martes, 7 de agosto de 2012

Bancarrota



Dice Arnold Toynbee en su libro “Estudio de la Historia” (Alianza, 1970): “Las civilizaciones detenidas han alcanzado una adaptación tan estrecha respecto de su medio, que han asumido la forma, el color y el ritmo de éste, en vez de imprimir su huella en el mismo. El equilibrio de fuerzas de su existencia es tan exacto, que todas sus energías quedan absorbidas por el esfuerzo de mantener la posición ya alcanzada, sin dejar margen alguno de energías para reconocer el camino que queda por delante o la otra falda de la colina que se alza frente a ellas, para divisar lo que promete un progreso continuado”.

Es decir, ver más allá, buscar nuevas respuestas o hacerse preguntas. Precisamente lo contrario de lo que habitualmente hacemos, cuando nos dejamos llevar por la corriente – aunque sea mayoritaria – o acomodamos nuestra mente a un letargo cómodo pero inútil. Tanto tiempo buscando formación o adquiriéndola, para sentirnos colmados con opiniones espurias, de quienes tienen la lengua larga, pero lamentablemente el entendimiento corto.

No nos quejemos de nuestra vida, si somos incapaces de forjarnos otra diferente.  Preferimos de modo cotidiano, que nos den conformada y servida la opinión o que nos informen “detalladamente” de lo que interesa a otros, pero no a nosotros. Nos dejamos absorber por la postura cómoda y no buscamos la posición crítica de los acontecimientos, para acabar conociendo de modo personal, quienes son los verdaderos villanos y cual es el alcance de su manipulación.

Corren tiempos muy difíciles, llenos de dificultad y poca esperanza, momentos muy propicios para urdir entramados informativos oscuros y manipular nuestra mente para hacernos creer que somos presa de restricciones necesarias, para vivir en la penumbra durante un tiempo (penitencia) y  alcanzar en el futuro de nuevo la luz (redención). Como si nosotros nos hubiéramos dedicado a propiciar la situación, con comportamientos impropios y llenos de inconsciencia y no es así, hemos dedicado la mayoría de nuestro tiempo a trabajar ordenadamente cada día.

El alegato como justificación, a excesos cometidos por las familias, asumiendo endeudamientos no acordes con su verdadera posición, es en parte cierto; pero no solo hay que achacarlo a ellas; hay que ponerlo con mayúsculas y meter en el “mismo saco” a  quienes facilitaron esa situación, con toda una serie de planteamientos que permitían la formalización del crédito  y no para beneficiarlas de modo expreso con el acceso a la propiedad, sino principalmente, para enriquecerse como organización, en una carrera sin freno hacia el lucro, es decir, lo permitían por codicia y porque pensaban que la “rueda” sería eterna.

Estas entidades financieras han sido atrapadas por su propio entramado y están pagando los excesos de confianza o la huida hacia delante,  con una creciente insolvencia; resultado que hubiera pronosticado cualquier analista de riesgos, que exento de “pasión por el lucro”, hubiese hecho un análisis objetivo de las operaciones cotidianas del pasado y evaluado también su falta de diversificación. Ahora ya es demasiado tarde, la carencia de prudencia, ha devenido en probabilidad de  “bancarrota” - para los prestatarios y prestamistas -  salvo que a los últimos los “rescatarán”, seguramente para que vuelvan hacer lo mismo, cuando haya transcurrido suficiente tiempo, para propiciar el olvido social.

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