domingo, 31 de agosto de 2008

Disculpar y disculparse


Hemos sido educados de modo, que tenemos una firme resistencia a reconocer nuestros errores. Lo de "mantenella y no enmendalla" lo llevamos tatuado en el cerebro.

Ser consecuentes con nuestros actos, implica necesariamente - en algunas ocasiones - explicitar sin recato nuestros fallos y cuando los mismos han afectado a personas, por nuestra conducta o comentarios, a pronunciar sin complejos las palabras necesarias para solicitar la disculpa.

No somos mas importantes, por dejar pasar el tiempo sin enmendar el desafuero cometido. Las personas fuertes, son en el fondo las mas humildes, saben que la verdadera fortaleza no está en la altanería impropia, está sin duda, en el equilibrio, para estar orgullosos del buen hacer y afrontar sin ningún complejos las acciones inadecuadas, con intención de remediarlas.

Cuando alguien no sabe disculparse, generalmente, tampoco sabe perdonar, no olvida, mantiene las espadas en alto en espera de poder "vengar la afrenta" recibida. Mal bagaje para para vivir. Acumular rencores es un mal camino. No liberar nuestra conciencia, es como, llevar una escayola en el alma, no molesta y/o duele como la de una pierna o un brazo, pero incapacita a la larga.

En una sociedad, cargada de intereses "creados" y "caretas" es un buen caldo de cultivo para hacer mas de lo mismo, para eso no se necesita nada, solo hay que dejarse llevar. Ser valiente es correr riesgos y el riesgo solo lo queremos para la "bolsa". Lo malo es que cuando baje nuestra cotización todos se aprestarán a vender nuestras acciones y entraremos en caída libre, sin que haya quien nos frene... quizás entonces nos percatemos, de que la transigencia es la antesala de la verdad y la verdad precede a la amistad imperecedera... ojalá tengamos mas oportunidades. En ocasiones es demasiado tarde ya.

La perspectiva





Dice Jorge Bucay en su libro "Déjame que te cuente...":"El único error, casi siempre, es creer que la posición en la que estoy es la única desde la cual se divisa la verdad. El sordo siempre cree que los que bailan están locos".

Acantonarse en cualquier circunstancia, es perder - con seguridad - la posibilidad de resolver con acierto. Tener un punto de vista documentado, no es un certificado de certeza absoluta. Cada cual tiene una perspectiva y a través de la misma da una interpretación, que puede ser diferente, pero en ningún caso tiene porque concluirse, que es absolutamente discrepante e irreconciliable con la nuestra. Algo podremos aprovechar.

No es desdeñable la "riqueza" que aporta para la resolución de problemas, la serenidad para escuchar con mucha atención, a todos los que pueden aportar algo, incluso a aquellos, que por su talante o el nuestro, ocupan posiciones diametralmente opuestas. Cada uno ve las cosas de acuerdo con su punto de vista y el lugar en que se encuentra. Querer abarcarlo todo en solitario, significa perder precisión y correr riesgos innecesarios. Debemos ser prudentes en el contacto con malintencionados, soberbios y mentirosos compulsivos y aún así... oír no desgasta.

Empecinarse en analizar solo nuestros propios argumentos, es la antesala del error. Nuestra posición sobre cualquier tema está, casi siempre, sesgada por nuestro estado de ánimo. Lo que se presenta como irresoluble bajo este prisma, adquiere otro talante con un punto de mira diferente y nos puede ayudar.

Tenemos demasiados temores a admitir que somos limitados, tanto en el análisis como en la acción. Resolverlo todo de "motu propio", no es buen camino. Tener criterio, no debe ser nunca una posición excluyente, todo lo contrario, debe propiciar con intensidad el acercamiento a los demás, aunque solo sea para contrastar.

Adoptar una posición receptiva y expectante, necesita una buena carga de modestia... y ésta lamentablemente escasea en una gran mayoría... en este caso, como en otros, estar con la minoría no es una posición desdeñable.

viernes, 29 de agosto de 2008

El pasado...



Dice Robin S. Sharma, en su libro "El monje que vendió su ferrari": "Todo suceso tiene su porqué y toda adversidad nos enseña una lección. He comprendido que el fracaso, sea personal, profesional o incluso espiritual, es necesario para la expansión de la persona. Aporta un crecimiento interior y un sinfín de recompensas psíquicas. Nunca lamentes el pasado. Acéptalo como nuestro que es".


Querer ignorar de donde venimos, es desperdiciar una oportunidad de oro de dirigirnos hacia el futuro con "mapa de carreteras". Nada sirve de mejor guia, que analizar lo que hemos hecho y los sucesos relevantes, que nos han sucedido, sean positivos o negativos.

Son los errores los que nos enseñan, el acierto de hoy, seguro que es, fruto de un buen aprendizaje o consecuencia de un fallo anterior debidamente interiorizado. Estimar que la vida es un camino de rosas, es tanto como inferir que todas nuestras acciones tienen "seguro" de acierto. No, no es así, somos racionales y humanos y hacemos todo lo que podemos en cada ocasión, pero en ningún caso eso implica certeza, de que resolvemos de la mejor forma.

Aceptar con el mismo talante el fallo y el acierto, sin hundirse o jactarse, según sea el resultado de la acción, es demostrar una madurez digna de encomio. Saber extraer las enseñanzas, que nos aportan nuestros fracasos e incorporarlos como bagaje, para nuestro desarrollo personal, seguro que nos "blinda" ante las adversidades y eso si que es hacer equilibrios con red, si caemos no habrán hematomas.

El sol sale todos los días, si hay nubes que nos impiden recibir su luz, nadie nos podrá quitar la ilusión expectante de esperar a que desaparezcan... porque siempre acaban desapareciendo y el sol triunfando con su destello... que los días nublados en nuestra vida, solo sean una transición y no un estado.


domingo, 24 de agosto de 2008

Un mundo...un sueño II




Finalizan los Juegos Olímpicos y con toda claridad se pone en evidencia que lo de "lo importante es participar", era un rollo.

Lo importante en la sociedad actual, es ganar, o por lo menos quedar entre los tres primeros. Los demás es, pasar al olvido a una gran velocidad.

Como si ser cuarto o quinto, o sexto, etc del mundo fuera cualquier cosa. Pero ya sabemos, lo que importa es el oropel, la máxima gloria, el máximo desafío rebasado.

Lastima que no pueda ponderarse el esfuerzo. Reconocer el mérito de quien gana es imprescindible, pero sin manifestar de forma machacona y abierta, la tremenda "desgracia" que supone, no haber obtenido medalla en determinada competición.

Bien es cierto, que se debe ir preparado para dar lo mejor, que cada uno tenga. Pero una vez hecho esto y no haber utilizado procedimientos reprobables para ayudar a las marcas; la posición obtenida debe se ser considerada como fruto del esfuerzo máximo y por tanto digna de alabanza y reconocimiento.

Medir el resultado por el número de medallas conseguidas, es cuanto menos menospreciar el esfuerzo, de quienes dieron lo mejor que podían de sus cualidades, en un intento fallido por ir mas allá. Las circunstancias o las cualidades superiores de otros, colocan a cada uno en su lugar, pero hay que recordar que cualquier lugar es muy elevado... aunque no sea el primero.

Mi homenaje sincero a quienes participaron con interés y no obtuvieron medalla, por haber competido, aún sabiendo que no ganarían, haber comparecido y haber dado lo mejor. Porque hay que pensar que sin ellos el espectáculo sería pírrico, es decir, no habría. Mi enhorabuena a todos vosotros por vuestra valentía y modestia, digna de ejemplo.

jueves, 21 de agosto de 2008

Amiguismo



Dice Eduardo Punset en su libro "La España impertinente": "La práctica del amiguismo supone un atentado constante a los valores fundamentales de la igualdad de oportunidades que debieran caracterizar un sistema democrático y sólo puede pervivir en aquellas sociedades en las que la información, el conocimiento o la inteligencia no han podido consolidarse como factores determinantes de los mecanismos de decisión".

Lamentablemente vivimos en un entorno general - no solo en la empresa - donde lo que prima es la "amistad", mal entendida, para obtener cualquier objetivo. Parece, que para poder conseguir algo relevante, hay que conocer a personas del entorno, con la suficiente influencia y ascendencia para que nos faciliten el acceso.

Pero además, no solamente este curioso sistema, está presente en el acceso, una vez se está dentro de la organización el "padrinismo" sigue. Para ascender, medrar o simplemente obtener ocupaciones mas relajadas, es casi imprescindible que nos conozcan y nos apoyen, los que tienen en la mano la llave de la decisión.

Es indudable, que cuando alguien tiene que otorgar una determinada confianza, para el desarrollo de una actividad, lo mejor es que conozca a la persona y lo suponga acreedor de tal mérito. Pero otra cosa diferente es, cuando se utiliza de forma omnímoda y aún conociéndose la falta de capacidad, prima el amiguismo, con sensible deterioro de la eficiencia.

Pero así es la sociedad en la que vivimos, de aquí el interés inusitado por ser asiduos de determinados ambientes detentadores del "poder", con el objeto de estar en el lugar adecuado, en el momento preciso. Lo importante es que nos conozcan, que nuestro nombre "suene", mucho mas que la evidencia de nuestras propias capacidades o cualidades.

Saber es importante, tener experiencia también, exhibir un curriculum brillante es una excelente tarjeta de presentación, pero en muchas ocasiones - mas de las debidas - estar "apoderado" por persona "influyente" es decisivo.



Lógica



Dice Marilyn Vos Savant, en su libro "El poder del pensamiento lógico": "El pensamiento lógico fortalece la mente como ningún otro tipo de pensamiento logra hacerlo. Libera a las personas del hábito de dar por sentado que cualquier afirmación es verdadera hasta que se demuestra lo contrario. Permite al ciudadano medio defenderse del poder de la exactitud política, reconocer las trampas legales y tomar decisiones independientes. Y además constituye un baluarte en contra de la servidumbre intelectual para los no privilegiados".

La lógica bien estructurada, es una de las compañías mas acertadas para resolver los problemas cotidianos. Pero no es fácil razonar bajo estos parámetros, somos mas proclives a dejarnos llevar por nuestras propias impresiones - positivas o negativas - de las personas y los hechos. Nuestra precipitada vida coadyuva, para evitarnos la serenidad necesaria, que permite tomar distancia y dejar a un análisis frío, el desenlace de los acontecimientos.

Solventar nuestros problemas, mediante un análisis superficial y sesgado, es como conducir rebasando el límite de velocidad, el riesgo que que corre es muy alto. Pero peor es no acostumbrarnos a evitar magnificar o minimizar los sucesos, por falta de tiempo o peor aún por no establecer una sistemática de análisis sólida y sobre todo exenta de apasionamiento.

La lógica es una forma de razonar, que permite clasificar adecuadamente los hechos y nos ayuda, sin duda, a decidir con una elevada probabilidad de acierto; pero además nos aleja de modo radical de los embaucadores de la palabra, de aquellos que con una extraordinaria verborrea nos inducen a creer cosas, que no son ciertas. Me refiero principalmente a los "malos políticos", aquellos que se dedican a contar verdades a medias para permanecer de por vida en la poltrona.

Cuando la vida nos lleva a una encrucijada, lo mejor es razonar con equilibrio y evitar obcecarnos con pensamientos repetitivos y alienantes. No fiarnos de falsos profetas, ni de salvadores de vidas. Pararse, pensar y razonar, aplicar un criterio lógico y decidir.

Nos jugamos demasiado... ¿no?.


viernes, 15 de agosto de 2008

¿Quienes somos... qué somos? II



Dice Luis rojas Marcos en su libro "La autoestima nuestra fuerza secreta: "La verdad es que todos enjuiciamos y explicamos nuestro mundo y el mundo de los demás a nuestra manera o, como asegura un viejo refrán, "cada cual cuenta la feria sengún le va en ella" . Nuestras experiencias pasadas, nuestros valores y nuestras expectativas moldean nuestras opiniones, especialmente sobre ideas abstractas o temas tan emocionalmente cercanos e importantes para nosotros como la propia valoración de lo que somos".

El pasado es la base mas sólida, que tenemos, para aproximar la conformación de nuestra verdadera imagen, ya que de esos hechos, hemos ido cimentando nuestra propia actitud de hoy. Quienes no utilizan este análisis para acumular experiencia, desaprovechan la fuente mas sólida para aprender a "moldearse" adecuadamente. Viven de modo impropio y difícilmente no repetirán errores y/o se ayudaran en los aciertos.

Somos - queramos o no - la imagen virtual, que acumula sobre nosotros el transcurso del tiempo y nuestra propia capacidad de síntesis. Debemos vivir el presente, pero no podremos conformar adecuadamente, nuestra voluntad para dirigirnos a las metas, que nos hayamos marcado, sin haber hecho una disección acertada de lo vivido. Aprender de dicho análisis, es determinante para saber, quien y que somos.

La vorágine, en la que nos viene sumiendo el ritmo precipitado del actual modo de vida, plantea un problema; no nos deja momentos libres suficientes, para replegarnos, recordar, pensar y extraer conclusiones. Tenemos tiempo para otras cosas, pero para ésto no, siempre nos lo planteamos para mas adelante y cada vez lo retrasamos mas, mermándonos con esta actitud, de una fuente ingente de información útil y necesaria.

La paradoja es: no debemos vivir sin rememorar los acontecimientos del pasado, de ellos obtenemos una fuente inagotable de experiencias, que podemos incorporar como bagage para atacar el futuro. Pero es también imprescindible, para poder seguir desenvolviéndonos con equilibrio, olvidar villanías, felonías y deslealtades propias o ajenas, para no atrapar la mente en bucles innecesarios y en ocasiones incapacitantes.
Aprendamos a perdonar y a disculparnos... es un buen antídoto.
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