lunes, 25 de junio de 2012

Política en penumbra (II)


 Dicen J.A. Piqueras, F.A. Martínez, A. Laguna y A. Alaminos en u libro “El secuestro de la democracia: Corrupción y dominación política en la España actual”: “El moderno clientelismo descansa en una suerte de personal polémico más o menos profesionalizado, o con voluntad de serlo, personas que, por lo general, encuentran en la política un medio de vida, y a veces aspiran a que les proporcione patrimonio. Son reclutadores de voluntades, de votos. En ello les va la posición local y/o provincial, y la consideración que merezcan sus superiores. Son intercambiables por otros similares, motivo por el que han de ser eficaces. Los estudios sobre la evolución del clientelismo en determinados países del Mediterráneo han destacado la despersonalización  del patrono, que deja de ser poderoso el local para ser el que ejerce el poder municipal, nuevos notables transitorios, que sin embargo conservan la red vertical de liderazgo, pudiendo hablarse de un patronazgo de partido…
El clientelismo según los estudios de Christopher Clapham, exige cuatro supuestos:
a)      los recursos son controlados por un grupo con exclusión de los restantes y los que ejercen el patronazgo están en disposición de ofrecerlos.
b)      El acceso a la gestión de los servicios se realiza en competencia con otros grupos -partidos en este caso-, por lo que el que aspira a usufructuarlos cree necesario recurrir a clientelas que le proporcionen la mayoría o ayuden a completarla.
c)      Los clientes están incapacitados para obtener los servicios mediante una acción colectiva.
d)      predomina una ausencia de ética en la distribución de los recursos públicos, que se basara en criterios universales e impersonales.

No debemos dudar, de que ciertos  entramados no nazcan fruto de la casualidad; son tejidos con una sólida estrategia, porque una vez conformados, son muy difíciles de romper. Se crean lazos recíprocos y por tanto unos se sustentan de los otros. Lo que antes correspondía a los caciques de las poblaciones, cuanto más pequeñas mejor y con pocos recursos o peor aún, con éstos en propiedad de uno o unos pocos miembros de las mismas familias;  ha devenido a ubicarse en la actividad cotidiana de los partidos políticos. Ellos desarrollan ahora estas funciones, porque a través de los municipios, diputaciones, ministerios, administraciones en general, entidades financieras y muchos etcs., tienen la facultad de “distribuir” empleos, subvenciones, contratas de servicios  y otras prebendas.

Los partidos políticos dominantes acumulan de este moso, la potestad de dar empleo o facilitar la realización de proyectos en los diferentes estamentos, siendo curioso como las administraciones de menor rango (Ayuntamientos), lamentan la poca ayuda recibida de los estamentos superiores, siempre que los “inquilinos políticos” de ellos sean de un partido contrario, porque cuando es el propio partido, el silencio es total; tal como si al cambiar los gobiernos los proyectos insoslayables del pasado, se tornasen absolutamente prescindibles en el presente, sobre todo si se reciben indicaciones ( de arriba) de que no podrán ser acometidos.

Hacer cautivos los votos, por agradecimiento de “favores recibidos”, sean de la índole que sean, es una acción muy efectiva ya que tiene un efecto multiplicador, a saber, al voto propio de los interesados directos, se une el de amigos y familiares, que también se sienten agradecidos y lo plasman con su sufragio favorable. Es curioso, porque los partidos consiguen este resultado sin hacer ningún esfuerzo económico con cargo a su presupuesto, porque en realidad lo que vienen haciendo es asignar a su conveniencia recursos públicos, del modo que más rendimiento les produzca en las urnas.

Dicen los autores citados, que: “La corrupción vinculada al clientelismo y amparada por el bloqueo de la mayoría parlamentaria a la labor de fiscalización de la oposición tiene los mismos efectos de exclusión que cuando se dictan normas en ese sentido.”

El final es, que una vez tejida la red, perpetuarse no es complicado, porque en el caso de se produzcan acciones inadecuadas que ameriten una investigación parlamentaria, no será factible porque la mayoría impedirá cualquier intento de constituirla -como vemos continuamente-, con alegaciones de que será utilizada para fines espurios. Sí este nepotismo emergente, se “adereza” con un buen control de los medios de comunicación, que faciliten el ocultamiento del entramado, se puede esperar la permanencia en el poder para muchos años. Sólo errores muy grandes conseguirán  desmantelar “el castillo de naipes” y aún así no tendrá carácter inmediato.

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