miércoles, 9 de diciembre de 2015

Debate





Tengo una gran satisfacción de saber, que podemos reunirnos delante del Tv. con amigos y/o en familia, para hacer algo más que ver partidos de futbol o seguir Eurovision. Este evidente signo de madurez pone de manifiesto, que no pasamos de la política, muy al contrario, nos interesa y mucho.

Tal vez esto sea el comienzo de una nueva época, donde progresemos en información y transparencia y por tanto adquiramos responsabilidad en la emisión de nuestro voto y sepamos que ésta es una condición necesaria en el ejercicio democrático, pero no suficiente, la suficiencia la adquiriremos cuando pongamos empeño y constancia en exigir responsabilidades y/o remover en su caso, a quienes no plasmen con la acción lo prometido de palabra. 

Aunque la vida, es siempre un imprevisto; no nos conformemos con lo que hay y enfoquémonos hacia lo que debería ser... en especial en los asuntos públicos...

lunes, 7 de diciembre de 2015

Educación...futuro (II)


Dice José Antonio Marina, en su libro “Despertad al Diplodocus”: “Para iniciar un proceso de transformación, sea personal o social, hacen falta tres elementos: creer que es necesario, querer hacerlo y saber hacerlo. Cambiar es difícil. Personas y organizaciones generamos sistemas de inercia, mecanismos de autodefensa. Por ello, cambiar los hábitos, aunque sea para bien, exige una fuerte motivación ya que suele suponer abandonar la zona de confort”.

No tengo la menor duda, de que el camino que seguimos en materia educativa, no es bueno, pero sin embargo, es el más confortable para todos, con lo cual la motivación para un cambio profundo y real, es escasa o nula. 

Las oportunidades para poder acceder a la enseñanza universitaria, han aumentado considerablemente, no solo por las ayudas, sino también, porque la emergencia de Universidades nuevas, han minorado el efecto “geográfico” para bastantes alumnos.

A pesar de estas circunstancias, no ha crecido en los jóvenes universitarios la avidez por acumular conocimiento, antes más, parece como si la etapa universitaria fuera una confortable burbuja, donde refugiarse para vivir unos años fuera de la realidad social. No es de extrañar, por tanto, la creciente desmotivación de muchos profesores, que pueden comprobar, día a día, como la atención que reciben sus exposiciones en el aula, son muy minoritarias.

Las nuevas tecnologías, en mi opinión, no han contribuido a incrementar el interés en la exposición. Las presentaciones de las materias a través de diapositivas, no han sido capaces de propiciar la “complicidad” alumnos/as – profesor/a. A pesar del indudable atractivo de dicho avance tecnológico, que consolida lo expuesto de palabra, con una buena y atractiva imagen.

En muchas ocasiones, la repetición mecánica del contenido de la transparencia, o peor aún, su simple lectura, convierten el entorno en tedioso y poco propicio para promover la asimilación. Unido a ello, la incorporación en las aulas, por parte de los alumnos, de  nuevos utensilios: portátiles, tabletas, etc. han propiciado el seguimiento de las exposiciones a través de ellos, mediante la conexión con “el aula virtual”; facilitando en gran medida la “toma de apuntes”; pero también han abierto la puerta a  la navegación espuria, en tiempo de clase.


Como dice Michael Fullan, citado por Marina: “Al menos que emerja una nueva pedagogía, los estudiantes en la escuela se aburrirán cada vez más y los adultos se frustrarán cada vez más”.  

domingo, 29 de noviembre de 2015

Democracia.




Dice Fernando Savater en su libro “Ética de Urgencia”: “Lo principal de la democracia es que no es el final de la partida, no es un destino que hay que alcanzar y una vez llegas se terminaron todos los problemas… La democracia es una herramienta para solucionar problemas, tan útil como la llave inglesa en lo suyo, pero si dejas la llave inglesa sobre la mesa sin tocarla no te apretará una sola tuerca, pues como la democracia pasa lo mismo, por si misma no resuelve nada… la democracia no es para sentarse encima y descansar, es un instrumento para luchar por las ideas que nos gustan, y oponerse a las que no nos convienen, y una veces sale bien y otras mal, pero no podemos echarnos a dormir.

Dos mensajes de Savater, la democracia es una herramienta para solucionar problemas y un instrumento para luchar por las ideas propias. Amplio y contundente, en principio no es solo ir a votar, es permanecer expectante y diría más, vigilante de las acciones u omisiones de los elegidos, para tratar de identificar desviaciones relevantes en los objetivos sociales, propiciando con una crítica respetuosa pero contundente manifestar nuestro descontento y apoyar un cambio de “rumbo”.

Los gobernantes están para emprender proyectos que mejoren la vida de la comunidad, sin pensar en el relumbrón que puedan obtener con ellos y la fastuosidad no es precisamente un marchamo de eficiencia. Las actuaciones para mejorar el bienestar de los ciudadanos, no es imprescindible que sean “grandiosas”, antes más, las necesidades de los votantes, son sencillas y en ocasiones muy fáciles de lograr, si se pone empeño en la ejecución y se soslayan intereses espurios.

Los ciudadanos, tenemos la obligación de intentar discernir las alternativas viables para mejorar la sociedad que nos proponen, tarea difícil dado el lenguaje un tanto confuso de las propuestas de los programas y la inefable tendencia a incumplirlos, que tienen los políticos. Quienes vamos a emitir nuestro voto, no terminamos con nuestra responsabilidad cuando lo hacemos, estamos obligados a postular el cumplimiento de los compromisos con "machacona" insistencia.

Las próximas elecciones amplían considerablemente el número de propuestas; junto a las tradicionales emergen caras nuevas y modos de ver los problemas antiguos con unos ojos singularmente nuevos. Es indudable, que la mayoría de los ciudadanos estamos muy disgustados con ese pasado “turbio” que hemos vivido  y que además, se ha convertido en  una sucesión de acontecimientos sorprendentes e interminables.


Que quienes gobiernen en la próxima legislatura, hayan aprendido que los ciudadanos tienen necesidades sencillas y que los caudales públicos deben de estar blindados a la presencia de desaprensivos y arribistas con avidez de utilizarlos en su propio provecho y/o en el de unos cuantos “amigotes”.  Ojala avancemos hacia un futuro de reposo y tranquilidad… sin duda nos lo hemos ganado con  nuestra inefable tolerancia.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Educación...futuro



Dice José Antonio Marina en su libro “Despertad al diplodocus”: “Resulta que estamos en el centro de una colosal revolución educativa que va más allá de la escuela y tiene en danza a todas las personas responsables y a todas las instituciones. Si no nos percatamos de ello, tendremos una educación inevitablemente provinciana, castiza y ramplona. La nueva frontera educativa amplía sus límites, coloniza nuevos territorios. Los años de aprendizaje no se terminan en la escuela, sino que duran toda la vida, El período escolar no es el fin de nada, sino la preparación para otro tipo de educación continua”.

Que hará falta que suceda, para que los que tienen la facultad de legislar, dejen a un lado sus diferencias partidistas y comiencen a diseñar un futuro mejor para todos. En las circunstancias actuales, sin una buena educación, consolidada y arraigada, no hay futuro, o éste se torna muy incierto.

En los tiempos que vivimos, la formación continua es imprescindible; las técnicas y los instrumentos para aplicarlas, cambian a una velocidad absolutamente asombrosa, quienes quieren vivir al margen del progreso, acaban sumidos en un letargo tan profundo, que les impide, en muchas ocasiones, comandar su vida y terminan dejándose llevar, por una suave “corriente”, que no incapacita, pero que no lleva a ningún sitio que tenga sentido.

El aprendizaje debemos incorporarlo con carácter permanente, solo así conseguiremos no convertirnos en “outliers”. Como dice el autor: “La sociedad en su conjunto tiene que hacerlo para enfrentarse a un futuro que ya se describe con el acrónimo VUCA (volatility, uncertainly, complexity, ambiguity). Volátil, porque las cosas cambian aceleradamente. Incierto, porque el exceso de información no limita la incertidumbre, sino que la aumenta, ya que no resulta fácil procesarla. Complejo, porque somos conscientes de que todo influye en todo y de que el aleteo de una mariposa en China puede provocar un ciclón en el Caribe, o, en términos más domésticos, una desaceleración de la economía China  puede producir despidos en Méjico. Ambiguo, por la dificultad para descubrir patrones que nos permitan comprender la realidad, global e interactiva”.


Es evidente, que el sistema actual no funciona, o funciona mal; hay que acometer cambios profundos y dejarnos de perder el tiempo “parcheando”, lo que necesita un cambio relevante. Es imprescindible,  una transformación que acabe con el conformismo y la tradición y fomente la innovación y la singularidad como enriquecimiento global de la sociedad.

domingo, 7 de junio de 2015

Ciencia Política.



Dice Eduardo Punset en su libro (1986) “La España impertinente”: “Los políticos tendrán que reflexionar tarde o temprano ante la creciente paradoja de unos avances científicos  y tecnológicos que alteran drásticamente la manera de nacer, vivir y morir de los españoles, y el atraso de la ciencia política  para organizar armoniosamente la convivencia social. En el mejor de los casos, esa convivencia se regula mediante esquemas liberales diseñados en el siglo XVIII y, en el peor de los casos – que son mayoría -, en virtud de dogmas predemocráticos que suponen un atropello intolerable de la libertad y de la dignidad humana”.

Sorprendente, porque han pasado casi treinta años y seguramente sigue en absoluto vigor el planteamiento de Punset.

Es claro que la Ciencia Política ha avanzado muy poco para pertrechar una convivencia social “actual”. Sus postulados son, cuanto menos, antiguos y basados en estructuras sociales menos desarrolladas, que a su vez planteaban menos necesidades vitales. La gestión pública demanda imaginación para organizar los servicios de modo que satisfagan las necesidades de los ciudadanos y para ello el político debe escuchar y hablar lo mínimo posible.
Es indudable que el planteamiento es diametralmente opuesto, el político siempre está en disposición de hablar; pero en muy pocas ocasiones, sobre temas que interesen mayoritariamente a los ciudadanos. Su objetivo es justificar las acciones tomadas, evidenciar que resuelven problemas, que no habían sido capaces de solucionar los opositores y demandar paciencia para aquellas que están pendientes de instrumentar.

Nunca se hace uso de  la palabra para informar sobre la imposibilidad de lograr determinados objetivos relevantes o incluso explicar errores cometidos en el planteamiento y/o la ejecución. Desconocen que la primera regla para resolver un problema es analizar en profundidad los errores y aprender de ellos y no ocultarlos o “endosarlos” a circunstancias espurias tratando de justificar el retraso en su resolución.

No hay tampoco vocación de consenso en los temas importantes; más bien se toman como perfectas plataformas para criticar decisiones pasadas, que han comprometido de modo relevante la posición actual y dificultan su resolución. La intención  es justificar el retraso en la ejecución, en mayor medida si las mismas fueron tomadas por otros partidos.

Mientras las decisiones se instrumenten en atención a réditos electorales futuros y no para colmar las necesidades ciudadanas, mal nos irá; centrarse en lo esencial, aunque no sea lo más rentable, políticamente hablando, es hacer futuro; buscar lo accesorio y transformarlo en principal mediante el argumento retórico repetido, es una posición cortoplacista que acaba siempre, pasando factura.

Como dice Punset en su libro: “Tanto los economistas, que confían exclusivamente en las fuerzas del mercado, como los filósofos, que sólo confían en el poder de la imaginación, enarbolan la bandera de la “libertad”. Los unos se refieren a Adam Smith; los otros, a Diderot. Ambos han heredado fragmentos del pensamiento del Siglo de las Luces…”  

miércoles, 13 de mayo de 2015

Otra campaña... ¡Puf!



Dice Antonio Muñoz Molina en su libro “Todo lo que era sólido”: …el dominio de los partidos políticos sobre cada esfera de la vida española es tan absoluto que son los partidos mismos los que imponen la información que se da sobre ellos, los pasajes exactos de los discursos de sus oradores que transmitirán la televisión y la radio.
De esa complicidad humillante son responsables los que la imponen, pero también los que la aceptan. Entre unos y otros han reducido la libertad de expresión a un intercambio de improperios. Probablemente no hay un país en el que se discuta y se escriba tanto de política y en el que sin embargo sea tan raro el debate: el contraste de argumentado y civilizado de ideas en el que cada uno se expresa con libertad y está dispuesto a aceptar que el otro tenga una parte de razón y hasta a cambiar de postura si se le ofrecen motivos o datos que desconocía y que puedan persuadirle; la convicción de que, por debajo de las divergencias, incluso las más tajantes, hay una base sólida de acuerdo, y por lo tanto la posibilidad de encontrar un terreno intermedio, de ceder en algo para ganar en algo.

Estamos en campaña electoral para una cita de municipales y autonómicas y cobra absoluta actualidad las palabras de Muñoz Molina, somos un país, empeñado en clasificar de modo excluyente, es decir, o conmigo o contra mi, no hay término medio, no hay zonas imprecisas y exentas de antagonismo visceral; todo es determinista, todo se reduce a un mar de antagonismos y discrepancias tan profundas, que la lectura después de un mitin siempre es: mi programa o la debacle.

Quizás estas elecciones tienen un componente adicional, emergen grupos políticos, con poca historia, nacidos al albur del descontento general sobre la forma de administrar en un pasado no demasiado lejano, cargado de escándalos de “corrupción”, que gotean día a día nuestro devenir cotidiano, donde pareciera, siempre, que lo peor aún no lo conocemos.
Esta circunstancia tan decepcionante, se ve acrecentada por la actitud de las fuerzas políticas, proclives a defender hasta el límite a los suyos y mostrarse absolutamente intolerantes con los conflictos planteados en otros partidos. Estoy de acuerdo con que a todos se les debe presuponer inocentes hasta que las pruebas y un juicio sentencie lo contrario; pero no estoy en absoluto de acuerdo, con la escasa investigación interna practicada por los partidos, para dilucidar en su seno, que es lo que en realidad ha habido, cuando la prescripción o las escuchas telefónicas inadecuadas, impiden continuar con la causa.

No parece viable que algunos de los sucesos conocidos, se hayan producido, sin que nadie se enterase; antes más bien sugieren, que muchos han mirado hacia otro lado y han permitido con su silencio “cómplice” el expolio acontecido. Toda vez,  a más abundamiento, que la postura “crítica” siempre hubiera sido tachada por los propios correligionarios, como deslealtad y en algunas ocasiones calificada como insidiosa.

Pero en el ámbito de la normalidad, lo sucedido es también muy inquietante, muchas de las acciones llevadas a cabo, han sido absolutamente desproporcionadas y no exentas de despilfarro, el gestor ha buscado su “gloria” y ha soslayado la utilidad, lo que ha conllevado indirectamente, una serie de restricciones en lo necesario, no porque no tuviéramos recursos, sino, porque habían sido dilapidados de una forma hasta grotesca.

Como dice Muñoz Molina: “…el triunfo del espectáculo sobre la realidad; la construcción de realidades efímeras a las que se dedicaban los fondos públicos que habrían podido emplearse menos vistosamente pero con frutos más sólidos”.

martes, 2 de diciembre de 2014

La incertidumbre.


Dice Fernando Savater en su libro “El valor de elegir”: “La voluntaria disposición de nuestras acciones está marcada por dos constricciones irremediables. Nuestro conocimiento del estado de las cosas y nuestra imaginación para presuponer alternativas de actos viables padece la limitación de la incertidumbre. Nunca lo sabemos todo, nunca estamos seguros de saber lo suficiente o de ignorar lo más  importante: lo único que siempre podemos prever con absoluta certeza es el acecho de lo imprevisible…Sin embargo, nuestra necesidad de actuar va más allá del alcance efectivo de nuestro conocimiento y nuestra imaginación. Estas carencias nos limitan y a veces nos traicionan, pero no pueden paralizarnos. Y esa misma necesidad de actuar constituye la segunda coacción que acota nuestra voluntad, porque debemos obrar irremisiblemente  en un marco de fatalidad que se nos impone en la mayoría de los casos… A la combinación de la incertidumbre (causada por nuestro conocimiento deficiente) y de la fatalidad que nos urge a actuar, solemos llamarla azar. El azar es el rostro mágico y simple de algo sumamente intrincado, de una madeja que renunciamos a devanar.”

No hay nada que nos bloquee tanto como la incertidumbre en los momentos de la toma de decisiones., en esas circunstancias demoramos demasiado la acción; cargados de dudas y manejando alternativas – imaginarias o reales – pasamos más tiempo en los preámbulos, que en la ejecución. Tenemos siempre un error de partida casi endémico, consideramos certidumbre a lo que puramente no es más que “costumbre”. El devenir diario – si está dentro de los cauces preestablecidos y aceptadoslo consideramos absolutamente determinista, es decir, exento de riego; sin percatarnos de que es también imprevisible. La repetición machacona, no asegura en ningún caso, el acierto. Emular el pasado, implantando como “norma” la costumbre, no es en ningún caso garantía de éxito futuro.

Creemos que haciendo lo mismo, le ganamos  un  pulso a la incomoda falta de seguridad, nos aferramos a lo conocido, casi como si fuera lo mejor y de ahí nuestra zozobra cuando atisban en el horizonte alternativas de cambio. El cambio no es lo nuestro, sin lugar a dudas preferimos el “continuismo”. Aunque las propuestas planteadas tengan una evidente promoción profesional y personal, haremos pesar mucho en la balanza lo que ya tenemos y nos resistiremos mentalmente, todo lo que podamos, a propiciar dicho cambio. Evitamos, en todo lo posible, tomar “riesgos” y esa tendencia tan conservadora, nos hurta muchas alternativas.

Cortedad de miras al suponer, que nuestra habitualidad es inmutable.  Nada desarrolla tanto nuestras cualidades intrínsecas, como la puesta a prueba, de las mismas,  en ambientes diversos; donde casi hay que partir de cero y construir un nuevo entorno; que acabará siendo tan “saludable” como el que hemos dejado atrás. Pero ésta nos es la cultura que hemos interiorizado, en donde abandonar nuestro entorno, cuesta mucho… muchísimo. No aceptar el “riesgo” medido, es evidenciar una falta de confianza en nuestras posibilidades, preferir la suave pendiente por donde se desliza la costumbre, en detrimento del camino intrincado, en principio, que representa cualquier nueva alternativa dentro de las posibles, es limitarse muchas veces mucho.


Como dice Savater: “Actuar es en esencia elegir y elegir consiste en conjugar adecuadamente el conocimiento, imaginación y decisión en el campo de lo posible (sobre lo imposible, en cambio, no hay deliberación, como ya señaló Aristóteles: no podemos elegir ser inmortales)…”

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