lunes, 9 de julio de 2012

Verdades vitales



Dice José Luis Sampedro y Olga Lucas en su libro “Cuarteto para un solista”: “- ¿Me estás diciendo que verdad es lo que uno cree que es verdad?
- Naturalmente. Lo importante en la vida de una persona es su creencia. Las creencias son las verdades vitales, las que nos guían y motivan, decidiendo nuestro futuro. La mente humana concibe con toda fantasía los mitos  más variados, inventa hadas y gigantes, se propone intereses y objetivos, rumbos desconocidos y cualquier otra creación. Los innumerables dioses de tantas religiones han nacido en la mente humana y sus historias y características se han desarrollado en incontables textos.
- ¿Qué hacer para conocer la verdad ante tanta hipótesis?
- Mi norma es no aceptar nunca pasivamente lo que nos dicen; no asumirlo aunque lo diga una autoridad ni aunque se encuentre escrito en un libro donde alguien consignó hace siglos su propia creencia. Hay que enterarse, comparar y elegir. Alguna de esas propuestas arraigará porque te convence. Si se acepta sin pensar no se vive la propia vida, sino la que otros dictan. En cambio, con la verdad propia asumida, se está en el camino de llegar a ser quien se es.

Extraordinaria propuesta, digna de quien la hace. Difícil para  los que como nosotros, vivimos de acuerdo con los cánones establecidos, sin habernos planteado nunca por qué. Pensamos que somos independientes, pero en realidad nuestro modo de actuar es poco o nada crítico. Asumimos  siempre.

La verdad es que enterarse, comparar y elegir, es un planteamiento sencillo de enunciar, pero claramente complicado de aplicar y no solo por nuestra posición ante los acontecimientos de la vida; ya fuimos educados en ese sentido en la escuela, el instituto y la universidad. Más que formación, lo que recibimos fueron recetas. Tan es así, que preferimos memorizar, mas que razonar. Nadie nos enseñó, que lo principal en las personas es su propio criterio, para discernir por sí mismos, aquellos acontecimientos que estén a su alcance.

Tan arraigado tenemos este comportamiento, que para nosotros contrastar pareceres es acabar discutiendo. No sabemos dialogar, solo sabemos defender dialécticamente nuestros puntos de vista, mucho mas por tener razón, que por aflorar la verdad. Bien es verdad, que fruto de esta práctica, escuchamos poco a los demás y peor aún, solo queremos oír a los que postulan en la misma dirección que nosotros.

También es verdad, que los medios de comunicación a nuestro alcance, son “clones”, que buscan divulgar exclusivamente sus principios y denostar los de aquellos otros que no se encuentran en su línea; de este modo no hay noticias, hay varias interpretaciones de los hechos, según la ideología de quien hace el comentario o la propuesta. Puestas así las cosas, no esperemos estar bien informados si no somos capaces de ver y contrastar, para luego decidir o formarnos un criterio propio, aunque no acertemos, peor es equivocarse con los argumentos de otros.

No hay que negar, que cuesta mucho más esfuerzo, esa independencia que trata de esbozar Sampedro, que la dulce pendiente, que representa deslizarse por la opinión más cercana y posiblemente mayoritaria. Seremos tachados de raros y poco sociables, si no seguimos fielmente las costumbres del lugar o invocamos otras razones para considerar los acontecimientos cotidianos, pero ganaremos tranquilidad de conciencia  y por que, paz interior.

Aceptar sin más, es renunciar a nuestra singularidad. La singularidad nos define y nos identifica. Definirnos es indispensable para vivir con intensidad. Vivir con intensidad, requiere en muchas ocasiones, discrepar. Cuando no se discrepa nunca, puede decirse que se acepta sin más.

sábado, 7 de julio de 2012

Inmadurez



Dice Fernando Pérez-Barreiro Nolla, en el epílogo del libro “La España impertinente”, de Eduardo Punset: “Hay una eterna adolescencia en esta actitud española, que me temo tiene más de presunción inmadura que de orgullo histórico. Bien sabido es que, hasta que dejamos de preocuparnos de si nos miran los demás, no podemos empezar a verlos. Ese egocentrismo quizá sea inevitable en la adolescencia, pero España es una nación vieja, con un pasado a cuestas, y no tendríamos los españoles por qué estar todavía en esas. A no ser que precisamente de ese pasado nos vengan las rémoras que nos vedan el acceso a la madurez. Que haya experiencias que quedaron  sin hacer, y tal vez del mismo orden dentro y fuera, y que, nuestra personalidad no corresponda a nuestros años.
De la historia debe venir esa vieja fantasía de la raza en virtud de la cual preferimos pensar que todo el mundo nos envidia a admitir con ecuanimidad que no se queden entusiasmados al vernos aparecer, antes de que hayamos hecho nada, simplemente por ser quienes somos. La otra cara de esa moneda, la versión interna de esa fantasía, es el desprecio por el trabajo y por le cultivo personal, tantas veces señalado en la literatura del patriotismo crítico español. Quien se cultiva, tiene que empezar por admitir que no es perfecto y no puede permitirse el lujo de la suspicacia quisquillosa y paralizante del hidalgo.”

Buena propuesta, estamos mas predispuestos a aparentar, que a ser. Fruto de este planteamiento erróneo, nuestra tendencia a pensar, que debemos ser admitidos con entusiasmo, pues creemos, que el personaje que nos hemos adjudicado,  es digno de  encomio sin ningún paliativo, queremos obviar de este modo la valoración de los demás, y no admitimos de buen grado actitudes que demuestren falta de acptación.

Esa preocupación por sobresalir, por ser el centro de las miradas en una reunión, nos lleva a posiciones ridículas; mas de “pavo real”, que de persona desenvuelta en ambientes sociales. Creemos siempre, que somos merecedores de las mayores consideraciones, sin darnos cuenta que los “méritos” que presentamos son normales y no reunimos característica alguna para tal pretendida distinción, o mejor interpretado, hay quienes lo merecen más y no se “jactan”, suelen preferir pasar desapercibidos.

Quizás el motivo sea el punto de inmadurez, que señala el autor. La verdad es que dadas nuestras características personales, queremos aparentar más, porque internamente conocemos nuestras verdaderas carencias. Sabemos claramente de nuestra debilidad y con esas posiciones fatuas intentamos “intimidar”, para evitar ser racionalmente evaluados; buscamos, en la mayoría de las ocasiones, posiciones ambiguas y evitamos los compromisos; interpretamos nuestro “seudo-falso” personaje con tanta intensidad, que nos preocupa que socialmente se descubra nuestra verdadera personalidad; olvidando con demasiada frecuencia, que las relaciones se mantienen cuando hay intercambios sinceros entre las personas y que a los demás si les importamos y  nos aprecian, es por lo que somos y no por lo que aparentamos.

Es muy posible que la inmadurez se haya asentado de tal modo en nuestro comportamiento; que nos impide hacernos adultos en el aspecto relacional y siempre tratamos de obtener ventaja, demandamos transparencia en los demás, pero somos incapaces de darla. Creemos que con ello estamos más a cubierto de acciones incorrectas, sin darnos cuenta que somos nosotros quienes las propiciamos con nuestro comportamiento incorrecto. Quienes nos rodean acaban descubriendo nuestro absurdo “juego” y cuando lo hacen se alejan de una relación, que en el fondo era poco leal. Desaparecen y nos dejan sumidos en una extraordinaria confusión.

Madurez es asumirse tal cual se es. Asumirse tal cual se es, implica sinceridad para sí y para los demás. La sinceridad nunca traiciona. La traición siempre es una mentira. La mentira es una acción falta de madurez.

lunes, 2 de julio de 2012

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Dice Luis Rojas Marcos en su libro “Superar la adversidad. El poder de la resiliencia”: “…Como seres humanos que somos, vivimos constantemente  expuestos a los pareceres de otros… En todas las culturas las personas siempre hemos buscado unirnos unos a otros y el lenguaje ha sido el mejor medio para conseguirlo. Hablar y escuchar cuando hablan otros son actividades que nos definen. La sincronía entre las personas se manifiesta, además, en la facilidad con la que nos contagiamos unos a otros estados emocionales como la confianza, la alegría, el entusiasmo, la inseguridad y el pánico. Los seres humanos también nos comunicamos a través de mensajes subliminales que transmitimos a captamos sin darnos cuenta, porque su intensidad es demasiado tenue para ser claramente perceptible por nuestros sentidos. Son estímulos que funcionan en el área del subconsciente. Si embargo, esto no quita para que puedan influenciar nuestros pensamientos, el ánimo y los comportamientos…
 El efecto protector de las relaciones afectivas es independiente del sexo de la persona, de su edad, de su clase social y de su estado de salud física o mental.”

La comunicación, es la base de nuestro desarrollo equilibrado. Aislarse, por muy justificado que nos parezca, no resuelve nada y es muy posible, que empeore nuestra situación mental. Hablar y escuchar es muy gratificante, complementa nuestras percepciones y nos lleva por un camino de estabilidad, sobre todo si el intercambio es recíproco y sincero.

Una de las primeras vulneraciones, que habitualmente hacemos en el binomio hablar-escuchar es que, para lo que estamos especialmente predispuestos es para desplegar una inusitada verborrea, a ser posible gesticulante y demandar ser escuchados con atención e interés. Lamentablemente nuestra capacidad de escuchar es francamente limitada, en muchas ocasiones solo aparentamos oír, pero en realidad no nos percatamos del fondo de la cuestión, que nos plantea nuestro interlocutor.

Pero aún en este caso, necesitamos ese intercambio para sentirnos más reconfortados, no hay nada que alivie tanto, como la posibilidad de contrastar nuestra situación, con alguien de confianza, contarle lo que nos sucede, ya es parte importante de la solución de los problemas. Quienes por carácter o sucesos externos, se sumen en el aislamiento, son taciturnos y acaban sintiendo mucho más sus desventuras, porque no tienen a su alcance el mecanismo de descarga, que supone compartir.

Es indudable, que la sincronía para sentimientos de especial intensidad, se manifiesta  en multitud de tics y gestos, que afloran casi de modo involuntario. Aquí la palabra no tiene mucha preponderancia, porque la mirada y la cara toman protagonismo indiscutible y sintonizan con rapidez, con el estado de nuestro interlocutor. Hay algunos rasgos, que aún queriendo, no se pueden ocultar; dicho de otro modo, dicen más que un largo discurso.

Lástima que para esta tendencia innata, la premura y la falta de tiempo, que padecemos diariamente, sean sus principales antagonistas, ya que impiden percibir la tranquilidad indispensable, para dedicar el tiempo necesario a intercambiar con los que nos rodean. Siempre tenemos una excusa perfecta para dejar para otro día, lo que deberíamos abordar en este instante. Con esta actitud inconsciente, nos cargamos de tensión, no resolvemos nada y dejamos que cuestiones aparentemente poco relevantes, nos invadan y se conviertan en problemas mayores.

Pero este es el peaje de la vida moderna, llegar tarde antes de haber salido. Nos imponemos una tiranía de la “urgencia”, que es más ficticia, que real. Tal vez lleguemos tarde, si, pero no a donde vamos, llegamos tarde al cuidado de nuestro equilibrio emocional y no nos damos cuenta de ello, sumidos en la vorágine cotidiana. Ni siquiera sabemos evaluar, el alto coste que pagaremos por este planteamiento tan absurdo. Los asuntos por muy relevantes que sean, nunca pueden priorizarse a nuestro equilibrio emocional. 

domingo, 1 de julio de 2012

Cinismo político



Dicen José Antonio Piqueras, Francesc A. Martínez, Antonio Laguna y Antonio Alaminos, en su libro “El secuestro de la democracia. Corrupción y dominación política en la España actual”: “El neopupulismo ha resultado ser un experimento cruzado por tres elementos:
  1. La simplicidad simbólica… Se trata de construir mínimos comunes denominadores y no muchos. Se consigue mediante la definición de un enemigo común. Es una vieja técnica que los estudiosos de los totalitarismos definían como la construcción del “chivo expiatorio”.
  2. Los experimentos neopopulistas tienden a la negación de las líneas de fractura (cleavage) horizontales (las divisiones de la sociedad, como la clase social) y en su lugar proponen las verticales (como la identidad, la pertenencia, etc.)… Los líderes aspirantes al neopopulismo descalifican las instituciones (por más que las regenten) en nombre del pueblo y prometen lo que saben que no pueden dar. Son conscientes de que la consecuencia puede ser una mayor desafección de la ciudadanía  respeto a las política: el denominado como cinismo político Pero el malestar popular respecto a las elites políticas  beneficia al líder neopopulista, que se desmarca de ellas y ha establecido una relación directa, vía medios de comunicación, cautivos o manipulados, con el público.
  3. …Se basa en la construcción de una identidad política sustentada en emociones, mucho más que en argumentos… Trabaja mano a mano con los medios de comunicación de masas para producir a través de ellos un tipo de discurso que busca una constante activación de las emociones… recurre a variadas estrategias de escenificación, como la teatralización y creación de falsos acontecimientos… porque son ellos los que permiten activar las emociones y generar solidaridades horizontales”
 La identificación de un enemigo común, siempre ha sido una forma de justificar los errores de gestión propios, para achacarlos a “factores externos”, personalizados en personas o instituciones, que de modo omnímodo y deliberadamente, centran sus acciones en dificultar o ningunear al colectivo (Ayuntamiento, Diputación, Comunidad etc.), que representa el líder neopopulista. Habitualmente estas instituciones  antagónicas, suelen estar gobernadas por otros partidos.

Cuando se argumenta y “machaca” bien, la razón de tales agravios, suele ser útil incluso, para “tapar” errores o falta de planificación propia y adjudicarlo a la falta de “sensibilidad” para entender las razones particulares de quienes se sienten desatendidos. Ya tiene buen cuidado el líder de exacerbar los ánimos con discursos poco razonados y cargados de “soflamas” o muletillas reiterativas para que calen profundamente en la población, con argumentos sencillos y sentimentales que interioricen con facilidad los ciudadanos.

Esta maniobra de distracción, trata de desviar la atención hacia otros asuntos, evitando así, que sean identificadas por los ciudadanos carencias, en las cuales el “enemigo común” aún no esta pertrechado o no existe.

Es un “encaje de bolillos” instrumentado con una estrategia muy sutil, difícil de identificar y suele ser muy efectiva, si viene acompañada de unos medios de comunicación afines, que completen con imágenes y/o artículos de prensa, las circunstancias de discriminación que se padecen, aprovechando para hacer notar la responsabilidad externa de estas carencias.

Esta actitud maniquea, sube de tono al aproximarse unas nuevas elecciones, en donde los argumentos principales suelen ser los agravios comparativos y la facilidad para instrumentar la solución, removiendo al partido político que gobierna en la institución hostil. Este ejercicio de cinismo político se evidencia, cuando conseguido el objetivo de cambio, las cosas siguen igual, pero algo se modifica radicalmente, ahora las críticas a esas carencias son en tono menor debido a que ya es del mismo “color político” el gobernante de la otra institución. Lo anterior era solo un ejercicio de puro desgate premeditado y desleal, cuyo efecto práctico es el deterioro y desprestigio de la clase política.

sábado, 30 de junio de 2012

La espiral del silencio



Dice Elisabeth Noelle.Neumann en su libro “La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social”: “Cuando alguien piensa que los demás le están dando la espalda, sufre tanto que se le puede guiar o manipular tan fácilmente por medio de su propia sensibilidad, como si ésta fuera una brida.
Parece que el miedo al aislamiento es la fuerza que pone en marcha la espiral del silencio. Correr en pelotón constituye un estado de relativa felicidad; pero si no es posible, porque no se quiere compartir públicamente una convicción aceptada aparentemente de modo universal, al menos se puede permanecer en silencio como segunda mejor opción, para seguir siendo tolerado por los demás. Thomas Hobbes escribió sobre el significado del silencio en su libro The Elements of Law, publicado en 1650. El silencio, decía, puede interpretarse como señal de conformidad, ya que es fácil decir no cuando no se está de acuerdo. Hobbes está sin duda equivocado cuando afirma que es fácil decir no, pero tiene razón al suponer que el silencio puede interpretarse como conformidad. Eso es lo que lo hace tan tentador.

Creo que en esta vida social en la que nos encontramos inmersos, decir “no”, es lo más complicado del mundo. El “no”, significa una toma de una clara posición contraria a la propuesta debatida, guardar silencio en principio no perturba la armonía.  En la educación que nos han inculcado desde muy pequeños, hemos recibido el mensaje, de que el “no” solo es efectivo, si es mayoritario. Con este planteamiento previo, nos cuesta enormemente manifestar con claridad, que no estamos de acuerdo con los planteamientos que se nos hacen y en ocasiones esa falta de firmeza, lo único que hace, es complicarnos la vida a posteriori.

Salvo unas pocas personas, muy inteligentes y seguras de si mismas o muy raras, nuestra tendencia es anclarnos en la protección aparente – que no real -, que proporciona el grupo mayoritario; es indudablemente lo que menos esfuerzo precisa, con dejarse llevar y aparentar, todo resuelto. El problema se plantea, cuando a fuerza de “censurar” nuestra propia opinión, nos hacemos rehenes de nuestro “pasotismo”, este planteamiento acaba pasándonos factura, con una especie de insatisfacción interior, que nos torna inseguros y poco resolutivos.

Nos hemos instalado  en un mecanismo difícil de resolver con éxito, ya no somos capaces de tomar decisiones, o expresado de otro modo, resolvemos de forma más contundente si constatamos, con la tácita aprobación de quienes e identificamos con gestos o palabras que tienen formada determinada opinión coincidente sobre el tema. Nos cuesta menos hacer lo que harían los demás – aunque en ocasiones no sea lo mejor – que ser originales (únicos) y resolver de acuerdo con nuestras verdaderas convicciones, es decir, en conciencia.

En el terreno político, la diferencia es más sutil, la opinión mayoritaria acaba pesando tanto, que queda ampliamente reforzada, muy por encima de su cuota real, con el “silencio” de quienes, aún siendo discrepantes, no se manifiestan, para poder sentirse “protegidos” en el grupo. En el devenir político, por esta circunstancia, quienes detentan el poder – por mayoría – acaban percibiendo mucho mas soporte del que realmente tienen. Entre hablar y guardar silencio hay una distancia abismal y no es fácil de evaluar el sentido real de la falta explícita de la opinión. Recordemos también a este respecto, que hay diferentes formas de hablar o callar no verbales – pines, pegatinas, pancartas, gorras, etc. – y que éstas son a su vez más coercitivas, si quiere uno identificarse con la mayoría imperante.

En política el  juego es, entre posiciones diferentes y muchas veces encontradas, los partidos promueven un ambiente de enfrentamiento y lo transmiten a sus militantes, como si su misión fuese mas, tener la razón en el asunto debatido –sea como sea-, que la búsqueda de lo mas conveniente para los ciudadanos, lo proponga quien lo proponga. Cuando la opinión personal no es coincidente con la de la mayoría del entorno, puede producirse lo que viene llamándose  una “espiral de silencio”, es decir, callar para no ser identificado como disidente y percibir el aislamiento y/o la crítica.

Si  este silencio auto-impuesto de una parte de los ciudadanos, lo acompañamos de unos medios de  comunicación –audiovisuales o escritos-, encargados de “orientar” la información, resaltando lo éxitos y silenciando los fracasos de esa mayoría, el entramado está servido. El partido político que detenta el poder, entiende que haga lo que haga, su responsabilidad está exonerada por las urnas y hasta pueden llegar a justificar conductas impropias o claramente reprobables, con ese argumento.

Como dice David Hume en su “Tratado de la naturaleza humana”: “Nada resulta tan sorprendente a los que observan los asuntos humanos con mirada filosófica que la facilidad con que unos pocos gobiernan a muchos. Y la docilidad implícita con que los hombres someten sus propios sentimientos y pasiones a los de sus gobernantes. Si indagamos cómo se produce este milagro, descubriremos que los gobernantes no tienen nada que les sostenga excepto la opinión. El gobierno, pues, se funda sólo en la opinión. Y esta máxima se aplica tanto a los gobiernos más despóticos y militares como a los más libres y populares.”

 N.B.
Elisabeth Noelle-Neumann (1916-2010), politóloga alemana.
David Hume (1711-1776) filósofo y economista escocés

martes, 26 de junio de 2012

Politíca en penumbra (III)


Dice José Cazorla Pérez en el Working Paper n.86, del Intitut de Ciències Politiques i Socials (1994), con el título “El clientelismo de partido en España ante la opinión pública. El medio rural, la Administración y la empresa”: “Cabe legítimamente preguntarse si la crisis por la que atraviesa nuestra economía no es tan grave precisamente porque durante los últimos años se han derrochado los caudales públicos corno si fuesen inagotables… Se observa así en los principales responsables, no una muestra de la táctica del avestruz, sino tal vez del intento deliberado de usar el espejismo para distraer la atención de los verdaderos problemas de fondo.
Esta crisis está de muchas maneras relacionada con la de ciertos valores morales, poco visibles en algunos miembros de la clase política, que incluso han llegado a ufanarse de su carencia. La llamada "cultura del pelotazo" no es una entelequia. Ciertamente, han sido bien tangibles la desfachatez, la prepotencia e incluso la naturalidad con que muchos han aceptado el súbito enriquecimiento a costa de lo que pertenece, no a los administradores, sino al pueblo. La salida de la crisis actual será más lenta, más dura, debido a esta pesada rémora denunciada previamente como tal, y que por tanto pudo ser evitada. Nadie parece asumir ante los ciudadanos la responsabilidad de la situación en que estamos. Da la impresión de que somos víctimas de una repentina e imprevisible catástrofe de la Naturaleza. Y también parece como si la victoria en las urnas justificara y borrara todos los errores y todos los fraudes.
¿Cómo pueden los Gobiernos y los partidos predicar valores universalistas, como la igualdad o la justicia, y castigar desde el poder a quienes los conculcan, si ellos mismos, en su propio comportamiento, los están también violando?.

Recordemos que el autor publica ese  papel de trabajo en 1995, no se exactamente lo que escribiría en la actualidad, ya que al finalizar su comentario, hacía entonces una referencia a la regeneración de los partidos y a una buena limpieza “de su propia casa”, cambiando de rumbo, etc.

Francamente no creo que pueda decirse que la situación ha mejorado, el derroche ha continuado a manos llenas, las cosas superfluas y fuera de lugar han florecido por doquier, al grito de cuanto más gasto mas prestigio tengo y más me aplauden los ciudadanos.  Han crecido de forma absolutamente increíble, todo un conjunto de obras faraónicas, vacías de contenido y de muy dudosa utilidad práctica, algunas incluso, desconociéndose después de terminadas su cometido, o lo que es peor sin poder ser utilizadas por falta de recursos para dotarlas de los mobiliarios y utensilios necesarios, al menos en mi Comunidad.

Todos los partidos políticos, han creído que los votos vienen en proporción directa a las obras realizadas, los pabellones construidos y los edificios suntuosos propiciados; mucho más que invirtiendo en hospitales, escuelas, residencias de la tercera edad etc. Mejor aún, si esas obras están diseñadas por genios de la innovación arquitectónica y de despampanante  grandilocuencia, que mas parece que buscan su propia gloria que la utilidad. Cobran bien su fantasía desbordada y encandilan a los “mandamases” de turno con un discurso cargado de maximalismos y de escasa practicidad, como las construcciones que postulan.

Todo ello unido a una enrevesada trama de  proyectos de presupuesto siempre crecientes  y concesiones de construcción a los afines  clientelares, que buscan la fidelidad y el lucro, en un ejercicio de patronazgo sin parangón.

Son incapaces de “frenar” y aún en estas fechas, que estamos hasta las cejas de crisis, siguen impertérritos pretendiendo emular a los grandes Faraones de Egipto, pero con iniciativas carentes de lógica. Se justifican con los ingresos posteriores que generarán con el turismo, para tapar esa política que “ha estirado más el brazo que la manga” y por tanto ha roto la chaqueta. Ungidos de una extraordinaria soberbia, propiciada por la evidente clarividencia de la que se creen dotados, relatan una y otra vez en discursos monocordes y carentes de contenido, sus gestas y se sienten satisfechos de sus palabras huecas, porque son coreadas y aplaudidas con la cohorte, que los sigue encandilados con su seudo-brillantez.

No tiembla su voz ni su pulso, cuando para paliar este catastrófico resultado, conseguido por su inefable incompetencia; tiene que legislar que paguemos entre todos, eso sí, manteniendo ellos sus salarios, sus coches, despachos, dietas y otros  “picos, palas y azadones”, porque ellos siguen pensando por nosotros y nos auguran que después de un buen número de años sacrificándonos, llegarán otros de bonanza. Entonces la sociedad y la economía deberá prepararse  de nuevo, para la venida de los “nuevos depredadores”, con las mismas intenciones, pero con otras caretas para poder volver a confundirnos. 

lunes, 25 de junio de 2012

Política en penumbra (II)


 Dicen J.A. Piqueras, F.A. Martínez, A. Laguna y A. Alaminos en u libro “El secuestro de la democracia: Corrupción y dominación política en la España actual”: “El moderno clientelismo descansa en una suerte de personal polémico más o menos profesionalizado, o con voluntad de serlo, personas que, por lo general, encuentran en la política un medio de vida, y a veces aspiran a que les proporcione patrimonio. Son reclutadores de voluntades, de votos. En ello les va la posición local y/o provincial, y la consideración que merezcan sus superiores. Son intercambiables por otros similares, motivo por el que han de ser eficaces. Los estudios sobre la evolución del clientelismo en determinados países del Mediterráneo han destacado la despersonalización  del patrono, que deja de ser poderoso el local para ser el que ejerce el poder municipal, nuevos notables transitorios, que sin embargo conservan la red vertical de liderazgo, pudiendo hablarse de un patronazgo de partido…
El clientelismo según los estudios de Christopher Clapham, exige cuatro supuestos:
a)      los recursos son controlados por un grupo con exclusión de los restantes y los que ejercen el patronazgo están en disposición de ofrecerlos.
b)      El acceso a la gestión de los servicios se realiza en competencia con otros grupos -partidos en este caso-, por lo que el que aspira a usufructuarlos cree necesario recurrir a clientelas que le proporcionen la mayoría o ayuden a completarla.
c)      Los clientes están incapacitados para obtener los servicios mediante una acción colectiva.
d)      predomina una ausencia de ética en la distribución de los recursos públicos, que se basara en criterios universales e impersonales.

No debemos dudar, de que ciertos  entramados no nazcan fruto de la casualidad; son tejidos con una sólida estrategia, porque una vez conformados, son muy difíciles de romper. Se crean lazos recíprocos y por tanto unos se sustentan de los otros. Lo que antes correspondía a los caciques de las poblaciones, cuanto más pequeñas mejor y con pocos recursos o peor aún, con éstos en propiedad de uno o unos pocos miembros de las mismas familias;  ha devenido a ubicarse en la actividad cotidiana de los partidos políticos. Ellos desarrollan ahora estas funciones, porque a través de los municipios, diputaciones, ministerios, administraciones en general, entidades financieras y muchos etcs., tienen la facultad de “distribuir” empleos, subvenciones, contratas de servicios  y otras prebendas.

Los partidos políticos dominantes acumulan de este moso, la potestad de dar empleo o facilitar la realización de proyectos en los diferentes estamentos, siendo curioso como las administraciones de menor rango (Ayuntamientos), lamentan la poca ayuda recibida de los estamentos superiores, siempre que los “inquilinos políticos” de ellos sean de un partido contrario, porque cuando es el propio partido, el silencio es total; tal como si al cambiar los gobiernos los proyectos insoslayables del pasado, se tornasen absolutamente prescindibles en el presente, sobre todo si se reciben indicaciones ( de arriba) de que no podrán ser acometidos.

Hacer cautivos los votos, por agradecimiento de “favores recibidos”, sean de la índole que sean, es una acción muy efectiva ya que tiene un efecto multiplicador, a saber, al voto propio de los interesados directos, se une el de amigos y familiares, que también se sienten agradecidos y lo plasman con su sufragio favorable. Es curioso, porque los partidos consiguen este resultado sin hacer ningún esfuerzo económico con cargo a su presupuesto, porque en realidad lo que vienen haciendo es asignar a su conveniencia recursos públicos, del modo que más rendimiento les produzca en las urnas.

Dicen los autores citados, que: “La corrupción vinculada al clientelismo y amparada por el bloqueo de la mayoría parlamentaria a la labor de fiscalización de la oposición tiene los mismos efectos de exclusión que cuando se dictan normas en ese sentido.”

El final es, que una vez tejida la red, perpetuarse no es complicado, porque en el caso de se produzcan acciones inadecuadas que ameriten una investigación parlamentaria, no será factible porque la mayoría impedirá cualquier intento de constituirla -como vemos continuamente-, con alegaciones de que será utilizada para fines espurios. Sí este nepotismo emergente, se “adereza” con un buen control de los medios de comunicación, que faciliten el ocultamiento del entramado, se puede esperar la permanencia en el poder para muchos años. Sólo errores muy grandes conseguirán  desmantelar “el castillo de naipes” y aún así no tendrá carácter inmediato.
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