
Nos quedaba referenciar los subordinados, en el libro de Sam Deep y Lyle Sussman, "Motivar y convencer en los negocios", describen los diferentes tipos, que transcribo literalemente:
El inseguro:
Es no afirmativo, incluso con sus subordinados.
Comprueba las cosas innecesariamente con el jefe, en busca de autorización para iniciar proyectos.
Evita las acciones de alto riesgo.
Habla poco en las reuniones. Cuando lo hace, lo que dice suena más como una pregunta que como una afirmación.
Califica, prologa y disculpa en exceso las ideas.
Tiene a restar importancia o negar la alabanza: “no, podría haberlo hecho mucho mejor”
Su frase preferida: “¿le parece bien que siga adelante con esto?”.
El quejica:
Se queja de sus compañeros; a menudo informa de sus fallos como razones para explicar los propios.
A menudo afirma que su jefe no le da suficiente tiempo o recursos para completar los proyectos.
Se preocupa a cuenta de lo que pueda salir mal, sin prestar la misma atención a las ganancias esperadas.
Se resiste al cambio. Es capaz de dar una docena de razones por las que una innovación no funcionará.
A menudo dice: “yo ya lo dije”.
Le encanta comunicar malas noticias.
Su frase favorita: “¿cómo puedo remontarme como un águila si tengo que trabajar con pavos?”.
El culpabilizador:
Achaca a los demás la culpa de los fallos personales.
Se niega a aceptar responsabilidad de un bajo rendimiento.
Es muy crítico con los demás, mucho más con ellos que consigo mismo.
Busca causas externas que expliquen las deficiencias de rendimiento, como la dificultad de la tarea asignada, la información inadecuada, la insuficiencia de recursos, etc.
Puede verse a sí mismo como una víctima del ambiente, sin capacidad para cambiarlo.
Su frase favorita: No es culpa mía.
El negador:
Se niega a reconocer que existe un problema en su rendimiento.
Es capaz de pelearse con un colaborador, y luego negar vehementemente que hubiera desacuerdo.
No es realista en cuanto a su capacidad para producir.
Puede tener una opinión exagerada de sus habilidades personales.
No parece entender ni comprender qué efecto ejerce sobre el grupo de trabajo.
Es capaz de mentir con tal de encubrir alguna deficiencia.
Su frase favorita: “¿quién yo?”.
El gandul:
Aporta muy poco compromiso al trabajo.
Le falta ambición. Evita aquellas situaciones que le suponen un aumento de la responsabilidad.
Parece ser perezoso; disfruta de un día de trabajo con poco que hacer. Trabaja con lentitud. Se queja constantemente de tener demasiado que hacer, pero raras veces se le ve haciéndolo.
No realiza trabajo de alta calidad, lo hace apenas suficientemente bien como para salir del paso.
Su frase favorita: “¿cómo puede pedirme que haga eso?”.
El adulador:
Alaba a su jefe con frecuencia y efusividad.
No es posible que le transmita a su jefe malas noticias, por temor a perder su favor.
Se ríe de los chistes de su jefe, aunque no sean graciosos.
Nunca adelanta una opinión sin saber antes la de su jefe, con la que se muestra de acuerdo.
Le deja bien claro a su jefe que es el más inteligente, considerado y generoso del mundo.
No protesta por nada; cumple siempre con el programa.
Puede ser malicioso con sus compañeros, poniéndolos en evidencia con tal de ganarse el favor del jefe.
Su frase favorita: “Lo que usted diga jefe”.
El cortocircuito:
Pierde los estribos a la más ligera provocación.
Hace de los demás eviten tratar o incluso estar cerca de él, porque no saben qué provocará la siguiente explosión.
Puede tener un impacto negativo sobre la moral y la productividad de los demás.
Se comporta de un modo profesional con los colaboradores, clientes, empleados, etc.
A menudo es una persona sentenciosa que encuentra con facilidad cosas erróneas en los demás, un impaciente que debe salirse siempre con la suya, o un infeliz que quizá dé rienda suelta a sus frustraciones personales.
Es no afirmativo, incluso con sus subordinados.
Comprueba las cosas innecesariamente con el jefe, en busca de autorización para iniciar proyectos.
Evita las acciones de alto riesgo.
Habla poco en las reuniones. Cuando lo hace, lo que dice suena más como una pregunta que como una afirmación.
Califica, prologa y disculpa en exceso las ideas.
Tiene a restar importancia o negar la alabanza: “no, podría haberlo hecho mucho mejor”
Su frase preferida: “¿le parece bien que siga adelante con esto?”.
El quejica:
Se queja de sus compañeros; a menudo informa de sus fallos como razones para explicar los propios.
A menudo afirma que su jefe no le da suficiente tiempo o recursos para completar los proyectos.
Se preocupa a cuenta de lo que pueda salir mal, sin prestar la misma atención a las ganancias esperadas.
Se resiste al cambio. Es capaz de dar una docena de razones por las que una innovación no funcionará.
A menudo dice: “yo ya lo dije”.
Le encanta comunicar malas noticias.
Su frase favorita: “¿cómo puedo remontarme como un águila si tengo que trabajar con pavos?”.
El culpabilizador:
Achaca a los demás la culpa de los fallos personales.
Se niega a aceptar responsabilidad de un bajo rendimiento.
Es muy crítico con los demás, mucho más con ellos que consigo mismo.
Busca causas externas que expliquen las deficiencias de rendimiento, como la dificultad de la tarea asignada, la información inadecuada, la insuficiencia de recursos, etc.
Puede verse a sí mismo como una víctima del ambiente, sin capacidad para cambiarlo.
Su frase favorita: No es culpa mía.
El negador:
Se niega a reconocer que existe un problema en su rendimiento.
Es capaz de pelearse con un colaborador, y luego negar vehementemente que hubiera desacuerdo.
No es realista en cuanto a su capacidad para producir.
Puede tener una opinión exagerada de sus habilidades personales.
No parece entender ni comprender qué efecto ejerce sobre el grupo de trabajo.
Es capaz de mentir con tal de encubrir alguna deficiencia.
Su frase favorita: “¿quién yo?”.
El gandul:
Aporta muy poco compromiso al trabajo.
Le falta ambición. Evita aquellas situaciones que le suponen un aumento de la responsabilidad.
Parece ser perezoso; disfruta de un día de trabajo con poco que hacer. Trabaja con lentitud. Se queja constantemente de tener demasiado que hacer, pero raras veces se le ve haciéndolo.
No realiza trabajo de alta calidad, lo hace apenas suficientemente bien como para salir del paso.
Su frase favorita: “¿cómo puede pedirme que haga eso?”.
El adulador:
Alaba a su jefe con frecuencia y efusividad.
No es posible que le transmita a su jefe malas noticias, por temor a perder su favor.
Se ríe de los chistes de su jefe, aunque no sean graciosos.
Nunca adelanta una opinión sin saber antes la de su jefe, con la que se muestra de acuerdo.
Le deja bien claro a su jefe que es el más inteligente, considerado y generoso del mundo.
No protesta por nada; cumple siempre con el programa.
Puede ser malicioso con sus compañeros, poniéndolos en evidencia con tal de ganarse el favor del jefe.
Su frase favorita: “Lo que usted diga jefe”.
El cortocircuito:
Pierde los estribos a la más ligera provocación.
Hace de los demás eviten tratar o incluso estar cerca de él, porque no saben qué provocará la siguiente explosión.
Puede tener un impacto negativo sobre la moral y la productividad de los demás.
Se comporta de un modo profesional con los colaboradores, clientes, empleados, etc.
A menudo es una persona sentenciosa que encuentra con facilidad cosas erróneas en los demás, un impaciente que debe salirse siempre con la suya, o un infeliz que quizá dé rienda suelta a sus frustraciones personales.
(continuará)





