viernes, 12 de octubre de 2012

Recortes ¿solución o absurdo?



Dice Josepth E. Stiglitz en su artículo ¿Qué puede salvar al Euro? (2011): "Incluso si los países del norte de Europa están en lo cierto al reclamar que el euro funcionaría si se pudiera imponer una disciplina eficaz sobre los demás (yo creo que están equivocados), se están engañando a sí mismos con un drama de moralidad. Está bien culpar a sus compatriotas sureños por su despilfarro fiscal o, en el caso de España e Irlanda, por permitir el reinado del libre mercado ilimitado, sin prever en qué desembocaría. Pero eso no resuelve el problema actual: deudas enormes, como resultado de errores de cálculos privados o públicos, que deben ser gestionadas dentro del marco del euro.
Los recortes actuales del sector público no resuelven el problema de los despilfarros pasados; sencillamente empujan a las economías hacia recesiones más profundas. Los líderes europeos lo saben. Saben que es necesario el crecimiento. Pero, en vez de ocuparse de los problemas actuales y encontrar una fórmula para el crecimiento, prefieren sermonear sobre lo que debería haber hecho algún Gobierno anterior. Esto puede ser satisfactorio para quien sermonea, pero no resolverá los problemas europeos... ni salvará al euro."
Engañarse con un drama de moralidad, o lo que entiendo que es lo mismo; inducir a aplicar medidas, más en la línea de sancionar conductas “no normales” en el pasado de talante irrefrenablemente expansivo; con llamadas y/o imposiciones de recortes; haciendo pagar una carga elevadísima a quienes socialmente tienen una ínfima “culpa” en aquellos desaguisados. Buscar la compensación en los “pueblos” es claramente una decisión que provocará  retroceso en el bienestar y no se si compensará los desequilibrios, lo que si que se, sin género de dudas, que propiciará grandes sufrimientos a los ciudadanos, que no entenderán nunca los fines de tales acciones restrictivas
Tanto Stiglitz, como Krugman (1), han recalcado con claridad que estas políticas económicas, lo que provocan es mayor recesión; aunque acabo pensando – yo, que no soy un experto - que cuando se propician, es porque algunos, se “forrarán” con esta situación y estarán mejor situados para demostrar su “celestial bondad” ayudando con posterioridad  a remontar a los pueblos, cuando estén al borde la extenuación; pero curiosamente con los propios fondos que acumularon y los grandes beneficios que obtuvieron, “exprimiéndolos” previamente.
Triste destino para algunas generaciones, que quedarán muy “tocadas” en sus posibilidades de desarrollo y aprenderán de modo impropio, lo que significa el ejercicio del poder económico en aplicación práctica. Supeditar las sociedades a los intereses financieros de “unos cuantos”, por muy poderosos que sean; es pervertir de modo evidente las leyes naturales de justicia social, pero ya sabemos que la ambición y la codicia, solo ven números y no caras de personas.
Ojala se hicieran inmensamente ricos de ésta y nos dejaran tranquilos “for  ever”. Pero no caerá esa  “breva”, porque cuando uno empieza a tener mucho, su afán de riqueza les lleva a fijar el límite en un punto próximo a infinito. No tienen bastante con nada y muchísimo es muy poco para ellos. Triste cara de una economía basada en principios alejados de lo que decía el Código de Comercio: “administrar como un ordenado comerciante”.
Tal vez el transcurso del tiempo y lo acontecido, haga pensar a quienes rigen nuestros destinos; si algunos instrumentos financieros del mercado, crean o facilitan crear riqueza o únicamente sirven para propiciar una acumulación más rápida a quienes ya tienen mucho. No creo, que unos mercados financieros como los actuales, puedan perdurarse en el tiempo, porque han constatado su falta de capacidad para canalizar recursos para el bien mayoritario y común.
He leído en algún sitio, que no recuerdo ahora: “Sea la hoja de plátano la que cae sobre el espino o el espino el que cae sobre la hoja de plátano, la que sufre es la hoja de plátano”
 N.B. Josepth E. Stiglitz,  catedrático de la Universidad de Columbia, Premio Nobel de Economía en 2001. Paul Krugman, Premio Prícipe de Asturias 2004, Premio Nobel 2008
(1) Ver entradas del 17/7, 18/7, y 19/7)

4 comentarios:

paco kali dijo...

Que bien lo simplificas en la
última reflexión.
la piel de plátano siempre es
la que sufre y que real es.
Un abrazo

seriecito dijo...

Gracias Paco por tu visita y tu comentario.

Salu2:

Anónimo dijo...

Si, tienes razón . Cuando chocan la piedra y el cántaro siempre se rompe el cántaro.
Saludos.
Juan Coromina

seriecito dijo...

Buena comparación Juan, me alegro de tu comentario.

Salu2:

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