miércoles, 7 de enero de 2009

Subordinados I





Nos quedaba referenciar los subordinados, en el libro de Sam Deep y Lyle Sussman, "Motivar y convencer en los negocios", describen los diferentes tipos, que transcribo literalemente:
El inseguro:

Es no afirmativo, incluso con sus subordinados.
Comprueba las cosas innecesariamente con el jefe, en busca de autorización para iniciar proyectos.
Evita las acciones de alto riesgo.
Habla poco en las reuniones. Cuando lo hace, lo que dice suena más como una pregunta que como una afirmación.
Califica, prologa y disculpa en exceso las ideas.
Tiene a restar importancia o negar la alabanza: “no, podría haberlo hecho mucho mejor”
Su frase preferida: “¿le parece bien que siga adelante con esto?”.

El quejica:

Se queja de sus compañeros; a menudo informa de sus fallos como razones para explicar los propios.
A menudo afirma que su jefe no le da suficiente tiempo o recursos para completar los proyectos.
Se preocupa a cuenta de lo que pueda salir mal, sin prestar la misma atención a las ganancias esperadas.
Se resiste al cambio. Es capaz de dar una docena de razones por las que una innovación no funcionará.
A menudo dice: “yo ya lo dije”.
Le encanta comunicar malas noticias.
Su frase favorita: “¿cómo puedo remontarme como un águila si tengo que trabajar con pavos?”.

El culpabilizador:

Achaca a los demás la culpa de los fallos personales.
Se niega a aceptar responsabilidad de un bajo rendimiento.
Es muy crítico con los demás, mucho más con ellos que consigo mismo.
Busca causas externas que expliquen las deficiencias de rendimiento, como la dificultad de la tarea asignada, la información inadecuada, la insuficiencia de recursos, etc.
Puede verse a sí mismo como una víctima del ambiente, sin capacidad para cambiarlo.
Su frase favorita: No es culpa mía.

El negador:

Se niega a reconocer que existe un problema en su rendimiento.
Es capaz de pelearse con un colaborador, y luego negar vehementemente que hubiera desacuerdo.
No es realista en cuanto a su capacidad para producir.
Puede tener una opinión exagerada de sus habilidades personales.
No parece entender ni comprender qué efecto ejerce sobre el grupo de trabajo.
Es capaz de mentir con tal de encubrir alguna deficiencia.
Su frase favorita: “¿quién yo?”.

El gandul:

Aporta muy poco compromiso al trabajo.
Le falta ambición. Evita aquellas situaciones que le suponen un aumento de la responsabilidad.
Parece ser perezoso; disfruta de un día de trabajo con poco que hacer. Trabaja con lentitud. Se queja constantemente de tener demasiado que hacer, pero raras veces se le ve haciéndolo.
No realiza trabajo de alta calidad, lo hace apenas suficientemente bien como para salir del paso.
Su frase favorita: “¿cómo puede pedirme que haga eso?”.

El adulador:

Alaba a su jefe con frecuencia y efusividad.
No es posible que le transmita a su jefe malas noticias, por temor a perder su favor.
Se ríe de los chistes de su jefe, aunque no sean graciosos.
Nunca adelanta una opinión sin saber antes la de su jefe, con la que se muestra de acuerdo.
Le deja bien claro a su jefe que es el más inteligente, considerado y generoso del mundo.
No protesta por nada; cumple siempre con el programa.
Puede ser malicioso con sus compañeros, poniéndolos en evidencia con tal de ganarse el favor del jefe.
Su frase favorita: “Lo que usted diga jefe”.

El cortocircuito:

Pierde los estribos a la más ligera provocación.
Hace de los demás eviten tratar o incluso estar cerca de él, porque no saben qué provocará la siguiente explosión.
Puede tener un impacto negativo sobre la moral y la productividad de los demás.
Se comporta de un modo profesional con los colaboradores, clientes, empleados, etc.
A menudo es una persona sentenciosa que encuentra con facilidad cosas erróneas en los demás, un impaciente que debe salirse siempre con la suya, o un infeliz que quizá dé rienda suelta a sus frustraciones personales.
(continuará)

Carrera de obstáculos








Los días de fiesta continuados, cuando pasan, casi siempre invitan a la reflexión. Como si el cansancio nos hubiese invadido para serenarnos; como si estos momentos no habituales en nuestras vidas, nos trasladasen mensajes de recogimiento. Nada es tan importante en las personas, como tener tiempo de hacer balance y observar con detenimiento, que tipo de vida es la que llevamos, contrastando, al mismo tiempo, si es la que queremos.

Los proyectos no cumplidos reaparecen y también los aciertos y logros. No podemos cuantificar en números y por tanto, nos dificulta la evaluación global. Somos siempre mas solícitos para evidenciar lo pendiente, que para constatar los éxitos. Estamos mas predispuestos para adoptar la posición de critica interna y no sabemos reconocer con la misma intensidad el acierto en el desarrollo del día a día. No tenemos capacidad de ponderar de modo equilibrado, que hacemos lo que podemos y difícilmente podríamos estar obligados a mucho más; con demasiada frecuencia solemos exigirnos demasiado, cargándonos, de este modo, con frustraciones innecesarias.

Permanecer casi permanentemente en posición de insatisfacción, tiene la ventaja de mantenernos alerta, de situarnos en actitud proactiva; pero también lleva implícito el peligro de sumirnos en la desesperanza, si no sabemos medir adecuadamente el límite máximo de cada acción. Nada puede resultar tan poco gratificante, como estar continuamente exigiéndonos mucho mas... Es verdad que, solo las personas que no se duermen, alcanzan metas relevantes; pero situar las nuestras, cada vez mas lejanas, no nos ayudará a tener un final feliz.

Conseguir los objetivos fijados produce una gran satisfacción, pero desarrollar inmediatamente otros mas "elevados", incitados - en gran medida - por nuestro innato espíritu competitivo, no siempre es garantía de mejora, puede incluso ser la antesala de los contrario, con lo cual, acabará complicándonos la vida de modo estéril.

Plantear nuestro quehacer cotidiano en un "mas difícil todavía" es una forma de "instalar" la insatisfacción. Las exigencias impropias no son necesarias para vivir adecuadamente, quien permanentemente se desenvuelve al límite, acaba pagando caro su imprudencia. La realidad siempre termina imponiéndose. Las carreras de obstáculos son muy estimulantes, pero no están exentas de dificultad, el error de medida en la dimensión del salto, supone la derrota. Cuando planteamos nuestra vida al máximo de nuestras facultades, nos hacemos un flaco favor y no facilitamos nuestra felicidad; por mucha satisfacción que nos aporte superar retos, si estos son desmedidos e innecesarios, se convertirán en nuestro peor enemigo.

Vivir activo, también es, descansar plácidamente. La sensación serena del deber cumplido, es uno de los mejores antídotos contra los "males de la mente". Allegro ma non troppo...





lunes, 5 de enero de 2009

Regalos




Regalar algo, siempre es un proceso cargado de buena voluntad y concordia. Para quien lo entrega, porque ha pasado un tiempo pensando en la persona al que va dirigido, para acertar y/o sorprender sus gustos. Y para quien recibe, porque nada produce tanta satisfacción como constatar, que alguien se ha acordado de nosotros.

Pero como en todos los procesos, cuando la espontaneidad, se torna en obligación, las cosas cambian. Hacer un regalo, en cumplimiento de una costumbre establecida, lo trastoca todo; tener que comprar objetos, porque socialmente se ha abierto la "veda de regalar", supone en ocasiones, más que una satisfacción, una molestia. Ir de tiendas para dar cumplimiento a la norma no escrita, buscando algo, sin tener clara idea de como y donde encontrarlo, convierte la acción en un "hacer", poco relacionado con lo descrito anteriormente; lo que era un placer, puede acabar siendo un trabajo tedioso y cargado de absurdos.

La cumplimentación de esta práctica tan indeterminada y llena de alternativas dispares, despierta una nueva inquietud para el comprador, esperando espectante hasta identificar con la entrega, si se ha tenido éxito. Cuando dejamos a un lado nuestra intuición y damos entrada a los consejos publicitarios para agasajar a alguien, embargamos con esa acción, parte de nuestros sentimientos y nos dejamos sustituir de una forma muy estéril. Cambiamos efectividad por sinceridad, en definitiva somos menos naturales.

Un acto voluntario siempre resulta gratificante, pero cualquier acción incitada por las imposiciones sociales, tal como si fuera un ritual, produce aburrimiento y no ayuda a estrechar las relaciones con los demás.

La distinción de la marca o el coste, tampoco son suficiente aval; porque lo importante no es el precio sino el valor y este último contiene mas atributos que el dinero. La distinción que otorgan los objetos, es efímera y como tal tienen muy poco valor. A fuerza de regalarnos cosas, pensamos que nos conoceremos mejor y viviremos mas cerca los unos de los otros, sin percatarnos, que es precisamente esta sociedad basada en el consumo desproporcionado, la que nos está colocando en una situación casi de incomunicación.

Los objetos comprados con esa falta de interés real, acaban siendo abandonados y fuera de uso, porque nacieron de forma anómala y no despiertan sentimiento alguno.



Foto cedida por Nuria: http://nuria-vagalume.blogspot.com




domingo, 4 de enero de 2009

Compañeros y colaboradores II






Siguiendo de nuevo el libro de Sam Deep y Lyle Sussman, "Motivar y convencer en los negocios", describen también los tipos de colaboradores o compañeros en el trabajo. De acuerdo con la sugerencia hecha en un comentario anterior, resumo para vosotros la segunda parte, a saber:


El pobre diablo.

Es visto por los demás como una figura patética debido a su aspecto, su falta de higiene o alguna otra inadecuación social o incapacidad para el aprendizaje.
Puede no ser consciente del bajo grado de estima en que lo consideran los empleados, compañeros y superiores.
Es objeto de crueles bromas y novatadas en las que participan muchas personas.
Tiene buenas intenciones y es bonachón pero, simplemente, no parece dar en el clavo.
Su frase favorita: “A veces creo que la gente se ríe de mí”.

El creador de imperio.

Se preocupa mucho más por el bienestar de su departamento que por el bien de la organización.
Trata de elevar al máximo los resultados de su departamento, sin preocuparse por el efecto que eso pueda tener para otros departamentos.
Le preocupa más lo que la organización pueda hacer por él que viceversa.
Lucha por conseguir los máximos recursos para su departamento, sin preocuparle lo que pueda costarle a la organización.
Puede reclamar el mérito por algo que ha logrado el departamento de usted.
Desarrolla propuestas para la alta dirección tendentes a aumentar el tamaño de su departamento o su propio ámbito de control.
Da la bienvenida a un aumento de la responsabilidad que tenga como consecuencia un incremento de protagonismo y, en último término, un aumento de su importancia.
Su frase favorita: “No hay duda de qué departamento merece el grueso de la asignación”.

El sarcástico.

Ironiza sobre sus puntos más sensibles, a mentido bajo el disfraz de una bonachona tomadura de pelo o de un consejo supuestamente útil.
Revela las vulnerabilidades de usted delante de los demás.
Adopta con usted una actitud protectora, y puede llegar a tratarle como si fuera un niño.
Puede emplear el sarcasmo al mismo tiempo que expresa preocupación por usted o por otra persona.
Le resulta fácil pedir disculpas, y es rápido en hacerlo así. Desgraciadamente considera que sus disculpas dan por cancelado el asunto, por lo que puede volver a emplear el sarcasmo con usted.
Suele emplear novatadas y bromas pesadas.
Es capaz de criticar a la gente a sus espaldas.
Su frase favorita: “Espero que no se tome esto como algo personal”.

El sabelotodo.

Ofrece información y consejo a cada oportunidad que se le presenta, independientemente de que usted lo pida o no, lo desee, o lo necesite.
Habla con un tono de certidumbre y autoridad, incluso sobre temas que estén al margen de su ámbito de experiencia o de sus responsabilidades.
Dice o implica “ya se lo dije” si sufre usted un revés después de no haber seguido su consejo.
Se las arregla para estar presente en todas las noticias o proyectos importantes.
Tiene una visión exagerada de su propia importancia para la empresa y para el grupo de trabajo.
Su frase favorita: “Permítame decirle cómo hacerlo”.




sábado, 3 de enero de 2009

Compañeros y colaboradores I


Siguiendo de nuevo el libro de Sam Deep y Lyle Sussman, "Motivar y convencer en los negocios", describen también los tipos de colaboradores o compañeros en el trabajo. Siguiendo la sugerencia de un comentario anterior, los resumo para vosotros, a saber:


El peso muerto.

Se siente especialmente preocupado por su propia carrera.
No soporta una parte justa de la carga de trabajo, sale del paso haciendo lo menos posible, y transfiere responsabilidades a usted y a otros compañeros.
Es poco fiable; casi nunca cumple las promesas de ayudarle o cooperar con usted.
No se puede confiar en que cubra el hueco cuando no está usted, o que le apoye cuando se encuentra usted bajo presión.
No es jugador de equipo. Cuando termina con su trabajo, no mira a su alrededor para ver quien necesita ayuda.
Crea un grave problema de moral entre los que trabajan duro.
Se queja a menudo de tener demasiado que hacer, lo que suele ser verdad, porque el peso muerto no se ha mostrado a la altura de las responsabilidades.
Acumula retraso en el trabajo y luego puede pedirle ayuda “por el bien de la oficina”.
Aprovecha todos los días de enfermedad, sobre todo los lunes y los viernes.
Convierte la hora de comida en 65 minutos, no lo suficiente para despertar las iras del jefe.
Aprovecha las oportunidades de “asuntos oficiales” fuera de la oficina para atender asuntos personales y para escapar de otro modo del trabajo.
Su frase favorita: “¿puedes volver a echarme una mano esta tarde?”.

El difusor de chismes.

Difunde chismes relativos a otras personas en la oficina.
Es mucho más probable que transmita información capaz de hacer daño, antes que positiva.
Le encanta traer malas noticias, sobre todo acerca de las opiniones negativas que otros pueden tener de usted. Lo hace disfrazándolo de un intento por ayudarle.
Le encanta conseguir información privada sobre otras personas. Utiliza esta información para ponerlas en evidencia.
Es el radio macuto de la oficina, el primero en conocer y transmitir cualquier clase de información, una buena parte de la cual se encarga de distorsionar.
Le jura que guardara el secreto…, y hace lo mismo con otras veinte personas.
Su frase favorita es: “Espera a escuchar esto…”

El sanguijuela.

Ocupa una parte del tiempo del que usted dispone hablándole por teléfono, en su despacho o de cualquier otra forma.
Puede hacerle pasar una hora del día hablándole de problemas personales, del jefe, de los deportes, ropas o cualquier otro tema tópico no relacionado con las prioridades actuales que usted tiene planteadas.
A menudo acude a verlo con excusas falsas (sus prioridades) y acaba por ponerse a hablar de cosas intrascendentes durante los últimos años.
Puede ser el típico buscador de consejos que raras veces escucha sus sugerencias, o cuya necesidad de consejo supera con creces sus disponibilidades de tiempo o su capacidad.
Disminuye la eficacia del trabajo que usted desarrolla al despilfarrar su tiempo y energía.
El sanguijuela priva a la organización de un recurso muy valioso: usted.
Suele ignorar las señales que usted le dirige para que abandone su despacho.
Su frase favorita: “No está usted ocupado, ¿verdad?”.

El traicionero.

Se apropia de méritos que le corresponden a usted.
Susurra tonterías maliciosas sobre usted a oídos de su jefe.
Le dice una cosa a la cara y hace a opuesta a sus espaldas.
Busca formas de socavar su influencia y credibilidad con los empleados y clientes.
Promueve su propia carrera a expensas de usted.
Puede sabotear su trabajo.
Puede difundir feos rumores sobre usted.
Su frase favorita: “Le haré al jefe un buen comentario sobre usted”.

El amigo preocupado.

Muestra una disminución del rendimiento debida a problemas en cualquiera o todos los ámbitos siguientes: matrimonio, hijos, salud, etc.
No admite que el problema personal le está afectando a su trabajo. Cree que el asunto no le incumbe a nadie, y no reconoce que la disminución de la productividad es preocupación de todos.
No se da cuenta del gran efecto que está teniendo sobre los demás, especialmente sobre los amigos que se preocupan.
Su frase favorita: “Mi vida personal no es asunto de esta empresa”.




viernes, 2 de enero de 2009

Propósito y enmienda


Tiempo de propósito y enmienda. Siempre que comienza un año, como si de un salto al vacío se tratase, hacemos nuestro recuento y previsión para el que comienza. Generalmente volvemos a sacar del "baúl" todos los asuntos pendientes, todos los deseos no cumplidos y todos los proyectos aplazados. Con toda rapidez, nos preparamos para mentalizarnos, que éste es el año de... y aparece una lista interminable de temas.

Variar el último dígito del número representativo del año, no cambia nada, todo sigue siendo lo mismo, no se produce ningún movimiento especial. Conviene no ser muy exigentes, lo que no hemos conseguido en el año que se cierra, por pasar de un 8 a un 9 no vamos a ponerle mas empeño, si no hemos podido darle carpetazo, no es muy factible que lo hagamos, ya y ahora. Pero como la publicidad hace tanto, nos deseamos de todo, detrás de la nariz de cartón y soplando con el "matasuegras", con la euforia del momento acabamos creyendo y nos convencemos, que ha llegado nuestro año.

No es necesario ser muy inteligente, para comprender con toda facilidad, que las cosas no se logran con buenos propósitos, se consiguen con voluntad de cambio y ese empeño se puede tener sin necesidad de que sea 31 de diciembre. Lo importante es empezar y no posponer. Las cosas que no hemos conseguido, no se resolverán solas, por mucho que nos abracemos y nos felicitemos. Casi parece mas una huida hacia adelante, que un verdadero deseo de zanjar.

Cuando las cosas que tenemos pendientes de resolver y las vamos demorando, se tornan mas complicadas y difíciles, se convierten en montañas y nos parecen mas insuperables. No porque les pongamos plazo, van ha tornarse fáciles. Bien está que nos programemos, planteando las cuestiones unas detrás de otras, para concentrar nuestros esfuerzos y aplicarlos a lo que hemos determinado como mas urgente; pero de ahí a esperar un fin de año, para dar comienzo a nuestras acciones resolutorias, hay un abismo.

Me suena mucho a los presupuestos de venta de las empresas, lo que no se ha conseguido en el ejercicio, que se cierra; con una gran dosis de voluntarismo, aparece como muy probables, cuando se consolidan las cifras del siguiente. Si se observan de modo realista y sin apasionamiento, parecen inviables; pero como se acompañan de un gran protocolo de medidas a tomar, acaban siendo un objetivo; que ya nace, a todas luces, irrealizable.

Bien están los buenos propósitos, mejor aún, la definición de proyectos para coordinar adecuadamente nuestra vida, de acuerdo con la experiencia de nuestros errores, pero en ningún caso quiere decir, que nos los planteemos exentos de realismo, de modo que nos fijemos objetivos no mesurados, que lo único, que acabarán produciéndonos es frustración, por no alcanzarlos.

Proactivos sí, pero a tumba abierta no. Entrar en el túnel del proyecto, siempre, pero viendo la salida, con claridad, aunque esté lejana.
Foto cedida por Nuria: http://nuria-vagalume.blogspot.com

jueves, 1 de enero de 2009

Aniversario




Buen comienzo de año, ya hemos llegado a las 5000 entradas; bueno pues digo lo de siempre, este blog solo se justifica por vuestra presencia, sin ella sería un trabajo valdío.

Nada mejor para 2009, me anima o continuar. Mis mejores deseos para todos. Un fuerte abrazo.


Creo que como colofón vale la pena recordar, La Ley de Nevers sobre el debate, recogida en Las Leyes de Murphy: "Dos monólogos no hacen un diálogo".

Os espero siempre....
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...