro y luego un corte desde la parte exterior, para poderlo introducir en el hilo. La costumbre era escribir un mensaje en el papel, precisamente para mandárselo a las nubes…, Costumbre que también extendí, pero creo que con poca fortuna porque, quienes lo hicieron en su día, han crecido pero no lo han transmitido, es decir la cadena se romperá. Doy fe, que no ha sido por falta de empeño mío, sino mas bien porque la competencia es muy fuerte; por si no sabéis, ya no hace falta esta “nadería”, ahora están los sms, que despiertan menos la imaginación y corrompen el lenguaje, pero son mucho mas efectivos y menos difusos… ¿un mensaje a las nubes… dice? ¿a qué nubes? ¿pero tienen buzón de correo?. Y otras preguntas llenas de tecnología y progreso, que es lo que “mola”. Para concluir con un “se la va la olla” (muy contundente)
Mantengo en mi trastero, como mínimo dos cachirulos (cometas), una estrella de 6 puntas (artesanal), de un metro veinte centímetros entre puntas opuestas, de papel “cebolla” y cada punta con su opuesta del mismo color. Tirantes de hilo de “palomar” encerado y perfectamente compensados. El otro es menos espectacular pero más tradicional, es un exágono, de cartel de película de cine.
Cuando contemplé la foto que preside este escrito, me invadió una nostalgia tan intensa, que el primer efecto reflejo, fue levantarme y bajar al trastero, pero a medio camino “aborté la maniobra de despegue” y regresé presto a la cómoda y protectora poltrona. La imaginación desbordada por la emoción, me jugaba malas pasadas y me repetía, machaconamente una y otra vez, ¡no vayas!, ¡no vayas!, te preguntarán porque no los sacas de tan recóndito lugar, un sótano-garaje de segundo nivel. Francamente me entró “miedo”, porque no tengo respuesta, que entiendan fácilmente artilugios de ayer.
Tendría que empezar a hablarles de que las cosas cambian y los tiempos evolucionan y tengo el convencimiento que cuando terminase, tras un breve silencio, me volverían a decir, “si, si, todo eso está bien pero ¿por qué no nos llevas al viento?” ¿es que ya no hay Pascua y Semana Santa?. Ya he aprendido hace tiempo que las preguntas sencillas, son muy difíciles de responder y más si uno no puede citar bibliografía “ad hoc”.
Pero he querido tributarles al menos este homenaje, ser protagonistas de una historia nostálgica y puede que hasta cursi, con el permiso de los que lo leeréis. Gracias a la autora de la foto, que preside este escrito, por haberme devuelto imágenes inolvidables, aparcadas muy al fondo.
Ser como somos, creo que no implica olvidar como fuimos, sobre todo si sabe a aíre fresco. La pascua que viene “empinaré la estrella”… si no llueve, claro.
He sido volador de cometas (empinar cachirulos, como se dice en Valencia), hasta hace no muchos años; durante un tiempo me las hacía yo, me conseguía las cañas una entrañable persona mayor, que ahora debe tener mas de noventa años, que casi diría con certeza, que nunca dejo de ser niño, al menos mentalmente ¡que suerte!, y que valor… En Valencia, se practicaba mayoritariamente en Semana Santa y Pascua.
Como todo en la vida, es un “arte” no exento de dificultad, pero cuando has practicado durante años, solo las “encalmadas de poniente” pueden contigo, y aun así corriendo un poco (o mucho, mucho) también se consigue. No hay nada comparable a la cara de un niño – compensa totalmente el esfuerzo -, cuando el cachirulo, comienza a remontar y luego sube y sube y sube…, su asombro era casi equivalente a mi satisfacción, no hay tarea más noble que despertar la curiosidad de un niño. Lástima que cada vez con mayor frecuencia lo intentemos con algo que está - como yo digo - “enlatado”.
Cuando yo era pequeño, los más mayores me enseñaron, a recortar un papel en forma circular, hacerle un orificio en el centro y luego un corte desde la parte exterior, para poderlo introducir en el hilo. La costumbre era escribir un mensaje en el papel, precisamente para mandárselo a las nubes…, Costumbre que también extendí, pero creo que con poca fortuna porque, quienes lo hicieron en su día, han crecido pero no lo han transmitido, es decir la cadena se romperá. Doy fe, que no ha sido por falta de empeño mío, sino mas bien porque la competencia es muy fuerte; por si no sabéis, ya no hace falta esta “nadería”, ahora están los sms, que despiertan menos la imaginación y corrompen el lenguaje, pero son mucho mas efectivos y menos difusos… ¿un mensaje a las nubes… dice? ¿a qué nubes? ¿pero tienen buzón de correo?. Y otras preguntas llenas de tecnología y progreso, que es lo que “mola”. Para concluir con un “se la va la olla” (muy contundente)
Mantengo en mi trastero, como mínimo dos cachirulos (cometas), una estrella de 6 puntas (artesanal), de un metro veinte centímetros entre puntas opuestas, de papel “cebolla” y cada punta con su opuesta del mismo color. Tirantes de hilo de “palomar” encerado y perfectamente compensados. El otro es menos espectacular pero más tradicional, es un exágono, de cartel de película de cine.
Cuando contemplé la foto que preside este escrito, me invadió una nostalgia tan intensa, que el primer efecto reflejo, fue levantarme y bajar al trastero, pero a medio camino “aborté la maniobra de despegue” y regresé presto a la cómoda y protectora poltrona. La imaginación desbordada por la emoción, me jugaba malas pasadas y me repetía, machaconamente una y otra vez, ¡no vayas!, ¡no vayas!, te preguntarán porque no los sacas de tan recóndito lugar, un sótano-garaje de segundo nivel. Francamente me entró “miedo”, porque no tengo respuesta, que entiendan fácilmente artilugios de ayer.
Tendría que empezar a hablarles de que las cosas cambian y los tiempos evolucionan y tengo el convencimiento que cuando terminase, tras un breve silencio, me volverían a decir, “si, si, todo eso está bien pero ¿por qué no nos llevas al viento?” ¿es que ya no hay Pascua y Semana Santa?. Ya he aprendido hace tiempo que las preguntas sencillas, son muy difíciles de responder y más si uno no puede citar bibliografía “ad hoc”.
Pero he querido tributarles al menos este homenaje, ser protagonistas de una historia nostálgica y puede que hasta cursi, con el permiso de los que lo leeréis. Gracias a la autora de la foto, que preside este escrito, por haberme devuelto imágenes inolvidables, aparcadas muy al fondo.
Ser como somos, creo que no implica olvidar como fuimos, sobre todo si sabe a aíre fresco. La pascua que viene “empinaré la estrella”… si no llueve, claro.
Foto cedida por Nuria: http://nuria-vagalume.blogspot.com/