
Hablé hace unas semanas de la mezquindad de algunas relaciones en el seno de la empresa y pareciera, que fuera el único entramado, donde personajes de "tres al cuarto", campan por sus respetos e intentan epatar cotidiamente.
Los hay también en nuestra vida cotidiana. Aprovechan, generalmente su imagen progre y bucólica para "engatusar" a conciencias sencillas y nobles. Seducen con el engaño y al amparo de su vileza, buscando sorprender a quienes de buena voluntad, los escuchan o siguen.
Son como una de las siete plagas de Egipto, no dejan "títere con bonete", porque no tienen ética y no están dispuestos nunca, a asumir las responsabilidades, que llevan implícitas sus actos. Engrosan el grupo de inconsecuentes e irreflexivos, que nos rodean.
Piensan - bueno no, porque no saben - digo mejor, mas bien intuyen, que pueden pasar por la vida repartiendo, casi nada de bien y sembrando mucho mal y no entienden que cada persona es un mundo, que cuesta años y esfuerzo de conformar, pero que puede ser destrozada en un "santiamén".
A veces desgraciadamente, tienen suerte y como córvidos posados en atalaya observadora, otean el horizonte en busca de víctima propiciatoria, a quien "arrimarse" y arruinar. Son como sanguijuelas, pero no chupan la sangre, sorben el alma, que es peor.
Desconocen, que el juego de la vida, cuando reparte las cartas, nos da partidas a ganar y otras a perder. La diferencia es, que cuando les toquen las malas, se quedarán solos, como juguetes rotos, porque nadie arrimará el hombro y pagarán en parte su perversidad.
En ocasiones el débil con su silencio y su mirada reprobatoria, hace estremecer al poderoso. En otras también, no es necesario ser beligerante, solo hay que tener los ojos bien abiertos, para ver como, quien está permanentemente lanzando "boomerangs", acaba perdiendo los dientes, cuando comete un fallo en la dirección o en la recogida.
A esperar... todo llega.





