
Dice Robert Greene en su libro “Las 48 Leyes del poder”: “El mundo del poder tiene la misma dinámica que la jungla: hay los que viven a base de cazar y matar, y hay un gran número de criaturas (hienas, buitres) que viven de la caza de otros. Estos últimos, tipos menos imaginativos, a menudo son incapaces de hacer el trabajo, que es esencial para crear poder. Sin embargo, enseguida comprenden que si esperan lo suficiente, siempre encontrarán otro animal que hará el trabajo por ellos. No hay que ser ingenuo: en este mismo momento, mientras unos trabajan duro en algún proyecto, hay buitres dando vueltas por encima de sus cabezas intentando encontrar la forma de sobrevivir e incluso de prosperar gracias a su creatividad….
Todos sabemos que hoy día hay muy pocos políticos que escriban sus propios discursos. Sus propias palabras no les proporcionarían ni un solo voto; su elocuencia e ingenio, si es que los tienen, proceden del que escribe los discursos. Otros hacen el trabajo y ellos se llevan los honores. La otra cara de la moneda es que es un tipo de poder que está al alcance de todos. Si se aprende a utilizar el conocimiento del pasado se puede dar la imagen de genio, aunque en realidad sólo sea un astuto prestatario.”
Paciente espera es la clave, dejar nadar a otros y aprovecharse del “rebufo” de su estela. No es necesario ni siquiera tener una gran imaginación para enfocar el tema, mas bien, todo se resume a saber escoger el personaje idóneo al que se sigue. Hay que ser muy cautos y soslayar de plano el protagonismo, para la acción de hienas y buitres, dar la cara es ir al fracaso.
Siempre he admirado a quien trabaja y se empeña en conseguir su sueño o su vocación, sin importarle riesgos o peligros y siempre me he alegrado internamente, cuando como fruto de esa tenacidad, han conseguido el éxito. Por el contrario siempre me han repugnado las posiciones arrivistas de quienes sin “pegar palo al agua”, aprovechan su posición de cercanía para sacar tajada a su favor, aunque esta sea totalmente legal. Lo lamentable es que el grupo de éstos es mucho más numeroso y está actualmente en franco crecimiento.
Vivir del oportunismo permanente, convierte a muchos en unos perfectos “vampiros del intelecto”, aprovechan sin ningún escrúpulo los logros de los demás y tratan de obtener ventaja para si mismos. Casi siempre su aportación al esfuerzo común, es francamente irrelevante. Su posición es clara, observar a su alrededor y detectar con precisión quien tendrá capacidad de ocupar posiciones preeminentes de las cuales puedan extraer ventaja. Eso si, serán defensores a ultranza del personaje en cuestión, hasta que tenga posibilidad de darles - directamente o por desistimiento -, prebendas. Huirán con presteza cuando se intuyan las primeras señales de fracaso. Ellos solo participan de los éxitos y sin esfuerzo. Son advenedizos oportunistas solamente.
Bismarck dijo en una ocasión: “Los tontos dicen que aprenden por la experiencia. Yo prefiero sacar provecho de la experiencia de otros”. ¿Está pasando esto en la acción política actual y en el seno de los partidos? Parece a simple vista, que el número de “hienas” es mucho más frecuente que el de “leones”. Me gustaría mucho que solo fuese una apariencia.