
Dice Fernando Savater en su libro “El valor de educar”: “El profesor no solo, ni quizá principalmente, enseña con sus meros conocimientos científicos, sino con el arte persuasivo de su ascendiente sobre quienes le atienden: debe de ser capaz de seducir sin hipnotizar… Quizás la excesiva personalidad del maestro pueda dificultar o aun pervertir su función de mediador social ante los jóvenes, pero tengo por indudable que sin una cierta personalidad el maestro deja de serlo y se convierte en desganado gramófono o en policía ocasional. Es el momento de recordar que la pedagogía tiene mucho mas de arte que de ciencia, es decir que admite consejos y técnicas pero que nunca se domina más que por el ejercicio mismo de cada día, que tanto debe en los casos más afortunados a la intuición”
Este planteamiento, esta muy lejos de quienes entienden, que lo primero que hay que establecer es una distancia adecuada, que permita identificar con claridad, quien es el que sabe y quienes los que aprenden ( a corregir esto, la tarima no ayuda…) y para ello, toman la alternativa de exponer con cierto engolamiento displicente los conocimientos que quieren transmitir, como si con ello adquiriesen mayor rango o relevancia.
Es precisamente esta circunstancia la que en ocasiones transforma una determinada disciplina en un “hueso” difícil de roer y acumula alumnos curso a curso, dado que independientemente de los que no logran superarla, el mayor número que la engrosan, son aquellos que a mitad del curso lectivo ya ha decidido que no se presentarán. Porque no presentarse – cuando uno se ha esforzado – es un gesto claro de poca madurez y posiblemente el mayor fracaso de la tarea del profesor, quien no se presenta es que no está suficientemente motivado en el aprendizaje.
Estoy absolutamente de acuerdo, que quienes pretenden enseñar con exposiciones magistrales exentas de compromiso personal del profesor y realizadas de modo mecánico, por mucho rigor que tengan, son claramente poco útiles. Sin motivar no hay resultados, sin llegar a los presentes con la entrega absoluta de quienes les apasiona la labor que realizan, es muy difícil obtener resultados positivos, aunque la excusa posterior ante el fracaso masivo, sea la creencia en el desinterés general y la falta de dedicación y/o esfuerzo de los alumnos.
Quienes entienden la tarea como una acción diaria para ganarse la confianza y el respeto, por el trabajo realizado en la labor de acercamiento de los conocimientos, de modo riguroso pero sencillo y atractivo, sea cual sea la materia; “cosechan” muy buenos resultados y acaban el curso con el buen sabor de boca de haber completado un quehacer complicado, que han vencido con su entrega. Sin compromiso… pocas cosas se logran.
La educación implica cierta tiranía. De los profesores depende el grado. Sin recibir educación, no hay verdadera libertad. Ser libre es vencer a la ignorancia. La ignorancia, casi siempre le impide al hombre ser él mismo.




