domingo, 3 de junio de 2012

Derribar barreras



Dice Lawrence M. Miller en su libro “De bárbaros a burócratas. Estrategias para el ciclo vital de las empresas”: “A medida que las empresas maduran y se complican, el número de niveles jerárquicos aumentan, como otras tanta barreras entre quienes toman las decisiones importantes y quienes desempeñan el trabajo. Es necesario derribar esas barreras, y la razón  no es que se deba motivar a los empelados o consolar su amor propio; deben desaparecer para que los directivos se pongan en contacto con la realidad, para que sepan cómo se hacen las cosas y por qué el cliente está satisfecho o insatisfecho. De esta relación depende la calidad del liderazgo y de la toma de decisiones.
La comunicación directa entre los trabajadores y los directivos es importante, y no sólo por la información que se intercambia sino, además como símbolo de que los jefes aprecian a los empleados y confían en ellos. En la compañía, todo el mundo debe saber que los de arriba se preocupan por los de abajo y los escuchan. Es responsabilidad de los jefes el tomar medidas para que así se haga.”

Difícil planteamiento el de Lawrence Miller, para poderse aplicar en la empresa española. En realidad cuanto más grande se hace la organización, menores posibilidades hay de que un empleado llegue a conversar con un alto directivo. No sólo porque serán muy pocas las ocasiones en las que coincidan con oportunidad de hacerlo; sino porque esta circunstancia es evitada por los mandos intermedios, para “taponar” la información en sentido ascendente, de modo que ésta siempre este absolutamente controlada por ellos.

En realidad los Altos Directivos (en las empresas, en la política y en las entidades financieras, etc.), sufren una especie de “secuestro”; acaban siendo prisioneros de su propio aparato, que filtra todos los contenidos, que deben conocer y oculta con un gran derroche de medios, aquellas cuestiones que consideran inoportunas. Tal es así, que cuanto mas tiempo detentan el poder, más se alejan de la realidad cotidiana y más desenfocado tienen su punto de vista sobre el estado real de los asuntos  cotidianos.

Es uno de los precios que hay que pagar por el poder. El problema es que este planteamiento a quien debilita es a la propia organización. Los jefes intermedios hacen en este caso de “secantes” y en muchas ocasiones las decisiones que se toman, no están avalados por todos los datos disponibles, porque algunos han sido hábilmente soslayados, en la medida que puedan perjudicar en el escalafón a quienes han decidido hacerlos “opacos”

Cuanto mas grande se hace una organización, mas posibilidades de que se produzcan “reinos de Taifas”; existe la creencia de que  acaparando  determinadas informaciones, fortalecen su más posición en el seno de la empresa. En estas circunstancias, se produce una avidez desmedida con almacenar datos, prioritariamente para uso propio y en ocasiones se monopoliza también el procedimiento de obtenerlos; como si esta forma impropia de trabajar en equipo fortaleciese la posición individual de quien la practica.

Querer “medrar” a costa de la organización con triquiñuelas y malas artes, puede ser efectivo a corto plazo, pero sin lugar a dudas acabará pasando factura a quien se aplica en estas prácticas. Tarde o temprano, la organización detectará este comportamiento y lo aislará. El problema es que, en ocasiones, esas informaciones no afloradas, pueden haber producido daños en la gestión, en la mayoría de los casos por acciones  no tomadas en el momento oportuno.

Como dice Lawrence M. Miller: “Es paradójico que las empresas, lo mismo ue los individuos, anden siempre buscando la comodidad y la certidumbre, cuando son esas, precisamente, las condiciones que con seguridad acarrean la decadencia.”

2 comentarios:

Mercedes dijo...

Siempre había pensado que muchos altos directivos eran unos ineptos o perdían el contacto con la realidad, pero ho había caído en que hay mandos interesados en que la pierdan, o al menos que la información que les hacen llegar pase primero por sus filtros para modelarla según sus necesidades.
Es algo que sí había visto en la pequeña empresa, aunque allí, claro... se les pilla antes.
Un saludo.

seriecito dijo...

Una empresa es un equilrio de intereses, generalmente al margen del negocio en sí.

Quien no se cubre las espaldas, dura poco y quien no guarda algo para sí, para usar en el momento adecuado, está desprotegido.

Hacia arriba hay que transmitir lo que quieren oír. Hay tendencia a matar al mensajero de malas noticias.

No hay que hacer preguntas si no se conocen las respuestas.

Salu2:

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