sábado, 26 de noviembre de 2011

consumo


Dice Carlos Castilla del Pino en su libro “El humanismo “imposible””: “los objetos producidos se han lanzado sobre el usuario de los mismos, convirtiendo al hombre de hoy en ese “hombre unidimensional” de que habla Herbert Marcuse. Y, en efecto, mediante una curiosa inversión de la dirección del hacer del hombre, no está el hombre de hoy en posesión de los objetos que produce, sino, inversamente, son los objetos producidos los que se han adueñado del consumidor. Hay que consumir sencillamente porque se produce. Hay que crear necesidades – seudonecesidades – de forma tal que el hombre consuma lo que se ha producido o se piensa producir. Pero no se produce para el hombre, sino que se produce para el productor… El consumidor, aun en el supuesto de que todo cuanto consume le fuera directa o indirectamente útil es en todo caso esclavo de aquel que produce lo que él consume”.

Pasamos una buena parte de nuestro tiempo, atendiendo reclamos de cosas imprescindibles que necesitamos para poder vivir cómodamente, algunas de ellas francamente necesarias y otras absolutamente superfluas; el problema es que los canales de transmisión de la información son los mismos y lógicamente no tenemos suficientes elementos de juicio, para discernir de modo adecuado, donde está la necesidad y donde la banalidad.

Por si esto fuera poco, nuestras necesidades se acrecientan de modo exponencial, al querer emular a los que nos rodean, la posesión de “objetos” en nuestra sociedad ha pasado a ser un signo de distinción y de “estatus”. Para pertenecer a determinados grupos, en la antesala de la aceptación, se deben mostrar con cierta insistencia, la posesión de los diferentes “atributos-objetos”, que los identifican.

Lo malo no es en si mismo las acciones que se tomen para poder cumplimentar estos requisitos; lo malo es que en el caso de que no podamos cumplimentarlos, uniremos al rechazo del grupo, la insatisfacción interna que nos invade, propiciando la tristeza y la melancolía, por el objetivo no cumplido. Flaco favor nos hacemos con esta actitud, los que no nos quieren como somos, no vale la pena ni tenerlos en cuenta.

No es la homogeidad la que confiere “valor” a un determinado grupo o sociedad, no; precisamente es todo lo contrario, la “riqueza” de una sociedad está directamente relacionada, con la diversidad de sus miembros. La adición de las diversas opiniones, la puesta en común de puntos de vista diferentes, expuestos en armonía y sin invadir la realidad de los que nos circundan, es precisamente una de los signos de brillantez y fortaleza más reales. Y no importa para ello la cantidad de objetos que uno posee y ni siquiera si estos están de acuerdo con los que posee la mayoría, eso es secundario e intrascendente.

Basar las relaciones en fundamentos superfluos, no nos traerá nada bueno; cuando precisemos su ayuda para cualquiera de los avatares de la vida, encontraremos el vacío y descubriremos la falsedad; porque no nos aprecian por lo que somos, nos aprecian por lo que parecemos… Están con nosotros en base a aspectos formales y nuestro fondo lo desconocen, o peor aún, no les interesa. Ni ellos ni nosotros somos conscientes de la realidad, porque todos entendemos, que son más cómodas las relaciones superficiales… Así nos va.

2 comentarios:

Ricardo Musso dijo...

Hola Luís.

Comparto plenamente la introducción y reflexiones personales sobre la noción de pertenencia a un estatus social alcanzado a través del consumo y adquisición de bienes que en gran parte son superfluos a nuestras necesidades vitales, pero que nos son indispensables para lograr esa sensación de pertenencia.
Cuando la AUTOESTIMA depende de esos mecanismos para mantenerla se transforma en una escalada interminable y generalmente nunca se alcanza la cima.

No tengo nada novedoso para dejarte salvo que alguna vez estudié que es más fácil la re-adaptación de una persona (o grupo familiar) que por algún factor de Movilidad Social ha elevado su estatus y luego lo pierde, que aquellos que “desde la cuna” han vivido con un determinado confort y por algún avatar deben renunciar a él. Generalmente estos casos acaban con profundas depresiones o suicidios.

Un abrazo.
Rik

seriecito dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Actualmente aquí es una situación que la crisis ha propiciado.

El cambio de status es cotidiano, ya que el empleo se ha transformado en algo bastante efímero y las empresas no atraviesan por la mejor situación.

en contrapartida a los años pasados no muy lejanos en donde el enriquecimiento era muy posible y además había mas posibilidades para trabajar.

Pienso también, que en las circunstancias de retroceder en posición económica es malo, pero conlleva una sanción adicional y es que muchos de los amigos habituales de antaño, desaparecen o se alejan, porque los atributos que permitían estar en un determinado grupo, han desaparecido.

Creo que este si es un factor alienante y propiciador de males del "alma".

Gracias por tu visita y comentarios.

Salu2:

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